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lunes, 10 de junio de 2013

Les Luthiers y la educación de la sensibilidad


En la educación de la sensibilidad, Les Luthiers ocupan un lugar destacado, a lo largo de más de medio siglo, debido a su talento, su originalidad y su elevado sentido del humor



Les Luthiers: Origen y Trayectoria

A comienzos de los años 60, se desarrollaba en la Argentina una intensa actividad coral universitaria. Todos los años se realizaban festivales corales nacionales, cuya sede iba rotando entre distintas ciudades. Duraban una semana y representaban un importante acontecimiento cultural. 

En 1965, el joven arquitecto Gerardo Masana
, quien cantaba en el coro de la facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, compuso la Cantata Modatón, cuya letra estaba basada en el prospecto de un laxante. 

La idea era estrenar esa obra en el encuentro que se realizaría ese año en la ciudad de Tucumán, como parte de las humoradas informales que solían hacer los estudiantes para amenizar el cierre de los festivales. Se trataba de divertir a la audiencia con la parodia de una cantata al estilo de Johann Sebastian Bach, interpretada por solistas, coro y una orquesta de exóticos instrumentos construidos por los mismos estudiantes. 

La Cantata Modatón –que más adelante pasaría a llamarse Laxatón- reunió por primera vez en un escenario a cinco futuros integrantes de Les Luthiers: Marcos Mundstock, Daniel Rabinovich, Carlos Núñez Cortés, Jorge Maronna –de sólo 17 años- y Gerardo Masana, autor e impulsor del proyecto.

El éxito fue rotundo; nadie esperaba semejante despliegue de originalidad y talento en un festival amateur. La revista Confirmado publicó un artículo donde resaltó a la Cantata Laxatón como el hecho más destacado del festival. 

Poco después, un periodista les ofreció contactarlos con el dueño de un teatro para realizar una serie de funciones. Pero para eso, necesitaban un nombre. Optaron por I Musicisti, parodiando al conjunto barroco italiano I Musici.

¿Música? Sí, claro, fue el título del primer espectáculo de I Musicisti, estrenado en 1966. El mismo fue decisivo para que, poco después, el grupo pudiera ser aceptado en la programación del célebre Instituto Di Tella, un centro cultural de vanguardia cuyas obras, llamadas a revolucionar las concepciones artísticas de la época, causaban una gran polémica. 

El nuevo espectáculo se bautizó IMYLOH (I Musicisti y las óperas históricas). La repercusión fue notoria, tanto entre la crítica especializada como entre el público. Pero una serie de desacuerdos entre los integrantes del grupo, motivaron que en septiembre de 1967 Masana decidiera separarse, llevándose sus partituras y sus instrumentos. Inmediatamente se fueron con él Mundstock, Rabinovich y Maronna. Carlos Núñez Cortés se les sumaría un año y medio más tarde. 

Por sugerencia de Maronna, los “disidentes” adoptaron el nombre de Les Luthiers, y volvieron al Di Tella en noviembre de ese año, con el show Les Luthiers cuentan la ópera. 

A fines de 1969 se sumó al grupo Carlos López Puccio. Les Luthiers adquirió así su conformación definitiva, que sólo se vería alterada por el paso de Ernesto Acher (quien se incorporó en 1971 y se retiró en 1986) y el fallecimiento de Masana, en noviembre de 1973 (con tan solo 36 años), producto de una enfermedad terminal. 

Su desaparición fue un duro golpe para los luthiers. Hasta el día de hoy, en todos los programas de mano de los espectáculos del conjunto se lee: “Fundado por Gerardo Masana en 1967”.

Los años 70 fueron sumamente prolíficos para el conjunto: lanzaron cinco discos, presentaron diez espectáculos, y realizaron giras internacionales que los llevaron a Uruguay, Venezuela, España, México, Chile y Brasil, país en que presentaron un show traducido al portugués. 

Los logros continuaron durante los años 80. Les Luthiers siguió sumando países a sus giras, tales como Colombia, Paraguay, Perú, Cuba, Israel y Ecuador.

En esta década el conjunto realizó además tres funciones inolvidables. La primera (1980) tuvo lugar en el Lincoln Center de Nueva York, con un espectáculo traducido al inglés. 

