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jueves, 12 de marzo de 2020

La música de la conciencia (Diario de León)


La música de la conciencia
Diario de León
MIGUEL ÁNGEL CORDERO, PROFESOR12/03/20
«La vida, sin música, es un error», concluye Nietzsche en su visión musical del mundo, en su afirmación gozosamente dolorosa de la vida. Contra Schopenhauer, la alegría musical descubre la vida como alegría «porque sí», independientemente de cualquier objeción racional o experiencia negativa de la misma. La música da fe de la vida.
El arte de las musas (mousa) es arte del recuerdo. Mnemosyne, mujer de Zeus, simboliza el mítico poder del recuerdo, en lucha permanente contra el velo del olvido (léthe). Mnéme y léthe, en conflicto dramático, conducen a alétheia, o la verdad por desvelación: la música mantiene el esfuerzo por no caer en el deterioro de un mundo sumido en la niebla del olvido. Insignificante.
De entre las musas, Euterpe u Urania suelen simbolizar respectivamente la música instrumental , y la investigación matemática (máthema), pero todas las musas son música, como saberes del recuerdo de las raíces primordiales del cosmos, reflejadas en el alma, según la visión de Pitágoras y de Platón (nada que ver con la olvidadiza «música de sirenas», pasional y seductora).
Música y Matemática comparten el bello origen de un cosmos fruto del caos originario. Lo cerrado y lo abierto. Apolo y Dionisos, según Nietzsche, o, simplemente, las dos caras de Apolo, la del arco que mata y la de la lira que canta. No podría entenderse la vida sin la muerte. La armonía griega no es la pura placidez del orden aparente sino la tensión que hace posible el equilibrio inestable. La disonancia formaba parte, antes de su irrupción moderna, de la antigua belleza.
De ahí las llamadas por J. Hersch contradicciones de la música: que es deseo y plenitud, carencia y riqueza (como el eros platónico), tiempo medido de compases y, sin embargo, negación de la mera sucesión de notas, que, por contra, buscan una relación solidaria entre sí como duración unitaria dotada de sentido. Esa «miniatura de eternidad».
Ritmo biológico, pulsación de vida y aun de la cultura. Y frase melódica que el análisis no puede fragmentar. Armonía de ritmos y de líneas melódicas tramadas en acordes. Todo ello pivotando en la tónica que abre un mundo significativo. La música es el diafragma de la conciencia, que abre y cierra tristezas como alegrías y sensaciones como ideas. Inspiración y orden. Dice Ernest Ansermet: «La música no nació de los sonidos ni de los instrumentos sino de la conciencia musical que encontró la música en los sonidos y los instrumentos».
Dice Ernest Ansermet: "La música no nació de los sonidos ni de los instrumentos sino de la conciencia musical que encontró la música en los sonidos y los instrumentos"
Música incluso a nivel subatómico: sabemos que la «partícula» es tan sólo pulsación cuántica, vibración durativa, «melodía» vacilante, tendencialmente definible, pero inimaginable, salvo, acaso, en el simbólico lenguaje de la música.
El libro de Julio Ferreras Música, Conciencia y Vida (La música, un poder de transformación interior), de reciente aparición, pone el acento en la influencia decisiva de la música en el desarrollo emocional, intelectual y espiritual del ser humano, y se propone aproximar la música a quienes no se han familiarizado con ella, pensando especialmente en los jóvenes, e invitando a escucharla en el fondo de su propia conciencia. La música nos descubre nuestro propio misterio con mayor sutileza y alegría que cualquier otro arte o ciencia. Por momentos, llegamos a ser lo que somos. Éramos ya músicos.
Dividido en tres partes, cada una de las cuales se subdivide en siete capítulos, como los siete principios del Kybalion frecuentemente mencionados en el texto, que sugieren la estrecha conexión entre el orden musical y el ritmo cósmico, la primera, con el título del libro, se ocupa del lenguaje musical y su relación con otros lenguajes, de acuerdo con su capacidad perceptiva y afectiva de la riqueza de la vida. La segunda, titulada La música en la historia y el tiempo, aborda la evolución técnica y estética de sus grandes momentos, deteniéndose en uno de los más relevantes, como es el del contraste barroco entre el recogimiento de Bach y el esplendor de Händel. O también en el problemático significado de la música atonal contemporánea, lo cual plantea el estudio de la importancia del sentido en la música. Es de apreciar igualmente el estudio de la respectiva misión del creador, del intérprete (incluido su virtuosismo), y del crítico. Por último, la tercera, La música y la educación, considera dicho arte desde el lado del que escucha, valorando su enorme importancia en el desarrollo armónico de la personalidad (el autor conoce bien, por oficio, los dos ámbitos).
Es muy nutrido el número de citas de autores de las más diversas procedencias, con la generosa presencia de la música en todas ellas: las ciencias físicas y biológicas, las artes (incluidas las literarias), la psicología —especialmente la profunda—, la filosofía y, claro está, la musicología y aun las aportaciones de la interpretación musical.
Considero que el autor viene a colmar un vacío con su amplia presentación del mundo musical y su central importancia en la vida y en la educación. Sería muy deseable que pudiera ampliar su investigación, en otra ocasión, al estudio paralelo de la vivencia del tiempo histórico propia de cada corriente musical. Es indudable el enorme esfuerzo que ha supuesto esta entrañable invitación a entrar en un camino tan apasionante como insuficientemente atendido aún en nuestro entorno.


