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viernes, 28 de febrero de 2020

Una vida para el piano, Daniel Levy


Una vida para el piano, Daniel Levy  (Revista RITMO, marzo 2020)

Tras un solo minuto de conversación, uno no tarda en reconocer a un señor tras el interlocutor. Daniel Levy habla pausado pero claro, con timbre baritonal, de su emisión fluye un vocabulario florido y exuberante, pero nunca pomposo, fruto de su esmerada educación bonaerense. El afamado pianista, afincado desde hace escaso tiempo en España, alaba el buen tiempo para una estación tan fría como el invierno, mientras se detecta todo el bagaje cultural que atesora un músico que ha grabado multitud de discos, todos en vivo…, ya que, como el maestro afirma, “siempre es en vivo, aunque no haya público en el estudio de grabación”. Entre estos discos destacan dos como solista, dirigidos por Dietrich Fischer-Dieskau, nada menos que con la Philharmonia Orchestra, en el Primer Concierto de Brahms y dos obras concertantes de Schumann, el Concierto Op. 54 y la Introducción y Allegro Appassionato Op. 92. Pero Daniel Levy ha sido también un trabajador incansable, escritor y pedagogo, sin olvidar sus grabaciones para piano solo (especialmente en Edelweiss Emission) y sus continuos conciertos, bien a solo, con orquesta o haciendo música de cámara, “que es donde descubro que su naturaleza es para establecer relaciones”. A la respuesta sobre hallar la inspiración, surge como un leitmotiv sus palabras “a la inspiración se la halla en el silencio de la mente y en las maravillas de la naturaleza, que ha sido fuente de las más excelsas obras de arte”. En su búsqueda de la belleza hay mucha espiritualidad y de ella ha hecho quasi una filosofía de vida, de una vida que no entiende sin el blanco y negro del piano siempre a su lado, ese piano de sus imprescindibles Bach, Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert, Mendelssohn, Schumann, Chopin, Liszt, Brahms, Grieg, Franck, Debussy o Scriabin.

Maestro, tras una importante carrera internacional de conciertos y discos, recala en cierto modo en nuestro país… ¿Qué le une a España? ¿Qué finalidad tiene su estancia en nuestro país?
España ha estado siempre viva en mi familia, a través de mis abuelos maternos, evocando en mí variados aspectos, ya desde pequeño de la gran literatura y poesía que me apasionaba escuchar y, más tarde, al tener la experiencia de afrontarla como materia predilecta de mis estudios juveniles. Su rica música me acompañó gracias a esta familia, sea en su aspecto popular y posteriormente en la riqueza de Albéniz, Granados y Manuel de Falla, algunas de cuyas obras pianísticas estudié en mis años de formación. Por lo que me une una profunda simpatía, en su sentido más profundo, y admiración por sus grandes artistas y pensadores, tan múltiples como multifacéticos. Creo que un sinfín de circunstancias de la vida, además de constantes y frecuentes estadías durante mis viajes y giras, me condujeron a elegir este hermoso país para vivir en él y desarrollar aquello que siento como importante y esencial en la Música como en la Educación y Filosofía. Diría que más que una finalidad, basada en proyecciones o ideas, se trata de un espacio apto, que me aparece fértil para llevar a cabo mi posible aporte y existencia. De algún modo, es un regreso a mis orígenes.
¿Qué le lleva a dedicarse en cuerpo y alma a una nueva obra, a estudiarla?
Verdaderamente se genera primero una consonancia, que no aparece porque haya planeado estudiar esa nueva obra. Una forma de atracción magnética, que distingue entre aquello que deseo escuchar y lo que afronto para hacerla mía de algún modo. A veces aparecen sin ser buscadas obras que no habría pensado antes de trabajar. También hay muchas otras, en el vastísimo repertorio pianístico, que son las que ensanchan los horizontes y elevan, al punto de ser como hitos que un artista debe atravesar. Cuando llega el momento de estudiar, lo misterioso es cómo ir penetrando en lo que el compositor dejó en signos y, más allá de ellos, entre las líneas. Creo firmemente que las que llamamos obras, son seres vivos y orgánicos, y se nos manifiestan en formas impensadas. En síntesis, para dedicar el alma y cuerpo debe existir, en mi caso, una fascinación, que vaya más allá de una mera curiosidad.
Dentro del vasto repertorio del que habla, ¿qué o quiénes forman parte sí o sí de su repertorio, y qué otros los ha desechado?
Esta es una pregunta muy interesante. No puedo estimar en el repertorio categorías ligadas a prioridades de unos compositores sobre otros, y pormenorizando con selecciones entre sus propias obras, dado el caudal inmenso existente para piano. Aclaro esto, porque además del repertorio como solista, soy un apasionado de la música de cámara y del Lied, lo que hace estas elecciones y afinidades mucho más amplias. Pero nada me deja indiferente, y de ahí que Bach, Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert, Mendelssohn, Schumann, Chopin, Liszt, Brahms, Grieg, Franck, Debussy y Scriabin estén entre los infaltables, también Rachmaninov; y en diversa medida otros como Guastavino, Granados, Falla y Albéniz. Me encanta Dvorák, aún siendo su obra para piano relativamente escasa; y Gabriel Fauré me parece muy profundo. En cuanto a lo desechado, puedo decir que no se trata de dejar de lado, sino que hay muchas obras que prefiero escucharlas por otros músicos, como por ejemplo las de Prokofiev o Bartók. No hay suficiente tiempo para todo lo maravilloso del repertorio y siempre es necesario tener el discernimiento de decidir cuáles son las obras que acompañan el propio camino. Por otra parte, el músico debe ciertamente conocer y abordar estilos y lenguajes dispares, pero no es obligatorio que deba abarcar todo lo escrito. No habría modo de profundizar nada si así fuese.
Ha hablado del Lied y de “decidir cuáles son las obras que acompañan el propio camino”, cito textualmente. Esto nos lleva directamente al Winterreise
Así lo siento, el Viaje de Invierno es una especie de ápice, una búsqueda filosófica de Schubert, de su propia vida y de un trayecto casi iniciático. Busca el sentido de la vida, y al mismo tiempo un objetivo que termina en el silencio. Lo siento como toda la travesía de un ser humano hasta llegar a una especie de realización, que a mi entender, como he dicho, termina en el silencio.

