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lunes, 2 de marzo de 2020

Ernesto Cardenal: el adiós del cura poeta


Ernesto Cardenal: el adiós del cura poeta que nunca se supo arrodillar
El sacerdote y ex ministro de Cultura sandinista murió anoche a los 95 años. Destacado líder de la Teología de la Liberación, fue perseguido por Juan Pablo II y rehabilitado por Francisco y se convirtió en el mayor crítico de Daniel Ortega
Jesús Bastante  - en religiondigital.com
02/03/2020 - 
La imagen dio la vuelta al mundo y fue el símbolo de lo inflexible de un pontificado. El 4 de marzo de 1983, Juan Pablo II llegaba a Nicaragua, y su ministro de Cultura, el sacerdote y poeta Ernesto Cardenal, lo recibió arrodillado. Con gesto duro y el dedo índice señalándole, Wojtyla reprendió públicamente al religioso por formar parte (como también su hermano Fernando, otro sacerdote) del Gobierno sandinista.
El Papa que odiaba a los comunistas no podía soportar a dos curas, integrantes de la Teología de la Liberación, formando parte de un Gobierno 'rojo'. "Usted debe regularizar su situación", le amonestó Wojtyla. Cardenal sólo pudo callar, sonreír y seguir hacia adelante. Ese cura arrodillado, que jamás postró sus ideas, acaba de morir, a los 95 años, en Managua.
Ernesto Cardenal nunca fue un cura al uso. Poeta, político, intelectual reconocido en todo el mundo, fue condenado por el Vaticano pocos meses después de aquella visita de Wojtyla y debió esperar 35 años para ser rehabilitado por la Iglesia. Tuvo que ser Francisco, el primer Papa latinoamericano, quien volviera a permitirle celebrar la Eucaristía.
Un guía moral
En cuanto se conoció la muerte de Cardenal, las condolencias no tardaron en llegar. El también escritor nicaragüense y premio Cervantes 2017, Sergio Ramírez, afirmaba que "al morir Ernesto Cardenal pierdo a un hermano mayor, amigo entrañable y vecino de muchos años, un guía moral, un modelo literario. Con él se va parte esencial de mi propia historia".
El fallecimiento fue anunciado por su compañera, la poetisa Gioconda Belli. "Les escribo para avisarles que Ernesto Cardenal, nuestro gran poeta, acaba de morir a sus 95 años después de una vida de entrega a la poesía, la lucha por la libertad y la justicia", afirmó Belli, añadiendo que el poeta será enterrado en la comunidad que él mismo fundó, Solentiname, e invitó al pueblo nicaragüense a participar, este lunes, en el funeral en la catedral de Managua.
No adoro dictadores
Por su parte, el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, que según algunas fuentes dio la extrema unción a Cardenal, dio su último adiós al amigo, quien ahora puede cantar su Salmo 15 delante de Dios: "No hay dicha fuera de ti. Yo no rindo culto a las estrellas de cine, ni a los líderes políticos y no adoro dictadores".
"Mi poesía tiene un compromiso social y político, mejor dicho, revolucionario. He sido poeta, sacerdote y revolucionario", se definió Cardenal en 2012, al ser reconocido con el Premio Iberoamericano de Poesía Reina Sofía.
Merton y Solentiname
Nacido el 20 de enero de 1925 en Granada, en el seno de una de las familias más respetables del país, el futuro sacerdote creció en una de las casonas más emblemáticas de la capital conservadora de Nicaragua. Aunque su familia había decidido para él la carrera de Derecho, pronto se rindió ante su vocación literaria. Viajó a México y Estados Unidos y en 1957 ingresó en el monasterio trapense de Gethsemaní, en Kentucky. Allí el religioso conoció a su mayor influencia literaria: Thomas Merton, quien fue su maestro de novicios. Su influencia fue decisiva para la fundación en 1966 de la comunidad de Solentiname.
Solentiname se convirtió desde muy pronto en un refugio para los líderes guerrilleros que luchaban contra la dictadura de Somoza. Tras el triunfo de la revolución en 1979, Cardenal fue nombrado ministro de Cultura, cargo en el que permaneció hasta 1987. Su hermano Fernando fue titular de Educación hasta 1990.
"Mi fe es en Cristo, no en el Vaticano"
"El cristianismo tal como lo vemos en el Vaticano, no es el que Cristo quiso para la iglesia; pero mi fe es en Cristo, no en el Vaticano; si el Vaticano se aparta de Cristo, yo sigo con Cristo", explicaba Cardenal a la BBC en 2007. Sin embargo, la llegada de Francisco y su idea de Iglesia pobre y para los pobres volvió a acercar al teólogo a la cúpula vaticana. Y si Juan Pablo II le condenó, Bergoglio rehabilitó al poeta revolucionario.
No ocurrió lo mismo en lo político. Desencantado por la corrupción sandinista, Cardenal se apartó de Daniel Ortega, convirtiéndose en su mayor crítico después de su regreso al poder en 2007. De hecho, los últimos meses del poeta estuvieron marcados por una creciente persecución. Hace justo un año, el sacerdote trapense exigió la salida de Ortega y de su mujer, Rosario Murillo. "Queremos simplemente que la pareja presidencial se vaya, no hay nada que dialogar (…). Ellos deberían saber lo que está pasando sin que yo se los diga. No tengo libertad para decirlo, no hay libertad de ninguna clase. Cualquiera puede sufrir la represión. Ni yo estaría libre tampoco".
Sin embargo, al conocerse el fallecimiento del poeta, el Gobierno ha decretado tres días de duelo nacional, calificando a Cardenal de "gloria y orgullo" de Nicaragua.
Toda la información en www.religiondigital.org


