domingo, 30 de marzo de 2014

"Hacia UNA NUEVA HUMANIDAD libre y responsable" (Editorial Verbum)


Una visión del mundo y de la educación en el tercer milenio.

 El hijo de Fausto, el músico ambulante nacido  en Quintana de Rueda (León), hace ya algo más de setenta años, nos deleitó ayer en la Fundación Sierra Pambley con una clase magistral de nueva educación. El es Julio Ferreras, el educador holístico en estado puro.
Lo primero que podemos comentar de este providencial libro escrito desde la sabiduría y el amor que otorga la vida es gratitud, por encontrar en cada página y en cada palabra, transparencia, sencillez y verdad.
Sin utilizar tecnicismos, con un lenguaje holístico, claro y revelador, Julio Ferreras utiliza la fuerza del educador que lleva impreso en su interior, para llevarnos en un viaje al origen de las cosas y preguntarnos por qué en realidad somos como somos y vivimos, acercando al lector la oportunidad de hacer una auto reflexión sobre el mundo actual, y el poder que la educación como base y modelo transformador ejerce para el cambio necesario e irremediable que la sociedad en su conjunto necesita y debe dar ya, en este momento decisivo y único de la historia de la humanidad.

lunes, 24 de febrero de 2014

El maestro en la Institución Libre de Enseñanza

La figura del maestro para la Institución Libre de Enseñanza
     En tiempos en que los maestros se parecían mucho a funcionarios vitalicios y rutinarios, la Institución tuvo mucho interés en elevar la figura de los maestros, dignificar su figura, sacarles de la indigencia, formarles y potenciarles al máximo. Los maestros son lo más importante, y todo lo demás se evapora en la inutilidad si falta él. Dadme el maestro -decía Giner en una de sus más conocidas acotaciones- y os abandono el edificio, las instalaciones, la organización, los programas..., todo lo demás.
La vocación, severidad y probidad en la conducta y las dotes de investigación y exposición eran los elementos a tener en cuenta, según el artículo 18 de los Estatutos, para el nombramiento de profesores en la Institución y eran condiciones inexcusables: Todo profesor podrá ser removido cuando perdiese alguna de estas esenciales condiciones. En todas las fundaciones derivadas del espíritu institucionista se trataba de evitar por todos los medios la burocratización del maestro como consecuencia de los nombramientos vitalicios y la falta de estímulos. El maestro que soñaban los institucionistas no podía poner condiciones al impulso que surgía de él, ni trocar su labor por más o menos dinero, ni regatearle un minuto a su compromiso moral. Si no era así, no les interesaba para su proyecto.
La intuición era tanto un don del educador como una vía de relación del niño con el mundo. El educador asumía intuitivamente los caracteres originales y personalísimos del discípulo e iba estimulando su desarrollo, secundando su actividad, alimentando su maduración..., dejándole hacer. Y para ello se servía de la totalidad de las plurales y complejas provocaciones que ofrecía la vida real: la naturaleza, el arte, la familia, la industria, etcétera. Se trata de una enseñanza activa, porque el maestro tiene por misión alumbrar y alimentar la fuerza personal del educando; se trata también de una educación individualizada, porque, huyendo del uniformismo, acentúa y potencia su personalidad original.

   Cossío se opone radicalmente a lo que él llama el procedimiento de estampación, el que utiliza el prototipo de maestro-poseedor de la verdad contra el alumno calladito y neutro que injiere tal presunta verdad para luego reestamparla de memoria y mal digerida el día del examen. Exactamente igual, y por las mismas razones, se opone al libro de texto, cuya deglución a fuerza de codos aplasta cuidadosamente las tentaciones de la curiosidad estudiantil por la consulta de otros libros innecesarios. Para Giner y Cossío la enseñanza debe ser lo contrario de eso: una excitación permanente a la actividad, a la curiosidad, a la búsqueda: No enseñar las cosas, sino enseñar a hacerlas.   