¿Cómo ve Daniel Levy todo este tipo de obras finales, tipoWinterreise, las últimas Sonatas de Beethoven o las piezas finales de Brahms, cuando usted se está acercando a una etapa vital similar?
Salvo en el caso de Schubert, claro, que compuso el Winterreise a final de su joven vida. Estas obras “últimas” para mí me merecen tal respeto, que a veces pienso que no deberían hacerse en concierto. Son obras para la intimidad, para uno mismo. Reflejan un mundo tan íntimo, que quizá no se deberían tocar en público. De hecho, no sabemos si a Beethoven le hubiera gustado.

Finales y enigmáticas…
Cierto, son todas obras impregnadas de misterio. Otra obra que se adapta a este enigmático periodo final de muchos creadores, es El Arte de la Fugade Bach, compuesta además para una sociedad pitagórica y para tal, tiene su propia simbología y relación numérica, lo que la traslada a un nivel de pensamiento superior, quizá único en la historia del arte. Como sabe, no pudo completarla, está supuestamente inacabada, y hasta este aspecto le aporta su naturaleza enigmática por encima de cualquier otra obra. Su significado, por decirlo de alguna manera, aún no ha sido resuelto.
Qué tiene el piano para el pianista que lo distingue de otros instrumentistas, ¿quizá su capacidad de abarcarlo todo, de tocar en instrumentos siempre distintos?
Me siento muy identificado con lo que Liszt dice de forma tan clara sobre lo que es el piano; para él, el piano era “como el caballo para el árabe”. He encontrado que es el amigo más fiel, una maravillosa extensión de las propias emociones, pensamientos e intuiciones. Alguien en quien confiar los propios anhelos e ideales, y claramente un ser vivo. No siempre me agrada notar lo que lo distingue de otros instrumentos, que es esa idiosincrasia del solista que, porque abarca todos los registros, cree equivocadamente que puede aislarse y aparecer como uno que se basta a sí mismo para hacer música. En vez de esto, me fascina hasta lo más profundo cuando puede asumir el color noble de un violonchelo, o el timbre de un clarinete y cuando parece una voz junto a otra humana. Allí es donde descubro que su naturaleza es para establecer relaciones. El hecho de hallar pianos distintos en cada sala, cuando no es posible llevar el propio, ese en donde se ha trabajado y buscado consagrando el tiempo, es parte de un entrenamiento psicológico y también atlético, donde es posible encontrarse con sorpresas. Quizás este sea el aspecto menos gratificante, de acuerdo a cómo hayan sido cuidados los instrumentos en las salas. De todos modos, cada uno tiene una voz distinta y es necesario ser flexibles para hacerla propia en pocas horas. En pocas palabras, prefiero lo que lo une a la música más que lo que lo distingue de maravillosos instrumentos de otra índole.

¿Hasta qué punto condiciona a un intérprete los estados de ánimo, la vida y sus hechos, sus varapalos?
La palabra intérprete, que es la que más comúnmente se usa para los músicos que tocan composiciones no propias, es el primer condicionante. No es ni debe ser un pobre traductor, o un mero ejecutor de todas las notas e indicaciones escritas, pero sí debiera convertirse en lo posible en un intermediario entre la intención del compositor y su forma audible, que es cuando la música suena, primero venida del silencio. Y el intermediario es siempre susceptible a los propios estados de ánimo, hechos de la vida, contextos y situaciones locales o planetarias, desde el momento que es un ser humano que participa de la vida global. Pero creo que estos condicionamientos deben poder ser experiencias que hacen comprender lo que los creadores vivieron, sintieron e intuyeron. De ese modo lo que vibra en la música es algo que procede de la experiencia, y esto se traslada al sonido, al respiro y a la emoción. De otro modo, asistiríamos a modalidades robóticas que pueden repetir lo que leen sin entenderlo absolutamente. Cuando se entra en el reino de la música, a su vez, hay como una trascendencia, que hace que todo lo pasajero tenga su lugar, pero también que lo universal y atemporal de obras que tienen siglos, puedan tener hoy una escucha que nos conmueve más allá de la época en que vivimos.
¿Nos puede relatar alguna experiencia vivida de manera inolvidable en alguno de sus conciertos?
He tenido varias experiencias en concierto, que son inolvidables por razones muy distintas, principalmente por estados psicológicos a los que la música me conducía, pero se trata de hechos que son atribuibles a mí mismo, en relación a una orquesta o a la sala especial. Esta vez, en el caso que cito, hay un componente que para mí representa un signo claro, un ejemplo de lo que puede obrar y transformar la música en quienes escuchan. Para mí se ha hecho habitual, hace años, el realizar los que llamo “Conciertos Diálogo”, en donde busco poner al público en sintonía con los pensamientos e intuiciones declarados por los compositores, a través de la palabra y sus obras, generándose de este modo una atmósfera de intimidad y de relación individual con cada oyente, algo que considero superador de la forma tradicional del concierto.
Como una guía para el oyente…
Cierto, es como una guía, es como poner al escuchante en una situación más cercana a la interpretación inmediata, prepararles para que no teman lo que van a escuchar. No son lecciones de musicología, sino un modo de indagar en el espacio interior del creador, con sus sentimientos expresados antes o después de componer, en su inspiración y en su vida como consecuencia. Así, en uno de estos conciertos, vino un joven que nunca había escuchado música clásica, traído por su madre para acompañarla. Por lo que escuchó, por lo que dije y por lo que interpreté de músicas que no eran en absoluto fáciles, como los Intermezzi y las Baladas de Brahms, que no son precisamente las que se suelen escuchar para introducirse al repertorio, al terminar se acercó fuertemente conmovido e impactado por la experiencia vivida, manifestándome que desde ese momento en adelante dedicaría su tiempo a escuchar música clásica y a conocer la vida de los grandes genios creadores, porque en un instante había descubierto un mundo nuevo, importante y fascinante. Allí pude notar con más claridad y estupor, la inmensa necesidad que es el contacto y la cercanía que hace ver que hubo jóvenes que podían dar al mundo obras maestras, y que muchos otros jóvenes, aparentemente lejanos a ese mundo, podían descubrir el bien que trae esa escucha a la vida. La considero una experiencia inolvidable, que se ha ido multiplicando en el modo de acercar a otros a obras de gran envergadura, que pueden ser apreciadas como puertas a un paisaje desconocido, por jóvenes que han solo oído rock, pop y otras. Sin duda, algo magnífico que se conecta con una verdadera educación musical para hacer crecer nuevos amantes de la música.