lunes, 20 de enero de 2014

Juan José Tamayo, teólogo valiente y comprometido


Director de la cátedra de teología en la Universidad Carlos III
Juan José Tamayo-Acosta: ´Jesús le diría al Papa que va bien, pero falta ´un creyente, un voto´
"Todos los Gobiernos han sido rehenes de la Iglesia y todavía quedan muchos restos de nacionalcatolicismo en España"
Paco Cerdá 17.11.2013 | 02:17
El teólogo Juan José Tamayo-Acosta, referente de la Teología de la Liberación en España. / la opinión
Juan José Tamayo es el referente de la Teología de la Liberación en España. Catedrático y secretario de la Asociación de Teólogos Juan XXIII, su último libro, publicado en 2012, es Invitación a la utopía.
-Usted predica la Teología de la Liberación. ¿Pero hay mayor liberación que despojarse del yugo de la religión?
-Buena parte de la vida nos la pasamos liberándonos de yugos y presiones. El primero es la familia, con sus normas y controles. Y otro yugo importante es la religión, que impone el control sobre la mente con ciertos dogmas, sobre el cuerpo con su moralina sexual, y sobre las costumbres con sus rituales. En países donde la religión ha tenido poder, como España, ese yugo es mayor.
-¿Aún es posible una Iglesia de izquierdas?
-No solo es posible, sino que realmente existe. Porque se tiende a confundir la Iglesia con el clero o la jerarquía. Eso es una parte minoritaria de la Iglesia y hay que desmitificar su poder. Tienen poder, no autoridad. Porque el poder no lo otorgan los creyentes, como ocurre en una democracia. Por eso, la reforma de la Iglesia requiere su democratización: un creyente, un voto. Así era el origen de la Iglesia cristiana. Los primeros obispos y Papas eran nombrados por los propios creyentes. Hay que aplicar la vieja máxima: 'Quien gobierna a todos debe ser elegido por todos'.
-Si Jesús de Nazaret viera al papa Francisco, ¿qué pensaría?
-Jesús le diría: 'Vas por buen camino, Francisco. Estás siguiendo los pasos que aparecen en el Evangelio. Pero no te desvíes, no te dejes llevar por la pompa del poder ni por corifeos y aduladores. No caigas en el peligro del culto a la personalidad. Y no quieras hacer tú solo el cambio en la Iglesia. Han de concurrir todos los creyentes'. Porque Jesús se escandalizaría del ejercicio del papado de los pontífices anteriores.
-Usted fue muy crítico con Juan Pablo II y Benedicto XVI.
-Sí, porque se alejaron del Concilio Vaticano II, que puso las bases para reformar la Iglesia y liberarla del peso y la injerencia de los poderes públicos, y del autoritarismo. Pero ellos escogieron el camino del autoritarismo y la jerarquía, negando toda capacidad de participación de la comunidad cristiana.
-¿Y hay mucho Judas de la reforma dentro de la curia vaticana?
-(Sonríe). Digamos que es el lugar donde más patologías hay dentro de la Iglesia. Es donde más alejado se está de los principios evangélicos de pobreza, humildad y servicio al prójimo. Allí se mueven más por criterios de poder y control.
-Si usted fuera mujer, creería en una Iglesia que la margina y la "humilla", según sus palabras.
-Si yo fuera mujer, y conste que soy un teólogo feminista, seguiría luchando por una Iglesia paritaria. Lucharía por lograr una comunidad de iguales donde el sexo no fuera motivo de discriminación, sino elemento de pluralismo. Combatiría ferozmente toda la masculinidad y el patriarcado que predomina en la Iglesia. Ha de existir una Iglesia igualitaria en el acceso a lo sagrado, en la toma de decisiones, en las responsabilidades o en la elaboración de la doctrina. Si no, la Iglesia discrimina a más de la mitad de sus miembros.
-Y así, difícilmente puede la Iglesia aspirar a ser universal?
-Exacto: ésa es la mayor contradicción. La Iglesia católica no puede considerarse universal si adopta una actitud de exclusión sistemática y por ley a una parte de sus miembros. La universalidad de la Iglesia es negada por sus propios comportamientos excluyentes: de las mujeres, de los homosexuales, de los divorciados que se han vuelto a casar, de otras etnias, de sindicalistas de clase, de opciones políticas de izquierdas?
-Si los cristianos apoyan en su mayoría el laicismo del Estado, ¿por qué España no es laica?
-¡Esa es la pregunta que llevo haciéndome años! Las dificultades para un Estado laico en España no provienen de los cristianos de base, sino de una alianza explícita o tácita entre el poder de la Iglesia y los diferentes gobiernos. Todos los Gobiernos de España, hayan sido de izquierdas, de derechas o de centro, han sido rehenes de la Iglesia y se han plegado a sus reivindicaciones para que no haya un Estado laico. Por eso, quedan restos de nacionalcatolicismo.
-¿Hay restos nacionalcatólicos?
-¡Claro! Quedan muchos restos.
-¿Como cuáles?
-Los funerales de Estado, las juras del Gobierno ante la Constitución, la Biblia y el crucifijo; la casilla de la renta sólo para la Iglesia católica; o la enseñanza de religión confesional en la escuela pagando 'sus' profesores.
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Vuelve la Inquisición