¿Dogma o tolerancia en la escuela? (Institución Libre de Enseñanza)

Dogma o tolerancia


Giner tenía muy claro que debía excluirse «la enseñanza confesional o dogmática», según su propia expresión, no solo de las escuelas del Estado, sino también de las privadas. Desde esta perspectiva, su insistencia en la neutralidad de la educación se enriquece con una nueva dimensión, relacionada con la vida en común. Formar individuos capaces de emanciparse de la tutela sectaria de los dogmas es la condición previa para una convivencia en libertad. Y es que no puede haber tolerancia sin respeto a las opiniones ajenas, por más que puedan chocar frontalmente con nuestras convicciones más íntimas y arraigadas. Pero esa disposición no es innata, sino que solo puede ser aprendida en el transcurso de un desarrollo educativo correctamente orientado. La tolerancia era para Giner un valor, un valor inmanente al hombre. Giner dice en sus Estudios sobre la educación: «si hay una educación religiosa que deba darse es la de la tolerancia positiva, no escéptica e indiferente, de las simpatías hacia todos los cultos y creencias».
Alzar la bandera del laicismo frente al dominio de lo eclesiástico-clerical, reivindicar la libre discusión frente al dogmatismo tomista o desarrollar la educación activa e integral frente a la enseñanza memorística, probablemente, era la actitud más progresista que esta sociedad era capaz de generar.
La Institución se propone como escuela neutral, es decir, como una escuela que promueve un sentido religioso general de la vida con independencia de las formas de manifestación concreta y ritual de ese sentido y sin adelantar, en ningún caso, verdadera confesión alguna. Y ello obedece, entre otras cosas, a la decisión de mantener a la escuela apartada de las pasiones y enfrentamientos que dividen a los hombres que determinan tantas veces, según ellos por falta de educación, la aparición de un ciego instinto de exterminio por parte de aquellos que se creen en posesión de la verdad. Para ellos, la escuela tiene que crear por encima de eso un profundo sentimiento de solidaridad humana en la pluralidad, una convicción que haga a todo individuo algo sagrado en cuanto ser humano, y más cercano que distante de nosotros en cuanto miembro de otra confesión u otro partido. Sólo así, en opinión de estos educadores, no se lesionan los elementos centrales del humanismo integral que se encuentran como un germen en la personalidad del niño.