lunes, 2 de marzo de 2020

"Música, conciencia y vida" Julio Ferreras


"Música, conciencia y vida" 
(la música, un poder de transformación interior)

La contribución de Julio Ferreras con su libro “Música, Conciencia y Vida” es esencial, en una época que se deleita con olvidar lo importante y recordar lo secundario. La esclarecedora obra de Ferreras, de un modo directo, comprensible y profundo, nos conduce a recordar, visitando escritos y declaraciones, que los mayores genios, sabios e intelectuales de todos los tiempos habían concebido y atribuido a la música un significado extraordinario, no solo potenciador, sino transformador de las emociones y del pensar, así como iluminador del espíritu y verdadero sanador por medio del sonido. Este precioso libro, necesario hoy para todos los amantes de la música, del humanismo, de la psicología y de la educación futura, logra y cumple un cometido de gran importancia: dar una voz audible para que todos aquellos que leen, también intuyan, piensen, sientan y revivan interiormente aquella curiosidad y estupor de niños, que el mundo actual les ha quitado con esa permanente celebración del más burdo pragmatismo materialista (Daniel Levy, tomado del “Prólogo”).      


Julio Ferreras, desde su conocimiento y pasión por la música, ha escrito un libro en torno a la vida del espíritu, a través de la vía de la música, como expresión humana de belleza, en una honda vinculación de ética y estética que le dan sentido pleno. Nos encontramos ante una obra creada con plena conciencia y conocimiento, armoniosamente estructurada, así como muy bien escrita, con erudición y, al tiempo, con elegancia. Tiene, además, la rara virtud, –debida, sin duda, a la dilatada sabiduría de su autor– de convertir en divulgación todo el ámbito de lo técnico en el terreno de la música, lo cual es un gesto de cortesía del autor hacia los lectores profanos en la materia. El autor recorre –si se nos permite utilizar una expresión del argot musical– todas las escalas de la materia, que van desde lo psíquico (toda esa fascinante primera parte en torno a la música y los sentimientos, el amor, la personalidad...), pasando por lo histórico y derivando incluso en lo pedagógico, campo en el que Julio Ferreras posee experiencia autorizada y sobrada, y en torno a lo que realiza propuestas de un gran interés. Aspira el autor –y lo consigue– a mostrarnos el ámbito de la música desde perspectivas abarcadoras; de ahí la interconexión, a lo largo de la obra, de disciplinas tanto de las ciencias humanas, como de las llamadas exactas –algo que Julio Ferreras ya había realizado en una obra anterior–, con el fin de proporcionarnos un enfoque globalizador de lo que es el conocimiento, la creación y la experiencia humana en torno a la música. Sí, la música es una de las más altas creaciones del ser humano en la tierra. Si nos sigue siendo decisiva –y es lo que Julio Ferreras nos muestra en esta fascinante obra– es porque surge de nuestro existir y a él está destinada. Nos amansa y nos sosiega, nos ilumina de inmensidad, como dijera G. Leopardi sobre la poesía, tan vinculada con la música. (José Luis Puerto, escritor, poeta, etnógrafo, catedrático de Lengua y Literatura, Premio Castilla y León de las Letras 2018)





Una vida para el piano, Daniel Levy


Una vida para el piano, Daniel Levy (Revista “RITMO”, marzo 2020)

Tras un solo minuto de conversación, uno no tarda en reconocer a un señor tras el interlocutor. Daniel Levy habla pausado pero claro, con timbre baritonal, de su emisión fluye un vocabulario florido y exuberante, pero nunca pomposo, fruto de su esmerada educación bonaerense. El afamado pianista, afincado desde hace escaso tiempo en España, alaba el buen tiempo para una estación tan fría como el invierno, mientras se detecta todo el bagaje cultural que atesora un músico que ha grabado multitud de discos, todos en vivo…, ya que, como el maestro afirma, “siempre es en vivo, aunque no haya público en el estudio de grabación”. Entre estos discos destacan dos como solista, dirigidos por Dietrich Fischer-Dieskau, nada menos que con la Philharmonia Orchestra, en el Primer Concierto de Brahms y dos obras concertantes de Schumann, el Concierto Op. 54 y la Introducción y Allegro Appassionato Op. 92. Pero Daniel Levy ha sido también un trabajador incansable, escritor y pedagogo, sin olvidar sus grabaciones para piano solo (especialmente en Edelweiss Emission) y sus continuos conciertos, bien a solo, con orquesta o haciendo música de cámara, “que es donde descubro que su naturaleza es para establecer relaciones”. A la respuesta sobre hallar la inspiración, surge como un leitmotiv sus palabras “a la inspiración se la halla en el silencio de la mente y en las maravillas de la naturaleza, que ha sido fuente de las más excelsas obras de arte”. En su búsqueda de la belleza hay mucha espiritualidad y de ella ha hecho quasi una filosofía de vida, de una vida que no entiende sin el blanco y negro del piano siempre a su lado, ese piano de sus imprescindibles Bach, Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert, Mendelssohn, Schumann, Chopin, Liszt, Brahms, Grieg, Franck, Debussy o Scriabin.