Esta necesidad de explicar la música le ha llevado también a la publicación de varios libros…
Cierto, para la Accademia Internazionale di Eufonia (Locarno, Suiza) he publicado Eufonía, El Sonido de la Vida, sobre los efectos del sonido sobre el ser humano; Pitágoras y la Eufonía, que revela la íntima relación entre Pitágoras y la Eufonía como una realidad aplicable a las relaciones humanas; Ecos del Viento, viaje interior hacia la experiencia de la esencia del Sonido; y Belleza Eterna, relatos, máximas y reflexiones sobre los arquetipos de Belleza.

¿Diría que el siglo XIX y el Romanticismo, como Schumann, son los pilares de su repertorio?
Realmente mi pilar fundamental es Bach, de donde todo lo que le ha seguido deriva. Todo lo que escuchamos tiene en Bach, para la música clásica occidental de los últimos 300 años, a su fuente, sin excepción alguna. También Mozart, Beethoven y Schubert lo son, en cuanto a cauces enormes. El Romanticismo supo entender esta fuente inagotable, y Schumann entre ellos representa para mí a quien ha sabido dar lenguaje a lo íntimo y profundo, dicho al oído. Es un punto de inflexión en la música del siglo XIX, y tiene en su imaginación e intuiciones una magia que emana estados del alma humana como pocos otros. En mi repertorio, considero a Scriabin un punto focal que, a mi entender, es el verdadero precursor de los cambios en la música del siglo XX, y que el mismo Stravinsky no lograba identificar de donde había surgido y cómo sería seguido en su inspiración. 
Pero usted tendrá sus días de Eusebius y días de Florestan…
Unos días de Eusebius y otros de Florestan, pero a veces debo invocar a Maestro Raro, que era el unificador y sintetizador del justo equilibrio entre estas tendencias del ánimo.
Y Bach… Sus Variaciones Goldberg, Partitas, Clave bien temperado
El Clave Bien Temperado está para templar el alma. Grabé ya hace un tiempo el Libro I, registrado en la maravillosa acústica de una sala barroca en Austria que me brindó una paz consonante con esa música excelsa. El Arte de la Fuga es seguramente la obra más misteriosa de Bach y siempre la trabajo como unificadora de todas las voces. Las Partitas son obras portentosas y he tenido el privilegio de estudiarlas con Maria Tipo en Florencia. Debo en gran parte a ella la afinidad con Bach por la seria devoción que transmitía enseñando, de la cual he hecho tesoro cada vez que me dispongo frente a estas obras monumentales. Las Variaciones Goldberg las visito y me esperan para integrarse a mi repertorio. Las grandes y vívidas versiones insuperables, como las de Rosalynd Tureck y de Peter Serkin, son arquetipos de sencillez y elocuencia.

De una interpretación, ¿cuánto debe el resultado final a la inspiración y al trabajo?
Como decía Brahms cuando le preguntaron acerca de su inspiración, decía que el sudor y el trabajo eran una base sólida sobre la que la inspiración podía posarse. En mi experiencia, el trabajo exterior e interior sobre una obra, conduce a tener atisbos acerca de la inspiración que la hizo ser creada. También este es un término que ha perdido su sentido y que se aplica a cualquier pequeña cosa, mientras que en la creación artística y ciencias se debe a algo que poseemos pero no frecuentamos, una especie de pisos superiores donde nuestro ascensor vital y nosotros mismos preferimos no visitar. Cuando lo hacemos, la sorpresa es grande, porque concienciamos de poseer un tesoro inaudito que debe todavía abrirse. 
Y hablando de inspiración, ¿se encuentra fácilmente?
Es más difícil y arduo hallarla en medio de los ruidos y superficialidad que encontramos a diario en el estilo de vida que nos han inculcado, completamente enfocado hacia lo exterior. Nuestra aparente “velocidad” para todas las cosas importantes, nos hace creer que hemos llegado al fondo de un tema y en verdad no hemos comprendido más que parcialmente la cáscara. A la inspiración se la halla en el silencio de la mente y en las maravillas de la naturaleza, que ha sido fuente de las más excelsas obras de arte. Justamente esta ausencia es la que hace que los modos consuetos que tenemos de escuchar sean obsoletos y que debamos aproximarnos a formas renovadas de hacer, estudiar y escuchar música clásica, muy diferentes a esa distracción constante, a la falta de concentración y la admiración por el glamour pasajero, que deja en el olvido la sustancia y los efectos transformadores del sonido musical.