Principios pedagógicos de la Institución Libre de Enseñanza

Los principios pedagógicos de la Institución Libre de Enseñanza
1. El principio fundamental es educar a sus alumnos, que incluye la instrucción de todas las funciones y energías del cuerpo y del alma. Para ello es primordial el principio de la «reverencia máxima que al niño se debe». Ajena a todo particularismo religioso, filosófico y político, se propone sembrar en la juventud, con la más absoluta libertad, la más austera reserva en la elaboración de sus normas de vida y el respeto más religioso para cuantas sinceras convicciones consagra la historia.
2. Pretende despertar el interés de sus alumnos hacia una amplia cultura general, de múltiple orientación, cada época especialmente exige, para cimentar luego en ella, según les sea posible, una educación profesional de acuerdo con sus aptitudes y vocación, escogida más a conciencia de lo que es usual; tiende a prepararlos para ser en su día científicos, literatos, abogados, médicos, ingenieros, industriales...; pero sobre eso, y antes que todo eso, personas capaces de concebir un ideal, de gobernar con sustantividad su propia vida y de producirla mediante el armonioso consorcio de todas sus facultades.
3. La coeducación es un principio esencial del régimen escolar. No existe fundamento para prohibir en la escuela que uno y otro sexo viven como en la familia y en la sociedad. Juzga la coeducación como uno de los resortes fundamentales para la formación del carácter moral, así como de la pureza de costumbres, y el más poderoso para acabar con la actual inferioridad positiva de la mujer, que no empezará a desaparecer hasta que aquélla se eduque, en cuanto a la cultura general, no sólo como, sino con el hombre.
4.  Aspira a que sus alumnos puedan servirse pronto y ampliamente de los libros como fuente capital de cultura; pero no emplea los llamados «de texto», ni las «lecciones de memoria» al uso, por creer que todo ello contribuye a petrificar el espíritu y a mecanizar el trabajo de clase, donde la función del maestro ha de consistir en despertar y mantener vivo el interés del niño, excitando su pensamiento, sugiriendo cuestiones y nuevos puntos de vista, enseñando a razonar con rigor y a resumir con claridad y precisión los resultados. La clase no sirve para «dar y tomar lecciones», o sea para comprobar lo aprendido fuera de ella, sino para enseñar y aprender a trabajar, fomentando, que no pretendiendo vanamente suprimir, el ineludible esfuerzo personal, si ha de haber obra viva, y cultivándolo reflexivamente, a fin de mejorar el resultado.
5. La Institución considera indispensable para la eficacia de su obra la activa cooperación de las familias. Nada es tan nocivo para la educación del niño como el manifiesto o latente desacuerdo entre su familia y su escuela. Nada, por el contrario, tan favorable como el natural y recíproco influjo de una en otra.
6. La educación elemental y la secundaria no pueden separarse. Forman un proceso continuo que también debe extenderse a las universidades con los mismos métodos.
7. Las clases deben ser una conversación, familiar e informal entre maestros y alumnos, llevados por un espíritu de descubrimiento: métodos intuitivos, realidades en vez de abstracciones, objetos en vez de palabras, diálogo socrático, el aula debe ser un taller, el maestro un director, los alumnos una familia.
8. La disciplina no puede basarse en castigos, sino en la idea de la corrección y la reforma. Los juegos y otras actividades libres son lo que da la mejor oportunidad para observar las inclinaciones de los niños. La obediencia a la ley debe excluir todo predominio de la voluntad independiente o de un poder dictatorial.
9. Se propugna el principio de la pedagogía activa y en íntimo contacto con la vida, el método intuitivo, expresión acuñada por Pestalozzi y Frobel. Cuando se funda la Institución Libre de Enseñanza, la influencia teórica central viene de estos dos pedagogos y, aunque nunca se abandone del todo, el método intuitivo va modernizándose y enriqueciéndose al contacto cotidiano con las ideas de aquí y de allí hasta alcanzar unas dimensiones plenamente contemporáneas por obra del genio educador de Manuel Bartolomé Cossío.

10. Pone gran interés la Institución en formar en la salud y la higiene, el decoro personal de hábitos y maneras; la amplitud, elevación y delicadeza del sentir; la depuración de los gustos estéticos; la tolerancia, la alegría, la serenidad, la conciencia del deber, la lealtad, la disposición a vivir como se piensa. Utiliza el trabajo intelectual sobrio e intenso, el juego corporal al aire libre, la relación con la naturaleza y con el arte. Reniega del sistema corruptor de exámenes, de la emulación, de los premios y castigos, del espionaje hacia los alumnos.
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Cuando uno lee estos principios pedagógicos de la Institución Libre de Enseñanza, nacidos en el último tercio del siglo XIX, vigentes aún en el mundo más avanzado de la educación, y comprueba, a la vez, la realidad actual de la educación en España, no puede uno menos de echarse las manos a la cabeza y pensar: ¿Pero qué está ocurriendo, en nuestro país, que no se acierta a tomar conciencia de lo importante que es la educación para cualquier pueblo? ¿Por qué no se ha alcanzado un acuerdo social amplio sobre educación, durante toda la transición democrática? ¿Cómo es posible que, teniendo estos antecedentes como los de la Institución Libre de Enseñanza, los partidos gobernantes, de uno y otro signo, los ignoren y sigan dando palos de ciego en una materia de tanta trascendencia social? ¿A ver si al final, tenemos que reconocer que somos un pueblo menos avanzado social y culturalmente de lo que creemos?
Lo que está ocurriendo con la educación, durante toda la transición, y con la sanidad, en los últimos años, así parece confirmarlo. Pues bien, no lo olvidemos, estos son los dos primeros índices (la educación y la salud) del nivel y del progreso cultural y social de cualquier pueblo. ¿Hasta cuándo vamos a seguir así? Eso parece que va a depender más de los ciudadanos que de los políticos gobernantes, pues éstos, encerrados -como están- en su burbuja de privilegios, siguen haciendo oídos sordos a los graves problemas sociales que padecen los sectores más débiles de la sociedad, cada vez más amplios. 