Maestro, tras una importante carrera internacional de conciertos y discos, recala en cierto modo en nuestro país… ¿Qué le une a España? ¿Qué finalidad tiene su estancia en nuestro país?
España ha estado siempre viva en mi familia, a través de mis abuelos maternos, evocando en mí variados aspectos, ya desde pequeño de la gran literatura y poesía que me apasionaba escuchar y, más tarde, al tener la experiencia de afrontarla como materia predilecta de mis estudios juveniles. Su rica música me acompañó gracias a esta familia, sea en su aspecto popular y posteriormente en la riqueza de Albéniz, Granados y Manuel de Falla, algunas de cuyas obras pianísticas estudié en mis años de formación. Por lo que me une una profunda simpatía, en su sentido más profundo, y admiración por sus grandes artistas y pensadores, tan múltiples como multifacéticos. Creo que un sinfín de circunstancias de la vida, además de constantes y frecuentes estadías durante mis viajes y giras, me condujeron a elegir este hermoso país para vivir en él y desarrollar aquello que siento como importante y esencial en la Música como en la Educación y Filosofía. Diría que más que una finalidad, basada en proyecciones o ideas, se trata de un espacio apto, que me aparece fértil para llevar a cabo mi posible aporte y existencia. De algún modo, es un regreso a mis orígenes.
¿Qué le lleva a dedicarse en cuerpo y alma a una nueva obra, a estudiarla?
Verdaderamente se genera primero una consonancia, que no aparece porque haya planeado estudiar esa nueva obra. Una forma de atracción magnética, que distingue entre aquello que deseo escuchar y lo que afronto para hacerla mía de algún modo. A veces aparecen sin ser buscadas obras que no habría pensado antes de trabajar. También hay muchas otras, en el vastísimo repertorio pianístico, que son las que ensanchan los horizontes y elevan, al punto de ser como hitos que un artista debe atravesar. Cuando llega el momento de estudiar, lo misterioso es cómo ir penetrando en lo que el compositor dejó en signos y, más allá de ellos, entre las líneas. Creo firmemente que las que llamamos obras, son seres vivos y orgánicos, y se nos manifiestan en formas impensadas. En síntesis, para dedicar el alma y cuerpo debe existir, en mi caso, una fascinación, que vaya más allá de una mera curiosidad.
Dentro del vasto repertorio del que habla, ¿qué o quiénes forman parte sí o sí de su repertorio, y qué otros los ha desechado?
Esta es una pregunta muy interesante. No puedo estimar en el repertorio categorías ligadas a prioridades de unos compositores sobre otros, y pormenorizando con selecciones entre sus propias obras, dado el caudal inmenso existente para piano. Aclaro esto, porque además del repertorio como solista, soy un apasionado de la música de cámara y del Lied, lo que hace estas elecciones y afinidades mucho más amplias. Pero nada me deja indiferente, y de ahí que Bach, Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert, Mendelssohn, Schumann, Chopin, Liszt, Brahms, Grieg, Franck, Debussy y Scriabin estén entre los infaltables, también Rachmaninov; y en diversa medida otros como Guastavino, Granados, Falla y Albéniz. Me encanta Dvorák, aún siendo su obra para piano relativamente escasa; y Gabriel Fauré me parece muy profundo. En cuanto a lo desechado, puedo decir que no se trata de dejar de lado, sino que hay muchas obras que prefiero escucharlas por otros músicos, como por ejemplo las de Prokofiev o Bartók. No hay suficiente tiempo para todo lo maravilloso del repertorio y siempre es necesario tener el discernimiento de decidir cuáles son las obras que acompañan el propio camino. Por otra parte, el músico debe ciertamente conocer y abordar estilos y lenguajes dispares, pero no es obligatorio que deba abarcar todo lo escrito. No habría modo de profundizar nada si así fuese.
Ha hablado del Lied y de “decidir cuáles son las obras que acompañan el propio camino”, cito textualmente. Esto nos lleva directamente al Winterreise
Así lo siento, el Viaje de Invierno es una especie de ápice, una búsqueda filosófica de Schubert, de su propia vida y de un trayecto casi iniciático. Busca el sentido de la vida, y al mismo tiempo un objetivo que termina en el silencio. Lo siento como toda la travesía de un ser humano hasta llegar a una especie de realización, que a mi entender, como he dicho, termina en el silencio.

¿Cómo ve Daniel Levy todo este tipo de obras finales, tipoWinterreise, las últimas Sonatas de Beethoven o las piezas finales de Brahms, cuando usted se está acercando a una etapa vital similar?
Salvo en el caso de Schubert, claro, que compuso el Winterreise a final de su joven vida. Estas obras “últimas” para mí me merecen tal respeto, que a veces pienso que no deberían hacerse en concierto. Son obras para la intimidad, para uno mismo. Reflejan un mundo tan íntimo, que quizá no se deberían tocar en público. De hecho, no sabemos si a Beethoven le hubiera gustado.