¿Se escucha a usted mismo? ¿Escucha a otros pianistas?
Me escucho intensamente mientras trabajo y estudio, no solo con el afán de autocrítica que modifique o corrija, sino como verificación de una escucha interna que se produce solo al leer la partitura, sin el instrumento, y también en el momento previo a la producción del sonido. En general, esta práctica ayuda a descubrir intenciones y colores que de otro modo no podrían tener cabida. De poco vale escuchar solo después. Es la escucha que prepara la audibilidad. Y extrañamente es aquello que menos se enseña en los conservatorios y academias: a escuchar sin el instrumento, a escucharse, y sobre todo a escuchar para comprender lo que el compositor escuchó en él antes de escribir los signos que forman la partitura. Escucho a pianistas que iluminan lo que tocan y que han tenido la suerte de escuchar a sus maestros y hallaron por sí mismos, sin copiar oyendo grabaciones que moldean. Es decir, aquellos que nacieron de su propia intuición con el legado de una enseñanza recibida. Schnabel, Backhaus, Arrau o Kempff resultan fuentes inagotables de esplendor, de real humildad, como también Ingrid Haebler y Clara Haskil. Creo que después de ellos nace el “ego” pianístico y los fuegos artificiales que, son interesantes, pero no llegan a conmover, haciendo notar y valer más al intermediario que al creador y su Música.
¿Qué le pide al público?
Antes que al público pido a los músicos esa responsabilidad de investigar las intuiciones y razones profundas de la Música, su rol en el mundo y sus cualidades  no solo estéticas sino transformadoras, educativas y curativas. Solo los músicos pueden cambiar y hacer superar la crisis que viven muchos jóvenes con gran talento que no hallan actualmente ejemplos a seguir. Estimo que ha sido superado el tiempo de los divos, de los domadores de pianos y de espectáculos de acrobacia,  que siempre atraen el asombro, pero que están lejanos de las intenciones y esperanzas nutridas por ese reducido número de creadores, de cuyas obras se sirven a raudales en todo el mundo musical. Beethoven, hoy celebrado por los 250 años de su nacimiento, decía: “No he compuesto estas obras para distraeros sino para hacer nacer al hombre nuevo”. El público entonces debiera ser puesto en condiciones de reclamar esta actitud a los músicos. Creo que es una entre las razones por la que el público en los conciertos haya disminuido llamativamente. La forma del concierto tradicional se revela hoy como caduca. Y el cambio radica no solo en la forma, sino en su esencia.
Ha tardado en salir, como el “gordo” de la lotería de Navidad, pero ya se ha citado en esta entrevista, Beethoven…
Lo considero como el verdadero Héroe de la Música. Me permito de citar una carta que siempre me ha impresionado, que él escribió cuando tenía solo 11 años y que lo dice todo, acerca de este “sordo” que pudo escuchar el corazón humano y elevarlo tan alto: “A partir de los cuatro años, la música comenzó a ser la más importante de mis ocupaciones juveniles. Adquirida tan rápidamente familiaridad con la dulce Musa que disponía mi alma a las puras armonías, aprendí a amarla y también ella, así me pareció a menudo, comenzó a amarme. Ahora tengo 11 años. Desde tal momento, en las sagradas horas de inspiración, mi Musa me ha susurrado insistentemente: ‘Prueba a escribir sobre el papel las armonías de tu alma’. Once años -pensaba-. ¿Qué figura haré como compositor? ¿Qué me dirían los adultos expertos en el arte? Pero mi Musa insistía. Y así obedecí y compuse”. Han pasado 239 años de esta carta y huelgan otros comentarios…
Hablemos de sus registros discográficos, que son muchos y muy buenos…
Con mis grabaciones tengo una especial relación, probablemente porque he tenido siempre la fortuna de poder elegir el repertorio que deseaba afrontar y por la respuesta acústica de espacios especiales seleccionados que dieran vida natural al sonido, fuera de los estudios de grabación. También algunos de estos registros han sido hechos en concierto. Es divertido el hecho que cuando es así se diga “en vivo”, dado que siempre es en vivo, aunque no haya público. Privilegiando la inmediatez, todos ellos son experiencias iguales o mayores que las de un concierto. Para mi entendimiento, no son fotografías de un instante tan solo, sino formas vivas, debidas a los espacios plenos de arte, cuya atmósfera puede ser captada por los micrófonos. He podido realizar una buena cantidad, a solo, en cámara con músicos notables como Nicolas Chumachenco, Wolfgang Holzmair o Franco Maggio Ormezowski, entre otros, o  haciendo Lieder y con orquesta. En este caso, recuerdo especialmente la colaboración habida con el gran Dietrich Fischer-Dieskau, en su calidad de director de orquesta y de recitador de los únicos tres Lieder para voz recitada de Schumann, colaboración que quedó plasmada en dos discos con el Concierto para piano n. 1 de Brahms y, en otro CD, el citado Schumann, con el Concierto en la menor Op. 54 y la Introducción y Allegro Appassionato Op. 92, con la Philharmonia Orchestra, ambas obras, como digo, dirigidas por Fischer-Dieskau, que permanecerá siempre en mi memoria por su potente transmisión de hacer cantar a la orquesta. También los registros con Sonatas de Schubert y las Piezas Líricascompletas de Grieg, Sonatas de Mozart y Beethoven, están entre otras grabaciones. Otros nuevos serán publicados este año, y me espera en breve una serie de sesiones con obras de Rachmaninov y Scriabin.