LA INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA

LA INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA

La Institución Libre de Enseñanza fue fundada en 1876 por un grupo de catedráticos (entre los que se encontraban Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate y Nicolás Salmerón), separados de la Universidad por defender la libertad de cátedra y negarse a ajustar sus enseñanzas a los dogmas oficiales en materia religiosa, política o moral. Ello les obligó a proseguir su tarea educadora al margen de los centros universitarios del Estado, mediante la creación de un establecimiento educativo privado, cuyas primeras experiencias se orientaron hacia la enseñanza universitaria y, después, a la educación primaria y secundaria.
No ha existido en España una época tan importante, en el mundo de la educación, como la que vivió la Institución Libre de Enseñanza. Esta Institución defiende la escuela laica y los principios y valores como el diálogo, la tolerancia, la justicia, la paz y el respeto a todas las creencias religiosas así como la propia espiritualidad humana. Defendió también los ideales de la España liberal e intentó crear una sociedad más racional, más justa y más humana. Gozó de un gran prestigio en España y en el extranjero hasta la guerra civil, y fue el primer intento de modernizar la educación en España. Hoy sigue siendo un punto obligado de referencia en el mundo de la educación, pues ninguna de las leyes de educación, en la democracia reciente de nuestro país, han intentado renovar la educación y liberarla de toda presión de poder; ninguna ha nacido de un consenso social, como ocurre en los países más avanzadas en educación, sino que más bien han servido y sirven a los intereses de los partidos gobernantes y del capitalismo conservador (mal llamado neoliberal).

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Institución libre de enseñanza (ILE), enseñar y aprender


La Institución Libre de Enseñanza fue disuelta por un BOE de 28 de mayo de 1940. En 1978, tras casi cuarenta años de silencio, de destierro, de dolor… volvió a la actividad la Fundación Giner de los Ríos y en 1985 se produjo la devolución del emblemático local de la ILE de la calle Martínez Campos de Madrid. Recuperar en un estado muchas veces ruinoso parte del patrimonio –físico y simbólico- incautado a la Institución tras la guerra civil ha sido un proceso largo y lleno de dificultades.
En ningún momento se planteó la posibilidad de volver a abrir un centro educativo: demasiadas dudas y demasiadas dificultades: inversiones económicas, especialización... Hoy la Institución Libre de Enseñanza es un espacio para la reflexión: la Fundación Giner de los Ríos, la Agrupación de Antiguos Alumnos, la segunda época del BILE. Hoy la Institución Libre de Enseñanza es, por encima de cualquier otra cosa, un referente que resume lo mejor de nuestra tradición pedagógica. En estos días en los que no se encuentran modelos, los ideales de ilustración de los hombres y mujeres de la Institución continúan tan vigentes como su ideario pedagógico que podría resumirse en los siguientes conceptos: "trabajo intelectual sobrio e intenso, juego corporal al aire libre, larga y frecuente intimidad con la naturaleza y con el arte, contra el sistema corruptor de exámenes, de emulación, de premios y castigos", la libertad en educación, neutralidad, la coeducación y la educación femenina, la educación estética, la educación física, la educación moral, la escuela activa, la escuela unificada, la importancia de las bibliotecas escolares.




viernes, 24 de enero de 2014

“Educar es convertir a alguien en persona” (Enrique Rojas)

“Educar es convertir a alguien en persona”

(Enrique Rojas, Catedrático de Psiquiatría y Psicología Médica y director del Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas de Madrid)