Finales y enigmáticas…
Cierto, son todas obras impregnadas de misterio. Otra obra que se adapta a este enigmático periodo final de muchos creadores, es El Arte de la Fugade Bach, compuesta además para una sociedad pitagórica y para tal, tiene su propia simbología y relación numérica, lo que la traslada a un nivel de pensamiento superior, quizá único en la historia del arte. Como sabe, no pudo completarla, está supuestamente inacabada, y hasta este aspecto le aporta su naturaleza enigmática por encima de cualquier otra obra. Su significado, por decirlo de alguna manera, aún no ha sido resuelto.
Qué tiene el piano para el pianista que lo distingue de otros instrumentistas, ¿quizá su capacidad de abarcarlo todo, de tocar en instrumentos siempre distintos?
Me siento muy identificado con lo que Liszt dice de forma tan clara sobre lo que es el piano; para él, el piano era “como el caballo para el árabe”. He encontrado que es el amigo más fiel, una maravillosa extensión de las propias emociones, pensamientos e intuiciones. Alguien en quien confiar los propios anhelos e ideales, y claramente un ser vivo. No siempre me agrada notar lo que lo distingue de otros instrumentos, que es esa idiosincrasia del solista que, porque abarca todos los registros, cree equivocadamente que puede aislarse y aparecer como uno que se basta a sí mismo para hacer música. En vez de esto, me fascina hasta lo más profundo cuando puede asumir el color noble de un violonchelo, o el timbre de un clarinete y cuando parece una voz junto a otra humana. Allí es donde descubro que su naturaleza es para establecer relaciones. El hecho de hallar pianos distintos en cada sala, cuando no es posible llevar el propio, ese en donde se ha trabajado y buscado consagrando el tiempo, es parte de un entrenamiento psicológico y también atlético, donde es posible encontrarse con sorpresas. Quizás este sea el aspecto menos gratificante, de acuerdo a cómo hayan sido cuidados los instrumentos en las salas. De todos modos, cada uno tiene una voz distinta y es necesario ser flexibles para hacerla propia en pocas horas. En pocas palabras, prefiero lo que lo une a la música más que lo que lo distingue de maravillosos instrumentos de otra índole.

¿Hasta qué punto condiciona a un intérprete los estados de ánimo, la vida y sus hechos, sus varapalos?
La palabra intérprete, que es la que más comúnmente se usa para los músicos que tocan composiciones no propias, es el primer condicionante. No es ni debe ser un pobre traductor, o un mero ejecutor de todas las notas e indicaciones escritas, pero sí debiera convertirse en lo posible en un intermediario entre la intención del compositor y su forma audible, que es cuando la música suena, primero venida del silencio. Y el intermediario es siempre susceptible a los propios estados de ánimo, hechos de la vida, contextos y situaciones locales o planetarias, desde el momento que es un ser humano que participa de la vida global. Pero creo que estos condicionamientos deben poder ser experiencias que hacen comprender lo que los creadores vivieron, sintieron e intuyeron. De ese modo lo que vibra en la música es algo que procede de la experiencia, y esto se traslada al sonido, al respiro y a la emoción. De otro modo, asistiríamos a modalidades robóticas que pueden repetir lo que leen sin entenderlo absolutamente. Cuando se entra en el reino de la música, a su vez, hay como una trascendencia, que hace que todo lo pasajero tenga su lugar, pero también que lo universal y atemporal de obras que tienen siglos, puedan tener hoy una escucha que nos conmueve más allá de la época en que vivimos.
¿Nos puede relatar alguna experiencia vivida de manera inolvidable en alguno de sus conciertos?
He tenido varias experiencias en concierto, que son inolvidables por razones muy distintas, principalmente por estados psicológicos a los que la música me conducía, pero se trata de hechos que son atribuibles a mí mismo, en relación a una orquesta o a la sala especial. Esta vez, en el caso que cito, hay un componente que para mí representa un signo claro, un ejemplo de lo que puede obrar y transformar la música en quienes escuchan. Para mí se ha hecho habitual, hace años, el realizar los que llamo “Conciertos Diálogo”, en donde busco poner al público en sintonía con los pensamientos e intuiciones declarados por los compositores, a través de la palabra y sus obras, generándose de este modo una atmósfera de intimidad y de relación individual con cada oyente, algo que considero superador de la forma tradicional del concierto.
Como una guía para el oyente…
Cierto, es como una guía, es como poner al escuchante en una situación más cercana a la interpretación inmediata, prepararles para que no teman lo que van a escuchar. No son lecciones de musicología, sino un modo de indagar en el espacio interior del creador, con sus sentimientos expresados antes o después de componer, en su inspiración y en su vida como consecuencia. Así, en uno de estos conciertos, vino un joven que nunca había escuchado música clásica, traído por su madre para acompañarla. Por lo que escuchó, por lo que dije y por lo que interpreté de músicas que no eran en absoluto fáciles, como los Intermezzi y las Baladas de Brahms, que no son precisamente las que se suelen escuchar para introducirse al repertorio, al terminar se acercó fuertemente conmovido e impactado por la experiencia vivida, manifestándome que desde ese momento en adelante dedicaría su tiempo a escuchar música clásica y a conocer la vida de los grandes genios creadores, porque en un instante había descubierto un mundo nuevo, importante y fascinante. Allí pude notar con más claridad y estupor, la inmensa necesidad que es el contacto y la cercanía que hace ver que hubo jóvenes que podían dar al mundo obras maestras, y que muchos otros jóvenes, aparentemente lejanos a ese mundo, podían descubrir el bien que trae esa escucha a la vida. La considero una experiencia inolvidable, que se ha ido multiplicando en el modo de acercar a otros a obras de gran envergadura, que pueden ser apreciadas como puertas a un paisaje desconocido, por jóvenes que han solo oído rock, pop y otras. Sin duda, algo magnífico que se conecta con una verdadera educación musical para hacer crecer nuevos amantes de la música.

Esta necesidad de explicar la música le ha llevado también a la publicación de varios libros…
Cierto, para la Accademia Internazionale di Eufonia (Locarno, Suiza) he publicado Eufonía, El Sonido de la Vida, sobre los efectos del sonido sobre el ser humano; Pitágoras y la Eufonía, que revela la íntima relación entre Pitágoras y la Eufonía como una realidad aplicable a las relaciones humanas; Ecos del Viento, viaje interior hacia la experiencia de la esencia del Sonido; y Belleza Eterna, relatos, máximas y reflexiones sobre los arquetipos de Belleza.