¿Quién es Daniel Levy hoy? ¿Cómo podría definirse?
Realmente, como un estudiante. Siempre tengo presente lo que decía Backhaus cuando le preguntaban acerca de lo que le gustaría escuchar cuando lo recibiera Beethoven en el más allá, tras la muerte. Él decía: “Bien, pequeño Wilhelm, has hecho algo”. Soy un estudiante en el sentido de un buscador, que persigue buscando algo, más allá del tiempo y la edad.
No ha perdido la curiosidad…
Por supuesto, pero todavía más, siento estupor, estupor ante las mismas obras que he trabajado durante tanto tiempo, que se me siguen revelando con nuevos detalles y pliegues que me asombran continuamente.
¿Cómo era Daniel Levy en sus primeros años como músico?
Siento un gran respeto por los maestros que tuve, a los cuales agradezco lo que cada día puedo realizar. En particular, a Vicente Scaramuzza, que continuamente nos decía: “no enseño para el piano, enseño para la vida”. Y esto, cuando uno tiene diecisiete años, te deja pensando ante un teclado… Recuerdo todo tipo de conciertos, de aprendizaje, de aprender a escuchar con el paso del tiempo, sin limitarme al piano como tal.
Es más un pianista de finales en pianissimo que en fortissimo
Los aplausos que motivan los fortissimi no tiene la reflexión que genera el pianissimo, a pesar de que aquel es un método muy sugestivo y altamente productivo y favorable. Tuve la experiencia de escuchar en vivo, junto con mi familia, una Novena de Mahler en Londres de las que Claudio Abbado dirigió al final de su vida, y aquellos minutos interminables tras la última nota moribunda y el silencio que tras ésta se produjo, que podía cortarse con un cuchillo, es de las experiencias musicales más intensas que he vivido. La idea del aplauso es importante, pero en muchos casos quiebra la atmósfera creada; sin el aplauso, la música se queda más dentro, te la llevas contigo; el aplauso gratifica al músico, por supuesto, pero libera la tensión del espectador.

¿Qué espera de la vida?
Saber que mi propósito ha servido para algo, especialmente en los jóvenes. Poder dejar alguna semilla.
¿Le ha sido justa la vida con sus esfuerzos? 
Cuando un esfuerzo ha dado un fruto, se puede considerar como más importante que el “todo sigue bien”. Por otra parte, siento que cada esfuerzo sincero tiene su recompensa y que muchos de ellos germinan cuando la vida los considera útiles.
Entramos en la coda, y no puedo dejar de preguntarle por sus futuros proyectos…
Obviamente voy a celebrar a Beethoven en un festival en Suiza, con mucha de su música de cámara con piano, en encuentros con grandes músicos. Tras esto, tengo una gira en Italia, gira en Italia, Masterclasses y preparo proyectos en España, seguramente para 2021. Respecto a las grabaciones, me esperan sesiones con obras de Rachmaninov y Scriabin, de los que ya he hecho cosas, pero ahora voy a registrar la Primera Sonata de Rachmaninov combinada con las Variaciones Corelli, es decir, dos Re menor, pero dentro de un arco temporal de una de sus primeras obras con una de las últimas. Y de Scriabin todo lo que tiene que ver con piezas breves; ya hice los Preludios Op. 11, pero voy a ampliar a otros opus y otros géneros de forma breve. Con Scriabin ocurre lo que dice Stravinsky de él: “Se sabe que vino de Chopin, pero no quien puede seguir su estela…”.

por Gonzalo Pérez Chamorro

www.daniellevypiano.com
Foto portada © Noah Shaye


miércoles, 28 de febrero de 2018

Educar es mucho más que enseñar Matemáticas, Historia, Lengua, etc.


Educación y cambio ecosocial.
Entrevista a Rafael Díaz-Salazar

«Aprender a ser, aprender a vivir juntos, aprender a conocer y aprender a hacer son los cuatro grandes objetivos de la educación»

Nuestro entrevistado es profesor de Sociología y Relaciones Internacionales en la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense. Realizó con Francisco Fernández Buey su tesis doctoral sobre Antonio Gramsci. Ha publicado libros sobre la persistencia de la clase obrera, los trabajadores precarios, el pensamiento político de Gramsci, la izquierda y el cristianismo, los movimientos sociales altermundistas, la laicidad o las desigualdades internacionales. En los últimos años está investigando sobre ciudadanía democrática y educación

Salvador López Arnal (SLA): Mi felicitación más sincera por tu nuevo libro Educación y cambio Ecosocial (PPC, 2016). Está lleno de sugerencias, excelentes argumentaciones y sentimientos admirables. ¿Qué es para ti la educación?

Rafael Díaz-Salazar (RDS): La enseñanza y el autoaprendizaje de una vida con sentido, lo que requiere una formación de todas las dimensiones de la personalidad: mente, sentimientos, deseos, comportamientos, etc. La educación socrática que propugno ha de llevar al descubrimiento de nuestra identidad personal y de nuestra misión social en el mundo. Aprender a ser, aprender a vivir juntos, aprender a conocer y aprender a hacer son los cuatro grandes objetivos de la educación.

SLA: ¿No te gusta el término enseñanza? ¿Por qué hablas de transformar los centros de enseñanza en centros de educación?