—Tres consejos para la educación: no te rindas, es el título de su conferencia del próximo lunes. ¿Cuáles son?
—Cómo educar los sentimientos, la inteligencia y la voluntad. Educar los sentimientos es conseguir que una persona tenga una afectividad estable; aprender que el amor es el primer argumento de la vida y que no hay felicidad sin amor y no hay amor sin renuncia. En cuanto a la educación de la inteligencia, es enseñar a la gente la importancia de la lectura, del desarrollo de los instrumentos de la razón y de la lógica de saber distinguir lo que es accesorio de lo fundamental.
—¿Y la educación de la voluntad?
—Es la joya de la corona de la conducta. Significa enseñar a que las personas no se abandonen, sino que trabajen su proyecto con laboriosidad.
—¿Piensa que estos conceptos están dentro de la sociedad?
—Educar es convertir a alguien en persona, es seducir por encantamiento y ejemplaridad; educar es enseñarle al hombre lo que es la vida. Esta última definición implica dos notas: qué es el hombre y qué es la vida. El hombre es un ser racional, el único ser vivo capaz de decir no a los sentimientos. Y la vida es el principal argumento de cada uno de nosotros. Y la vida tiene en su seno cuatro grandes notas: amor, trabajo, cultura y amistad.
—En casa siempre me dijeron mis padres que con educación se va a todas partes...
—¡Qué bonita frase! Es toda una tradición andaluza y española. La palabra educación tiene dos etimologías muy interesantes: educare, que en latín significa extraer o sacar fuera, y educere, de latín moderno, que significa acompañar. Por lo tanto, educar es entusiasmar con los valores.
—¿Qué entiende la sociedad por educación?
—De entrada, entiende norma de urbanidad. Es, además, la ética y la estética. La ética es el arte de usar de forma correcta la libertad. Y la estética, la capacidad para descubrir la belleza que hay a nuestro alrededor.
—¿Y cree que en esta sociedad en que vivimos esa ética y estética están presentes?
—No. El gran escándalo de la sociedad actual es la perfección de los medios y la confusión de los fines. Nunca el ser humano había sabido tanto de todo y al mismo tiempo nunca había estado tan perdido. Eso es un escándalo, porque los jóvenes están perdidos.
—¿Y qué me puede decir de las crisis conyugales?
—El amor conyugal se ha convertido en un deporte de alto riesgo, como el parapente, porque tiene un alto porcentaje de artesanía psicológica y de renuncia. Hay mucha prisa por llegar, pero no sabemos a dónde. La felicidad es el resultado de un proyecto de vida.
—Pero la felicidad, tal y como se entiende ahora mismo, es matizable. ¿Con qué piensa que el hombre actual es feliz?
—El hombre de esta sociedad es feliz con tres cosas: bienestar, nivel de vida y seguridad.
—¿Y no es la felicidad algo más que eso?
—La felicidad está por encima de esas tres cosas que hoy demanda la sociedad. Consiste en hacer algo que merece la pena, algo grande cada uno según posibilidades y situación.
—Pero todos tendemos a fijarnos en la persona que tenemos a nuestro lado y, claro, surgen las comparaciones.
—Uno de los errores que cometemos con frecuencia es mirar la vida ajena. Y esto produce reacciones de envidia, que no es otra cosa que tristeza ante el bien ajeno.
—¿Y cómo evitaríamos la envidia?
—Mirando más la vida propia que la del otro. Y si uno siente recelo de que el otro tiene más cosas en positivo, intentar la emulación.
—Dígame entonces, si es posible, una definición de la felicidad en pocas palabras.
—La felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria, es decir, capacidad para olvidar las cosas malas del pasado.
—¿Hacia dónde camina esta sociedad en cuestión de educación?
—Los siglos XV y XVI son los siglos de la poesía; el XVII, el del teatro; el siglo XVIII es la Ilustración, la entronización de la razón. El siglo XIX es el del Romanticismo y tiene en la novela sus principales educadores. El siglo XX es el del Periodismo y el cine. El siglo XXI, por el momento, es el de las redes sociales. Todo está interconectado. Todo tiene que ver con todo, lo cual responde a la tesis de McLuhan de que estamos en un mundo global.
«No hay crisis de la familia, sino de la persona»
Enrique Rojas presentó, hace un mes, el nuevo suplemento «ABC familia», algo que considera «un honor», a la par que precisa, al referirse a ésta, que «no hay una crisis de la familia, sino una crisis de la persona. En la sociedad actual se han ido creando personas más débiles, más endebles y menos sólidas. En consecuencia, la familia pierde apoyo porque no hay solidez en lo fundamental. Ante esto hay que conseguir que el edificio no se derrumbe, sino que esté con una arquitectura sólida: solidez de los sentimientos, de la inteligencia y de la voluntad».