¿Diría que el siglo XIX y el Romanticismo, como Schumann, son los pilares de su repertorio?
Realmente mi pilar fundamental es Bach, de donde todo lo que le ha seguido deriva. Todo lo que escuchamos tiene en Bach, para la música clásica occidental de los últimos 300 años, a su fuente, sin excepción alguna. También Mozart, Beethoven y Schubert lo son, en cuanto a cauces enormes. El Romanticismo supo entender esta fuente inagotable, y Schumann entre ellos representa para mí a quien ha sabido dar lenguaje a lo íntimo y profundo, dicho al oído. Es un punto de inflexión en la música del siglo XIX, y tiene en su imaginación e intuiciones una magia que emana estados del alma humana como pocos otros. En mi repertorio, considero a Scriabin un punto focal que, a mi entender, es el verdadero precursor de los cambios en la música del siglo XX, y que el mismo Stravinsky no lograba identificar de donde había surgido y cómo sería seguido en su inspiración. 
Pero usted tendrá sus días de Eusebius y días de Florestan…
Unos días de Eusebius y otros de Florestan, pero a veces debo invocar a Maestro Raro, que era el unificador y sintetizador del justo equilibrio entre estas tendencias del ánimo.
Y Bach… Sus Variaciones Goldberg, Partitas, Clave bien temperado
El Clave Bien Temperado está para templar el alma. Grabé ya hace un tiempo el Libro I, registrado en la maravillosa acústica de una sala barroca en Austria que me brindó una paz consonante con esa música excelsa. El Arte de la Fuga es seguramente la obra más misteriosa de Bach y siempre la trabajo como unificadora de todas las voces. Las Partitas son obras portentosas y he tenido el privilegio de estudiarlas con Maria Tipo en Florencia. Debo en gran parte a ella la afinidad con Bach por la seria devoción que transmitía enseñando, de la cual he hecho tesoro cada vez que me dispongo frente a estas obras monumentales. Las Variaciones Goldberg las visito y me esperan para integrarse a mi repertorio. Las grandes y vívidas versiones insuperables, como las de Rosalynd Tureck y de Peter Serkin, son arquetipos de sencillez y elocuencia.

De una interpretación, ¿cuánto debe el resultado final a la inspiración y al trabajo?
Como decía Brahms cuando le preguntaron acerca de su inspiración, decía que el sudor y el trabajo eran una base sólida sobre la que la inspiración podía posarse. En mi experiencia, el trabajo exterior e interior sobre una obra, conduce a tener atisbos acerca de la inspiración que la hizo ser creada. También este es un término que ha perdido su sentido y que se aplica a cualquier pequeña cosa, mientras que en la creación artística y ciencias se debe a algo que poseemos pero no frecuentamos, una especie de pisos superiores donde nuestro ascensor vital y nosotros mismos preferimos no visitar. Cuando lo hacemos, la sorpresa es grande, porque concienciamos de poseer un tesoro inaudito que debe todavía abrirse. 
Y hablando de inspiración, ¿se encuentra fácilmente?
Es más difícil y arduo hallarla en medio de los ruidos y superficialidad que encontramos a diario en el estilo de vida que nos han inculcado, completamente enfocado hacia lo exterior. Nuestra aparente “velocidad” para todas las cosas importantes, nos hace creer que hemos llegado al fondo de un tema y en verdad no hemos comprendido más que parcialmente la cáscara. A la inspiración se la halla en el silencio de la mente y en las maravillas de la naturaleza, que ha sido fuente de las más excelsas obras de arte. Justamente esta ausencia es la que hace que los modos consuetos que tenemos de escuchar sean obsoletos y que debamos aproximarnos a formas renovadas de hacer, estudiar y escuchar música clásica, muy diferentes a esa distracción constante, a la falta de concentración y la admiración por el glamour pasajero, que deja en el olvido la sustancia y los efectos transformadores del sonido musical.