RDS: Me opongo a la reducción de la educación a instrucción escolar sobre unos contenidos distribuidos en asignaturas. Educar es mucho más que enseñar Matemáticas, Historia, Lengua etc. No basta con innovar la didáctica, pues lo fundamental es cambiar los contenidos curriculares y relacionarlos con el desarrollo psicológico y con los problemas sociales. La denominada “excelencia educativa” puede estar al servicio de la reproducción de la sociedad capitalista o de la transformación ecosocial.
Hoy existen tres tipos de centros escolares en las escuelas públicas, concertadas y privadas: neoliberales, humanistas liberales y ecosociales. Defiendo una transición a un modelo de centros escolares en los que la ecología crítica configure toda la acción
educativa.

sábado, 11 de marzo de 2017

El educador Carlos González, divulgador de los Nuevos Paradigmas Científicos



"Cuando afrontas un problema desde el corazón ganas siempre, 
porque en él no hay perdedores"
Carlos González

Carlos González es licenciado en Ciencias Físicas y Divulgador de los Nuevos Paradigmas Científicos. El Lic. González tiene 24 años de experiencia como maestro de matemáticas y física para adolescentes. Además lleva 14 años dando conferencias y talleres sobre crecimiento personal. También es autor de "Veintitrés maestros, de corazón", su primera novela, en la que narra las aventuras de 22 adolescentes y su maestro en la búsqueda del empoderamiento: todo un salto cuántico en la enseñanza. 

Silvia Patrono-¿Por qué dejaste el camino de la enseñanza oficial? Por enseñanza oficial me refiero a la educación en una escuela media tradicional.
Carlos González-
 Todo en mi entorno y en mi interior indicaba que había terminado una etapa en mi vida. El ambiente era asfixiante para mí, pues me veía obligado a hacer cosas en contra de mi sentir, entrando en contradicción con lo que yo estaba tratando de comunicar a mis alumnos. El no ser un ejemplo de lo que trataba de enseñar me convertía en un falso maestro. Me marché para poder desplegar libremente mi autenticidad, por respeto a mi propio ser. A esto debo añadir que me sentía “embarazado” de nuevas ideas, necesitaba darlas a la luz. Siempre he sido un amante de la divulgación, la vida me daba una oportunidad para poder ejercerla como profesional.

S.P.-¿Qué significa ser  un divulgador del Nuevo Paradigma Científico?  
C.G.-
Occidente, fascinado por la materia, creó la Física para investigarla. El método científico catapultó los logros, permitiendo un desarrollo tecnológico como nuestra historia conocida no ha registrado jamás. Cuando la Física traspasó los límites del átomo, la materia desapareció ante sus ojos, por lo menos, la idea que se tenía de ella. El materialismo, que hasta entonces había sido el espacio creador de todas nuestras ciencias experimentales, fue trascendido, y por  primera vez el investigador se encontró fuera del espacio seguro de los estamentos que le habían cobijado hasta entonces. Esto hizo que muchos de los físicos fundadores de la Cuántica llegaran a tener crisis existenciales. Poco a poco, se fue descubriendo que el observador no se podía separar de lo observado; que había algo sutil que los conectaba.  Se desveló la existencia de un mundo más allá de nuestros sentidos físicos: el universo de la conciencia. Ésta era la creadora de todo lo visible. La Ciencia de la Conciencia había nacido. Los  conocimientos que abarca constituyen los Nuevos Paradigmas. Esta nueva ciencia, que englobaría también todas las anteriores, trae consigo un gran regalo: nos convierte a todos en científicos, por el simple hecho de que el laboratorio para investigar nos acompaña siempre a todos los humanos: es nuestra propia conciencia. Imaginemos por un momento el potencial inmenso que poseería una sociedad donde todo el mundo fuese un investigador, y además en la que todos los conocimientos estuviesen integrados en el marco de la conciencia. Cosas como la competitividad carecerían de todo sentido, estaríamos ante una humanidad capaz de realizar todos  los sueños que se propusiera. Divulgar estas posibilidades constituye una parte fundamental de mis sueños, y fue el impulsor que me llevó a encerrarme durante nueve meses, toda una gestación, para escribir “Veintitrés maestros, de corazón”

jueves, 23 de julio de 2015

¿Qué es el “Aprendizaje Visible”?

Entrevista a un libro: Visible learning for teachers

John Hattie es profesor e investigador. En el libro que entrevistamos presenta los resultados de más de quince años de investigaciones con millones de estudiantes, una amplia colección de evidencias acerca de lo que funciona en las escuelas y mejora el aprendizaje. Una obra bien documentada y argumentada en la que sumergirnos este verano.

jueves, 17 de abril de 2014

Adolescencia, una nueva oportunidad

Adolescencia, una nueva oportunidad

¿Cómo nos gustaría que fueran los adolescentes al salir de la tutela educativa? Queremos prepararles para la vida, pero no sabemos muy bien cómo va a ser el mundo dentro de unos años, cuáles serán los problemas con que se van a enfrentar, las costumbres, los modos sociales. Las posibilidades técnicas serán asombrosas, pero ambivalentes. No sabemos lo que estas cosas pueden suponer para nuestros hijos, pero queremos que estén en condiciones de aprovecharlas bien.