lunes, 20 de enero de 2014

Juan José Tamayo, teólogo valiente y comprometido


Director de la cátedra de teología en la Universidad Carlos III
Juan José Tamayo-Acosta: ´Jesús le diría al Papa que va bien, pero falta ´un creyente, un voto´
"Todos los Gobiernos han sido rehenes de la Iglesia y todavía quedan muchos restos de nacionalcatolicismo en España"
Paco Cerdá 17.11.2013 | 02:17
El teólogo Juan José Tamayo-Acosta, referente de la Teología de la Liberación en España. / la opinión
Juan José Tamayo es el referente de la Teología de la Liberación en España. Catedrático y secretario de la Asociación de Teólogos Juan XXIII, su último libro, publicado en 2012, es Invitación a la utopía.
-Usted predica la Teología de la Liberación. ¿Pero hay mayor liberación que despojarse del yugo de la religión?
-Buena parte de la vida nos la pasamos liberándonos de yugos y presiones. El primero es la familia, con sus normas y controles. Y otro yugo importante es la religión, que impone el control sobre la mente con ciertos dogmas, sobre el cuerpo con su moralina sexual, y sobre las costumbres con sus rituales. En países donde la religión ha tenido poder, como España, ese yugo es mayor.
-¿Aún es posible una Iglesia de izquierdas?
-No solo es posible, sino que realmente existe. Porque se tiende a confundir la Iglesia con el clero o la jerarquía. Eso es una parte minoritaria de la Iglesia y hay que desmitificar su poder. Tienen poder, no autoridad. Porque el poder no lo otorgan los creyentes, como ocurre en una democracia. Por eso, la reforma de la Iglesia requiere su democratización: un creyente, un voto. Así era el origen de la Iglesia cristiana. Los primeros obispos y Papas eran nombrados por los propios creyentes. Hay que aplicar la vieja máxima: 'Quien gobierna a todos debe ser elegido por todos'.
-Si Jesús de Nazaret viera al papa Francisco, ¿qué pensaría?
-Jesús le diría: 'Vas por buen camino, Francisco. Estás siguiendo los pasos que aparecen en el Evangelio. Pero no te desvíes, no te dejes llevar por la pompa del poder ni por corifeos y aduladores. No caigas en el peligro del culto a la personalidad. Y no quieras hacer tú solo el cambio en la Iglesia. Han de concurrir todos los creyentes'. Porque Jesús se escandalizaría del ejercicio del papado de los pontífices anteriores.
-Usted fue muy crítico con Juan Pablo II y Benedicto XVI.
-Sí, porque se alejaron del Concilio Vaticano II, que puso las bases para reformar la Iglesia y liberarla del peso y la injerencia de los poderes públicos, y del autoritarismo. Pero ellos escogieron el camino del autoritarismo y la jerarquía, negando toda capacidad de participación de la comunidad cristiana.
-¿Y hay mucho Judas de la reforma dentro de la curia vaticana?
-(Sonríe). Digamos que es el lugar donde más patologías hay dentro de la Iglesia. Es donde más alejado se está de los principios evangélicos de pobreza, humildad y servicio al prójimo. Allí se mueven más por criterios de poder y control.
-Si usted fuera mujer, creería en una Iglesia que la margina y la "humilla", según sus palabras.
-Si yo fuera mujer, y conste que soy un teólogo feminista, seguiría luchando por una Iglesia paritaria. Lucharía por lograr una comunidad de iguales donde el sexo no fuera motivo de discriminación, sino elemento de pluralismo. Combatiría ferozmente toda la masculinidad y el patriarcado que predomina en la Iglesia. Ha de existir una Iglesia igualitaria en el acceso a lo sagrado, en la toma de decisiones, en las responsabilidades o en la elaboración de la doctrina. Si no, la Iglesia discrimina a más de la mitad de sus miembros.
-Y así, difícilmente puede la Iglesia aspirar a ser universal?
-Exacto: ésa es la mayor contradicción. La Iglesia católica no puede considerarse universal si adopta una actitud de exclusión sistemática y por ley a una parte de sus miembros. La universalidad de la Iglesia es negada por sus propios comportamientos excluyentes: de las mujeres, de los homosexuales, de los divorciados que se han vuelto a casar, de otras etnias, de sindicalistas de clase, de opciones políticas de izquierdas?
-Si los cristianos apoyan en su mayoría el laicismo del Estado, ¿por qué España no es laica?
-¡Esa es la pregunta que llevo haciéndome años! Las dificultades para un Estado laico en España no provienen de los cristianos de base, sino de una alianza explícita o tácita entre el poder de la Iglesia y los diferentes gobiernos. Todos los Gobiernos de España, hayan sido de izquierdas, de derechas o de centro, han sido rehenes de la Iglesia y se han plegado a sus reivindicaciones para que no haya un Estado laico. Por eso, quedan restos de nacionalcatolicismo.
-¿Hay restos nacionalcatólicos?
-¡Claro! Quedan muchos restos.
-¿Como cuáles?
-Los funerales de Estado, las juras del Gobierno ante la Constitución, la Biblia y el crucifijo; la casilla de la renta sólo para la Iglesia católica; o la enseñanza de religión confesional en la escuela pagando 'sus' profesores.
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Vuelve la Inquisición