¿Se escucha a usted mismo? ¿Escucha a otros pianistas?
Me escucho intensamente mientras trabajo y estudio, no solo con el afán de autocrítica que modifique o corrija, sino como verificación de una escucha interna que se produce solo al leer la partitura, sin el instrumento, y también en el momento previo a la producción del sonido. En general, esta práctica ayuda a descubrir intenciones y colores que de otro modo no podrían tener cabida. De poco vale escuchar solo después. Es la escucha que prepara la audibilidad. Y extrañamente es aquello que menos se enseña en los conservatorios y academias: a escuchar sin el instrumento, a escucharse, y sobre todo a escuchar para comprender lo que el compositor escuchó en él antes de escribir los signos que forman la partitura. Escucho a pianistas que iluminan lo que tocan y que han tenido la suerte de escuchar a sus maestros y hallaron por sí mismos, sin copiar oyendo grabaciones que moldean. Es decir, aquellos que nacieron de su propia intuición con el legado de una enseñanza recibida. Schnabel, Backhaus, Arrau o Kempff resultan fuentes inagotables de esplendor, de real humildad, como también Ingrid Haebler y Clara Haskil. Creo que después de ellos nace el “ego” pianístico y los fuegos artificiales que, son interesantes, pero no llegan a conmover, haciendo notar y valer más al intermediario que al creador y su Música.
¿Qué le pide al público?
Antes que al público pido a los músicos esa responsabilidad de investigar las intuiciones y razones profundas de la Música, su rol en el mundo y sus cualidades  no solo estéticas sino transformadoras, educativas y curativas. Solo los músicos pueden cambiar y hacer superar la crisis que viven muchos jóvenes con gran talento que no hallan actualmente ejemplos a seguir. Estimo que ha sido superado el tiempo de los divos, de los domadores de pianos y de espectáculos de acrobacia,  que siempre atraen el asombro, pero que están lejanos de las intenciones y esperanzas nutridas por ese reducido número de creadores, de cuyas obras se sirven a raudales en todo el mundo musical. Beethoven, hoy celebrado por los 250 años de su nacimiento, decía: “No he compuesto estas obras para distraeros sino para hacer nacer al hombre nuevo”. El público entonces debiera ser puesto en condiciones de reclamar esta actitud a los músicos. Creo que es una entre las razones por la que el público en los conciertos haya disminuido llamativamente. La forma del concierto tradicional se revela hoy como caduca. Y el cambio radica no solo en la forma, sino en su esencia.
Ha tardado en salir, como el “gordo” de la lotería de Navidad, pero ya se ha citado en esta entrevista, Beethoven…
Lo considero como el verdadero Héroe de la Música. Me permito de citar una carta que siempre me ha impresionado, que él escribió cuando tenía solo 11 años y que lo dice todo, acerca de este “sordo” que pudo escuchar el corazón humano y elevarlo tan alto: “A partir de los cuatro años, la música comenzó a ser la más importante de mis ocupaciones juveniles. Adquirida tan rápidamente familiaridad con la dulce Musa que disponía mi alma a las puras armonías, aprendí a amarla y también ella, así me pareció a menudo, comenzó a amarme. Ahora tengo 11 años. Desde tal momento, en las sagradas horas de inspiración, mi Musa me ha susurrado insistentemente: ‘Prueba a escribir sobre el papel las armonías de tu alma’. Once años -pensaba-. ¿Qué figura haré como compositor? ¿Qué me dirían los adultos expertos en el arte? Pero mi Musa insistía. Y así obedecí y compuse”. Han pasado 239 años de esta carta y huelgan otros comentarios…
Hablemos de sus registros discográficos, que son muchos y muy buenos…
Con mis grabaciones tengo una especial relación, probablemente porque he tenido siempre la fortuna de poder elegir el repertorio que deseaba afrontar y por la respuesta acústica de espacios especiales seleccionados que dieran vida natural al sonido, fuera de los estudios de grabación. También algunos de estos registros han sido hechos en concierto. Es divertido el hecho que cuando es así se diga “en vivo”, dado que siempre es en vivo, aunque no haya público. Privilegiando la inmediatez, todos ellos son experiencias iguales o mayores que las de un concierto. Para mi entendimiento, no son fotografías de un instante tan solo, sino formas vivas, debidas a los espacios plenos de arte, cuya atmósfera puede ser captada por los micrófonos. He podido realizar una buena cantidad, a solo, en cámara con músicos notables como Nicolas Chumachenco, Wolfgang Holzmair o Franco Maggio Ormezowski, entre otros, o  haciendo Lieder y con orquesta. En este caso, recuerdo especialmente la colaboración habida con el gran Dietrich Fischer-Dieskau, en su calidad de director de orquesta y de recitador de los únicos tres Lieder para voz recitada de Schumann, colaboración que quedó plasmada en dos discos con el Concierto para piano n. 1 de Brahms y, en otro CD, el citado Schumann, con el Concierto en la menor Op. 54 y la Introducción y Allegro Appassionato Op. 92, con la Philharmonia Orchestra, ambas obras, como digo, dirigidas por Fischer-Dieskau, que permanecerá siempre en mi memoria por su potente transmisión de hacer cantar a la orquesta. También los registros con Sonatas de Schubert y las Piezas Líricascompletas de Grieg, Sonatas de Mozart y Beethoven, están entre otras grabaciones. Otros nuevos serán publicados este año, y me espera en breve una serie de sesiones con obras de Rachmaninov y Scriabin.

¿Quién es Daniel Levy hoy? ¿Cómo podría definirse?
Realmente, como un estudiante. Siempre tengo presente lo que decía Backhaus cuando le preguntaban acerca de lo que le gustaría escuchar cuando lo recibiera Beethoven en el más allá, tras la muerte. Él decía: “Bien, pequeño Wilhelm, has hecho algo”. Soy un estudiante en el sentido de un buscador, que persigue buscando algo, más allá del tiempo y la edad.
No ha perdido la curiosidad…
Por supuesto, pero todavía más, siento estupor, estupor ante las mismas obras que he trabajado durante tanto tiempo, que se me siguen revelando con nuevos detalles y pliegues que me asombran continuamente.
¿Cómo era Daniel Levy en sus primeros años como músico?
Siento un gran respeto por los maestros que tuve, a los cuales agradezco lo que cada día puedo realizar. En particular, a Vicente Scaramuzza, que continuamente nos decía: “no enseño para el piano, enseño para la vida”. Y esto, cuando uno tiene diecisiete años, te deja pensando ante un teclado… Recuerdo todo tipo de conciertos, de aprendizaje, de aprender a escuchar con el paso del tiempo, sin limitarme al piano como tal.
Es más un pianista de finales en pianissimo que en fortissimo
Los aplausos que motivan los fortissimi no tiene la reflexión que genera el pianissimo, a pesar de que aquel es un método muy sugestivo y altamente productivo y favorable. Tuve la experiencia de escuchar en vivo, junto con mi familia, una Novena de Mahler en Londres de las que Claudio Abbado dirigió al final de su vida, y aquellos minutos interminables tras la última nota moribunda y el silencio que tras ésta se produjo, que podía cortarse con un cuchillo, es de las experiencias musicales más intensas que he vivido. La idea del aplauso es importante, pero en muchos casos quiebra la atmósfera creada; sin el aplauso, la música se queda más dentro, te la llevas contigo; el aplauso gratifica al músico, por supuesto, pero libera la tensión del espectador.