La jerarquía católica española y vaticana está endureciendo su actitud y multiplicando sus condenas a varios de los teólogos españoles más comprometidos con el mensaje del Jesús “histórico”. Uno de los más “perseguidos” está siendo Juan José Tamayo Acosta (Palencia, 1946), director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid. Tamayo es autor de más de 50 libros, donde aborda los grandes temas del cristianismo en diálogo con la cultura moderna y en pro de los excluidos y marginados, en la línea de la Teología de la Liberación.
Cuando surgen voces diferentes, pero honestas, como la del citado o las de los conocidos Hans Küng o Leonardo Boff, el Vaticano se encabrita y los obispos españoles, como los de Madrid y Barcelona, de Palencia y de Oviedo, LOS vetan en sus diócesis.
Los obispos inquisidores tienen horror al pensamiento crítico y miedo al debate, y han vuelto a caer en los errores que el Concilio Vaticano II intentó eliminar de la Iglesia Católica: dogmatismo, autoritarismo, incapacidad de dialogar y negación de la autocrítica. Se repliegan ante los escándalos mundiales de la pederastia, culpando a la “libertad sexual”, y se defienden de las críticas a su infame homofobia enarbolando de forma obscena su “derecho a la libertad de expresión”. Y, para remate, cuando se les pide colaborar a la solución de la crisis en España renunciando a sus privilegios económicos, chantajean a la opinión pública y al Estado amenazando con falsas y cínicas referencias a las actividades de Cáritas. Los libros de Tamayo no hacen daño a los cristianos comprometidos, sino que les ayudan a hacer viva su fe. Lo que sí daña es un concepto de Iglesia basado en el miedo a la condenación eterna.— Rafael Plaza Veiga.