La jerarquía católica española y vaticana está endureciendo su actitud y multiplicando sus condenas a varios de los teólogos españoles más comprometidos con el mensaje del Jesús “histórico”. Uno de los más “perseguidos” está siendo Juan José Tamayo Acosta (Palencia, 1946), director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid. Tamayo es autor de más de 50 libros, donde aborda los grandes temas del cristianismo en diálogo con la cultura moderna y en pro de los excluidos y marginados, en la línea de la Teología de la Liberación.
Cuando surgen voces diferentes, pero honestas, como la del citado o las de los conocidos Hans Küng o Leonardo Boff, el Vaticano se encabrita y los obispos españoles, como los de Madrid y Barcelona, de Palencia y de Oviedo, LOS vetan en sus diócesis.
Los obispos inquisidores tienen horror al pensamiento crítico y miedo al debate, y han vuelto a caer en los errores que el Concilio Vaticano II intentó eliminar de la Iglesia Católica: dogmatismo, autoritarismo, incapacidad de dialogar y negación de la autocrítica. Se repliegan ante los escándalos mundiales de la pederastia, culpando a la “libertad sexual”, y se defienden de las críticas a su infame homofobia enarbolando de forma obscena su “derecho a la libertad de expresión”. Y, para remate, cuando se les pide colaborar a la solución de la crisis en España renunciando a sus privilegios económicos, chantajean a la opinión pública y al Estado amenazando con falsas y cínicas referencias a las actividades de Cáritas. Los libros de Tamayo no hacen daño a los cristianos comprometidos, sino que les ayudan a hacer viva su fe. Lo que sí daña es un concepto de Iglesia basado en el miedo a la condenación eterna.— Rafael Plaza Veiga.

EL PAIS OPINIÓN