¿Qué espera de la vida?
Saber que mi propósito ha servido para algo, especialmente en los jóvenes. Poder dejar alguna semilla.
¿Le ha sido justa la vida con sus esfuerzos? 
Cuando un esfuerzo ha dado un fruto, se puede considerar como más importante que el “todo sigue bien”. Por otra parte, siento que cada esfuerzo sincero tiene su recompensa y que muchos de ellos germinan cuando la vida los considera útiles.
Entramos en la coda, y no puedo dejar de preguntarle por sus futuros proyectos…
Obviamente voy a celebrar a Beethoven en un festival en Suiza, con mucha de su música de cámara con piano, en encuentros con grandes músicos. Tras esto, tengo una gira en Italia, gira en Italia, Masterclasses y preparo proyectos en España, seguramente para 2021. Respecto a las grabaciones, me esperan sesiones con obras de Rachmaninov y Scriabin, de los que ya he hecho cosas, pero ahora voy a registrar la Primera Sonata de Rachmaninov combinada con las Variaciones Corelli, es decir, dos Re menor, pero dentro de un arco temporal de una de sus primeras obras con una de las últimas. Y de Scriabin todo lo que tiene que ver con piezas breves; ya hice los Preludios Op. 11, pero voy a ampliar a otros opus y otros géneros de forma breve. Con Scriabin ocurre lo que dice Stravinsky de él: “Se sabe que vino de Chopin, pero no quien puede seguir su estela…”.

por Gonzalo Pérez Chamorro

www.daniellevypiano.com
Foto portada © Noah Shaye


lunes, 16 de octubre de 2017

La música y la educación integral y holística

La música y la educación integral y holística

       Cuando la música entra en la vida de un niño, deja de ser pobre (J. A. Abreu)
       “La música no es una materia, una asignatura. Es parte de la vida misma, es la base de toda educación” (K. Pahlen)

Tratamos aquí de la llamada Nueva Educación, una educación integral y holística, no de la enseñanza tradicional, que hemos recibido y que se encuentra en plena decadencia en la actualidad, debido a sus muchas contradiciones internas y, sobre todo, a que obedece a una visión del mundo de la época industrial y de la ciencia clásica mecanicista, superada, hoy, por una nueva visión del mundo y de la naturaleza, así como por la conciencia cada vez más generalizada de estar viviendo en una nueva época, muy diferente a la anterior. Aquí radica la grave crisis que está atravesando esta mal llamada “educación”, ya que solo ha sido una “enseñanza”, una “instrucción”, centrada en la adquisición de conocimientos externos y ajena a las verdaderas necesidades del niño y del adolescente. “El cientificismo penetró en la educación y la convirtió en simple instrucción”, dice Gallegos Nava. La música, como medio de comunicación universal, posee un papel de suma importancia en el desarrollo humano, y es precisamente la educación el medio idóneo para su conocimiento y difusión.
Por eso, E. Willems, como buen educador, quiere dejar bien clara, desde el principio, la diferencia entre la educación musical y la instrucción o la enseñanza. “Aquella -dice- es, por naturaleza, humana en esencia y sirve para despertar y desarrollar las facultades humanas”, y hace esta clara diferenciación: “Mediante la instrucción se informa, con la enseñanza se imparten conocimientos, con la educación se forma”. Señala también que el concepto de educación es más o menos moderno, por lo que hasta ahora lo que ha predominado es la instrucción o la enseñanza, y recuerda que esta siempre viene de fuera, mientras la educación surge en nuestro interior.
Es evidente la importancia de la música y la conciencia para la transformación de la humanidad y el nacimiento de un nuevo ser humano, y solo a través de a música pueden llevarse a cabo realmente esa transformación y ese nacimiento, de forma que las tres: música, conciencia y educación constituyen tres pilares en que ha de sustentarse ese cambio fundamental. Después de las investigaciones que se han llevado a cabo, en el campo de la educación integral y holística, y con la ayuda de la neurociencia y la psicología, hoy se defiende la idea de que la educación es un proceso de despertar de la conciencia o no es educación. Es a esta educación, que considera que la esencia de la vida es la armonía, no el conflicto, a la que nos referimos aquí y a la que la música sirve como un apoyo esencial. “Se debe considerar la música como uno de los primeros elementos de la educación, y su pérdida o su deterioro es el signo más consumado de la decadencia de los imperios”, escribió Confucio.
Aunque el término paradigma no es habitual en los libros sobre música, ni siquiera en los últimos decenios, hemos de reconocer que estamos en un cambio de paradigma a nivel global, también en la educación y la música, y en el que es habitual el trasvase de ideas y de corrientes artísticas, y donde es preciso considerarlo todo unido, no separado, “no hay nada separado, si no es en nuestras mentes”, una afirmación habitual en el esoterismo, y confirmada, hoy, por la ciencia moderna. No puede existir una educación al margen de la música y la creatividad artística, porque ambas son aspectos fundamentales y específicamente humanos. Por eso, esta defensa que hacemos de la música y la educación, supone un gran avance en el progreso natural de la humanidad, y ha de desarrollarse, en el futuro, con un nivel de conciencia superior, como una manifestación y una consecuencia de la evolución y el progreso humanos.