Entrevista a Joan Subirats

Vivimos una fase de transición donde la diversificación social y la heterogeneidad de los problemas crecen sin cesar y donde los jóvenes, en busca de su propio lugar en la sociedad... leer más

Amor y límites


El estilo de crianza es la construcción psicológica que representa las estrategias estándar que los padres utilizan en la crianza del niño. Hay muchas teorías y opiniones diferentes sobre las mejores maneras... leer más

Cualquier tiempo pasado NO fue mejor

En lo tocante a educación vivimos en nuestro país una situación paradójica: tenemos la mejor situación educativa de nuestra historia y, a la vez... leer más

Educación en un entorno VUCA

A medida que el mundo se ha vuelto más complejo y turbulento cada vez vamos a tener más personas que tienen que responder a una de las preguntas de nuestro tiempo: ¿Tiene usted VUCA?... leer más

viernes, 24 de enero de 2014

“Educar es convertir a alguien en persona” (Enrique Rojas)

“Educar es convertir a alguien en persona”

(Enrique Rojas, Catedrático de Psiquiatría y Psicología Médica y director del Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas de Madrid)

—Tres consejos para la educación: no te rindas, es el título de su conferencia del próximo lunes. ¿Cuáles son?
—Cómo educar los sentimientos, la inteligencia y la voluntad. Educar los sentimientos es conseguir que una persona tenga una afectividad estable; aprender que el amor es el primer argumento de la vida y que no hay felicidad sin amor y no hay amor sin renuncia. En cuanto a la educación de la inteligencia, es enseñar a la gente la importancia de la lectura, del desarrollo de los instrumentos de la razón y de la lógica de saber distinguir lo que es accesorio de lo fundamental.
—¿Y la educación de la voluntad?
—Es la joya de la corona de la conducta. Significa enseñar a que las personas no se abandonen, sino que trabajen su proyecto con laboriosidad.
—¿Piensa que estos conceptos están dentro de la sociedad?
—Educar es convertir a alguien en persona, es seducir por encantamiento y ejemplaridad; educar es enseñarle al hombre lo que es la vida. Esta última definición implica dos notas: qué es el hombre y qué es la vida. El hombre es un ser racional, el único ser vivo capaz de decir no a los sentimientos. Y la vida es el principal argumento de cada uno de nosotros. Y la vida tiene en su seno cuatro grandes notas: amor, trabajo, cultura y amistad.
—En casa siempre me dijeron mis padres que con educación se va a todas partes...
—¡Qué bonita frase! Es toda una tradición andaluza y española. La palabra educación tiene dos etimologías muy interesantes: educare, que en latín significa extraer o sacar fuera, y educere, de latín moderno, que significa acompañar. Por lo tanto, educar es entusiasmar con los valores.
—¿Qué entiende la sociedad por educación?
—De entrada, entiende norma de urbanidad. Es, además, la ética y la estética. La ética es el arte de usar de forma correcta la libertad. Y la estética, la capacidad para descubrir la belleza que hay a nuestro alrededor.
—¿Y cree que en esta sociedad en que vivimos esa ética y estética están presentes?
—No. El gran escándalo de la sociedad actual es la perfección de los medios y la confusión de los fines. Nunca el ser humano había sabido tanto de todo y al mismo tiempo nunca había estado tan perdido. Eso es un escándalo, porque los jóvenes están perdidos.
—¿Y qué me puede decir de las crisis conyugales?
—El amor conyugal se ha convertido en un deporte de alto riesgo, como el parapente, porque tiene un alto porcentaje de artesanía psicológica y de renuncia. Hay mucha prisa por llegar, pero no sabemos a dónde. La felicidad es el resultado de un proyecto de vida.
—Pero la felicidad, tal y como se entiende ahora mismo, es matizable. ¿Con qué piensa que el hombre actual es feliz?
—El hombre de esta sociedad es feliz con tres cosas: bienestar, nivel de vida y seguridad.
—¿Y no es la felicidad algo más que eso?
—La felicidad está por encima de esas tres cosas que hoy demanda la sociedad. Consiste en hacer algo que merece la pena, algo grande cada uno según posibilidades y situación.
—Pero todos tendemos a fijarnos en la persona que tenemos a nuestro lado y, claro, surgen las comparaciones.
—Uno de los errores que cometemos con frecuencia es mirar la vida ajena. Y esto produce reacciones de envidia, que no es otra cosa que tristeza ante el bien ajeno.
—¿Y cómo evitaríamos la envidia?
—Mirando más la vida propia que la del otro. Y si uno siente recelo de que el otro tiene más cosas en positivo, intentar la emulación.
—Dígame entonces, si es posible, una definición de la felicidad en pocas palabras.
—La felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria, es decir, capacidad para olvidar las cosas malas del pasado.
—¿Hacia dónde camina esta sociedad en cuestión de educación?
—Los siglos XV y XVI son los siglos de la poesía; el XVII, el del teatro; el siglo XVIII es la Ilustración, la entronización de la razón. El siglo XIX es el del Romanticismo y tiene en la novela sus principales educadores. El siglo XX es el del Periodismo y el cine. El siglo XXI, por el momento, es el de las redes sociales. Todo está interconectado. Todo tiene que ver con todo, lo cual responde a la tesis de McLuhan de que estamos en un mundo global.
«No hay crisis de la familia, sino de la persona»
Enrique Rojas presentó, hace un mes, el nuevo suplemento «ABC familia», algo que considera «un honor», a la par que precisa, al referirse a ésta, que «no hay una crisis de la familia, sino una crisis de la persona. En la sociedad actual se han ido creando personas más débiles, más endebles y menos sólidas. En consecuencia, la familia pierde apoyo porque no hay solidez en lo fundamental. Ante esto hay que conseguir que el edificio no se derrumbe, sino que esté con una arquitectura sólida: solidez de los sentimientos, de la inteligencia y de la voluntad».



sábado, 30 de noviembre de 2013

Hombres, el sexo débil y su cerebro (G. Hüther)





Gerald Hüther es un científico que trabaja en el campo de la neurociencia experimental en la Universidad de Göttinga, en Alemania. Ha estudiado durante años los trastornos del desarrollo del cerebro, y dirige un centro de Investigación sobre Neurobiología, y es autor de numerosos estudios y libros.