La segunda –tal vez la más memorable- fue el 11 de agosto de 1986, día en que se presentaron en el Teatro Colón de Buenos Aires, uno de los grandes templos de la lírica mundial, lo que significó un importante reconocimiento a la trayectoria del grupo. Y dos años más tarde, el 26 de diciembre de 1988, con motivo de la celebración de los cinco años de la recuperación de la democracia en la Argentina, realizaron una actuación sobre un enorme escenario montado en las avenidas 9 de Julio y Libertador, ante más de 50.000 personas.

En 1995 asumió la representación del conjunto Lino Patalano, un reconocido productor artístico, manager de destacadas figuras, como el bailarín Julio Bocca y la actriz Norma Aleandro. Patalano dio un renovado impulso a la proyección internacional de Les Luthiers. Como consecuencia, el grupo intensificó sus giras por España y las principales capitales latinoamericanas.

El 21 de agosto de 2000 Les Luthiers volvió al Teatro Colón, con una función a beneficio del Collegium Musicum de Buenos Aires, acompañado por la Camerata Bariloche, con la que posteriormente presentaron otro espectáculo, El grosso concerto.

La abrumadora demanda de entradas de Les Luthiers en la Argentina hizo que en 2004, el conjunto buscara un lugar de mayores dimensiones para sus temporadas en Buenos Aires. Así, cambiaron al Teatro Coliseo, que fue su “sede” durante casi 30 años, por el Gran Rex, con capacidad para 3.300 espectadores (casi 1.500 más que el Coliseo). La reacción del público superó las expectativas: Ese año hicieron 43 funciones.

En enero de 2005, el grupo se presentó en el 45° Festival Nacional de Folclore de Cosquín, en la provincia argentina de Córdoba. Allí, 11.000 espectadores celebraron y aplaudieron el repertorio folclórico que Les Luthiers preparó para esa ocasión; fue otra función inolvidable para todos sus integrantes. 






jueves, 27 de diciembre de 2012

Música y poesía en la educación de la sensibilidad


MÚSICA Y POESÍA en la educación de la sensibilidad



Música y poesía nacieron una al lado de la otra, permaneciendo unidas como dos amantes, con sus desencuentros e incomprensiones. Por eso, uno de los debates, en la estética musical, ha sido las relaciones entre la poesía (o el texto) y la música. Son muchos los poetas que han sentido un gran atractivo por la música, y no sólo los poetas cantores. “A veces la música se adueña de mi como un mar. Ha sido -esa música- uno de los grandes deleites de mi vida”, escribió Baudelaire, y Ronsard cantó: “No es digno de ver la suave luz del sol, aquel que no hace honor a la música”. Alguien dijo que los poetas y los músicos son los hijos sagrados de las musas. Pensemos también en el vigor y el ardor con que la canción popular (música y poesía) ha impregnado el espíritu y la cultura de todos los pueblos. “La poesía, la música y otras formas del arte son, con mucho, los medios más adecuados para describir la experiencia humana”, dice E. Fromm.
En la educación de la sensibilidad, la música y la poesía ocupan un lugar destacado. El niño y el adolescente, en contacto con estas dos artes, aprenden a desarrollar ese campo fundamental de la educación, que denominamos de la sensibilidad y la creatividad, esenciales en toda educación integral. Todo sistema educativo, que se precie de ser integral, ha de poner al niño, desde su tierna infancia, en contacto con la música y la poesía.
Poesía y música están presentes hoy, y han estado siempre, en la pluma del poeta leonés, Ángel Fierro. Toda su poesía es la expresión de una profunda y espontánea inspiración, acompañada de un ritmo musical interno que, al leerla, uno tiene la sensación de estar escuchando, a la vez, las dos artes ensambladas. Ello se debe a la musicalidad innata de este poeta y a su conocimiento y amor por ambas artes. Por este motivo, abrimos, hoy, esta entrada del Blog sobre la educación de la sensibilidad, con una publicación del Diario de León sobre el poeta.


«Mi poesía tiene vocación existencial» ( Diario de León - 18/12/2012 )