Debido a la falta de investigación al respecto, en especial en la educación, apenas son conocidas estas semejanzas entre la música y la educación:
 * La música se presenta ante nosotros en dos planos, o en dos estados, como dice Stravinsky: el del compositor y el del intérprete. Algo semejante ocurre en la educación, pues esta necesita -en su propia esencia- dos clases de educadores: educadores por naturaleza (los padres) y educadores por formación (los profesionales de la educación). Así que ambas -música y educación- son duales en sí mismas y tienden a formar una verdadera simbiosis:
     - El artista creador y el artista intérprete, en el mundo de la música
     - Los padres y los profesionales de la educación, en el mundo de la educación

 * Hay también una semejanza entre el músico y el educador (o el maestro), en cuanto a la falta de consideración social de ambos. Respecto al músico, es evidente la marginación que sufren tanto él mismo, como los estudios y centros oficiales de música. El educador y el maestro, por su parte, son vistos como profesionales de segunda categoría. Esa marginación también es evidente, si comparamos, socialmente, a ambos (músico y educador) con otros profesionales: médico, abogado, arquitecto, ingeniero, etc. 
    
* Hay una tercera semejanza, de gran importancia. Música y educación son dos ciencias y dos artes de futuro, más que de presente inmediato, porque la sociedad, en general, no ha logrado captar y comprender aún la trascendencia social y cultural de ambas, como la base fundamental para el desarrollo del ser humano y de la propia sociedad; por eso, una y otra son dos grandes desconocidas, dos asignaturas pendientes. Y ello, a pesar de que la música y la educación poseen un poder y un campo de acción interminables, pues son capaces de llenar toda la vida humana, desde el nacimiento a la muerte. Recordemos al pianista y pedagogo Daniel Levy: “En una cultura más madura, la música tendrá una significación más amplia… La música nos permitirá descubrir los esquemas reales del universo, la importancia de las galaxias, las estrellas y quién es el planeta Tierra como un todo”.

A ello podemos añadir la relación que existe entre la educación y la música, por un lado, y la espiritualidad y la feminidad, por otro. Así es, esa falta de comprensión social que han sufrido la música y la educación, la padecen igualmente la espiritualidad y la feminidad, dos aspectos esenciales de la vida humana, desconocidos en su verdadero contenido y manipulados por los poderes autoritarios y dogmáticos para un mayor control de los ciudadanos. Pero este siglo XXI se está caracterizando por el desplome de esos poderes y sus estructuras mentales y sociales, basadas -como hemos visto- en el sistema patriarcal, la revolución industrial y la ciencia clásica. Por ello, están emergiendo nuevas ideas que afectan esencialmente a los prejuicios y convencionalismos sociales dominantes, ideas que traen un aire renovado y una nueva visión de la naturaleza y de la vida, más objetivas y ajustadas a la verdadera esencia del ser humano. Estas ideas afectan, de forma especial, tanto a la educación y la música, como a la espiritualidad y la feminidad, cuatro áreas de la vida humana discriminadas y manipuladas, que están irrumpiendo con fuerza en todo el mundo y que caracterizan los profundos cambios que se están llevando a cabo, en los comienzos de este nuevo siglo y nuevo milenio.

Y acerca de la música y de la educación, como dos artes y dos ciencias de futuro, traemos esta cita de la psicóloga esotérica, A. Bailey, hablando del reestablecimiento de Los Misterios (los secretos que serán desvelados a la humanidad cuando esté preparada): “Los Misterios restablecerán el color y la música para el mundo, tal como esencialmente son, y lo harán de tal manera que el arte creador actual será, para ese nuevo arte creador, lo que los pequeños bloques de madera con que juega el niño, son para una gran catedral como la de Durham o Milán. Cuando sean restablecidos los Misterios, harán realidad -en forma incomprensible ahora para ustedes- la naturaleza de la religión, el propósito de la ciencia y la meta de la educación, los cuales no son lo que creen ustedes hoy”.


Julio Ferreras, educador, catedrático jubilado de IES 

miércoles, 5 de junio de 2013

Música solidaria con la Fundación Gomaespuma








 El tenor José Manuel Zapata acaba de estrenar el videoclip de su último trabajo, Operazza, un disco fusión de ópera y jazz, cuyas ventas se destinarán íntegramente a la Fundación Gomaespuma para la puesta puesta en marcha de un comedor social en el barrio de Carabanchel en Madrid a través de la asociación Jareza Dos (www.jarezados.org).
Juan Luis Cano y José Manuel Zapata, anfitriones de la noche, presentaron el proyecto al que se destinarán los ingresos generados por disco.  El tenor deleitó a todos los presentes interpretando una canción dedicada a la amistad, antes del visionado por vez primera del videoclip.
Aquí os dejamos el vídeo, que ha contado con la colaboración de  Aitana Sánchez Gijón, Boris Izaguirre, Nieves Álvarez, Juan Ramón Lucas, David Meca, Emiliano Suárez, Beatriz Cortázar, Pasión Vega, Sergio Sauca, José Mercé, José Ribagorda, Pablo Carbonell,  Marta Canalda  y Eugenio Recuenco.