La neurociencia, con su estudio sobre el cerebro humano, está aportando mucho al verdadero conocimiento del hombre y, por ello, a la educación. Los innumerables prejuicios y errores, en relación con el poder y la superioridad del varón sobre la mujer, se están viniendo abajo. Un ejemplo reciente es el libro “Hombres, el sexo débil y su cerebro”, de Gerald Hüther. 


"El hombre es el sexo débil, es una cuestión metabólica"
(Entrevista a G. Hüther, en LA VANGUARDIA.COM, sábado 30 noviembre 2013)

¿Para qué sirven los hombres?
Biológicamente servimos para ser exploradores, pero no somos importantes para la reproducción.

¿Ah, no?
Estamos diseñados para abrir nuevos caminos y las ideologías también son cosa nuestra; pero con la eyaculación de un solo hombre se podría reproducir a la población de Norteamérica dos veces. Nacemos con una dificultad biológica.

¿Dificultad biológica?
Sólo tenemos un cromosoma X y eso nos hace más débiles. Las mujeres tenéis una fortaleza que el hombre no tiene. El hombre es el sexo débil, es una cuestión metabólica, de cómo funciona y está organizado el cuerpo.

Entonces, ¿por qué mandan tanto?
Precisamente porque somos débiles necesitamos coger de fuera. Los que tienen el poder son los hombres más débiles. El primer hombre moderno, el primer hombre fuerte, fue Jesucristo, porque no se dedicó a apropiarse cosas de fuera, sino a dar.

Cuanto más débil eres más necesitas tomar el poder de fuera, ¿es eso?
Sí, y ya se nota desde la infancia: los bebés varones tienen una tendencia mucho mayor que las niñas a mirar alrededor en lugar de mirar directamente a los ojos, buscan todo tipo de anclajes en el exterior, y para jugar escogen objetos resistentes y fuertes.

Pues van cargaditos de testosterona.
La generamos para fortalecer nuestro cerebro, nos da el empuje que necesitamos para que determinados procesos se den con mayor impulso, pero se dan desconectados. Y es la responsable del aspecto físico masculino.

¿Y si castramos al niño?
Cambiará su cuerpo, pero no su cerebro, porque está determinado desde lo prenatal.

¿Hay algo que determine la formación de un macho o una hembra?
Los machos son producto del azar, de las circunstancias o de la decisión de la madre.

¿Decisión de la madre?
Existen las tres posibilidades. En algunos casos las condiciones medioambientales determinan la producción de machos o hembras. En el caso de los cocodrilos, nacen machos sólo si la temperatura es óptima. En el caso de las pulgas de agua, las madres determinan qué sexo tendrá la prole.

¿...?
Por regla general se reproducen asexualmente: hembras que engendran hembras, pero cuando la charca empieza a secarse engendran machos que se aparean con las hembras para producir los huevos de invierno, que sobreviven si la charca se seca.

Pero los hombres no son caracoles, ni cocodrilos, ni pulgas de agua.
Si atendemos a las estadísticas, aristócratas y burguesas acaudaladas traen al mundo con sorprendente regularidad más hijos que hijas, igual que las zarigüeyas, los hámsters, los monos araña de rango alto y las nutrias cuando están bien alimentados.

¿Las hembras dominantes suelen tener más hijos varones?
Sí, y bajo determinadas condiciones en las que las mujeres no se sienten bien, están estresadas y las condiciones del embarazo son peores, nacen menos niños. Y todo esto ocurre en los primeros dos meses del embarazo. Los embriones masculinos mueren si el futuro es incierto.

¿Dónde hallan ustedes su fortaleza?
Una fuente importante es pertenecer a grupos de chicos y jugar determinados roles que marca la sociedad según necesidades.

¿Modelos culturales?
Sí, cuando hacen falta soldados se favorecen, cuando hacen falta empresarios o inventores se favorecen. La debilidad biológica de los varones provoca que ellos acepten desarrollar ese tipo de roles que les prometen el poder y la fuerza y que se favorecen desde el hogar, el colegio, la televisión...

La exigencia es social, no biológica.
Sí, pero afecta a la estructura cerebral. Es como los chavales viciados con los videojuegos: han desarrollado una parte de su cerebro para ser hábiles en esos juegos, y les impide ser buenos en otros campos.

¿En qué punto está el cerebro del hombre moderno?
No tiene claro qué tipo de rol debe interpretar para poder llegar a ser importante. Pero su cerebro ya no es tan lineal, se desarrolla de forma mucho más abierta, y por eso hay tanto hombre que se comporta de manera insegura. Algunos debido a esa inseguridad buscan la fortaleza y otros la autenticidad.

¿Qué tenemos que saber las mujeres sobre el cerebro masculino?
Que los hombres siempre están intentando jugar un rol determinado –frecuentemente ni siquiera son conscientes de ello– y que detrás de esa fachada hay un hombre que tiene posibilidades de desarrollar su propia autenticidad.

Eso suena bien.
En el pasado, para convertirse en machos alfa necesitaban coger el poder de los otros (naturaleza, animales, mujeres, hombres); ahora por primera vez (ya que seguir un rol no garantiza el éxito) se sienten atraídos por la idea de dar, por la empatía y la autenticidad. Quizá están encontrando su propia fortaleza interior que les hace capaces de dar. Se trata del hombre que transforma.

Qué bien.
... Pero necesitamos la ayuda de las mujeres. Las madres tienen un gran poder para generar o no la práctica de roles; un gran poder en la programación del cerebro del hijo.