EL PAIS OPINIÓN




jueves, 20 de diciembre de 2012

¿La religión fuera de la escuela?



¿La religión fuera de la escuela?

Esta pregunta -así hecha- está viciada de origen, pues supongamos que hacemos esta otra pregunta: ¿Las matemáticas o  la geografía (o cualquier otra materia educativa) fuera de la escuela? Diríamos que se trata de una pregunta absurda, debido a su evidente respuesta. Pero lo grave es que si esa pregunta se hace habitualmente, tratándose de la religión, es porque se dan unas condiciones muy especiales, y en particular en nuestro país, en relación con esta materia, que analizaremos enseguida. En primer lugar, si esa pregunta la hacemos tratándose de matemáticas, geografía o lengua, a nadie se le ocurriría que, en una clase de matemáticas, sólo íbamos a enseñar, geometría, pero no aritmética ni álgebra; o en la clase de geografía, sólo íbamos a hablar de geografía de Europa, pero no de África, por ejemplo; o en la de lengua, que no se iba a tratar de la sintaxis, sino sólo de la ortografía. En estos tres casos, entendemos, por sentido común y pedagógico, que los únicos límites impuestos, en la enseñanza de estas materias, vendrían señalados principalmente por los diferentes niveles de educación, pero nunca por la materia en sí.

¿Por qué, pues, se da esa confusión, incluso esa lucha, cuando se trata de religión? ¿Por qué, si se trata de las otras materias aludidas, hay acuerdo, y no lo hay al tratarse de religión? Probablemente porque “con la iglesia hemos topado”, y dicho en su sentido literal y auténtico. A lo largo de nuestra historia, cuando hablaba la iglesia, la respuesta ha sido: “amén”, es decir, hay que creer con una fe ciega lo que dice, porque “habla en nombre de Dios”, “con una autoridad divina”. No merece la pena entrar aquí en la actitud y el análisis de estas palabras, muy reveladoras por otra parte, sobre todo desde el punto de vista de un psicoanálisis profundo.

Queremos decir que, como hemos consentido que la palabra religión sea un campo exclusivo de las iglesias, y en este caso, de la católica, no ha de sorprender que por religión sólo se entienda “religión católica”, como si no existe otra religión; en cambio, si volvemos a las matemáticas, la geografía o la lengua, entendemos que la materia de estudio es entera en cada una de ellas. La ciencia y todas las demás manifestaciones del saber humano, en este contexto católico español, con mucha frecuencia se han inhibido de todo asunto religioso y han consentido el empleo de la palabra religión en ese sentido único, y no en su sentido original (de religare = unir), referida a todas las manifestaciones religiosas que han tenido lugar en el mundo, de las que la religión católica es sólo una más.

Aquí podría estar el quid de la cuestión, y cuyas consecuencias son enormes y mucho más graves de lo que parece a primera vista. Ese campo de la religión, en manos exclusivas de la iglesia católica, ha sido desvirtuado, como casi todo lo que ha tocado esta institución, a lo largo de siglos; de ahí, la necesidad, y por otra parte la dificultad, de desmontar muchos de esos hábitos. Hasta el punto de que, incluso aquellos que hablan de “la religión fuera de la escuela”, han caído en esta trampa, dando por supuesto que religión es sinónimo de “religión católica”. La confusión que se ha generado no permite hacer un análisis fácil, fehaciente y honesto de los hechos, debido a que partimos de supuestos erróneos. Bastaría con superar estos errores, para comprender y aceptar que la pregunta inicial está viciada y es improcedente.

Llegados a este punto, debemos hacernos estas otras preguntas: ¿Se debe impartir el hecho religioso en la escuela pública, es decir, una breve historia de las religiones? ¿Se debe enseñar únicamente religión católica en dicha escuela? La respuesta a estas preguntas seguramente ha de ser muy dispar. A la primera, toda persona de bien debería dar una respuesta afirmativa, porque el hecho religioso es una de las realidades más profundas de la vida, como tantas otras; no es “el opio del pueblo” (esta afirmación sólo tiene su origen en la oposición a la religión institucionalizada). La carencia de una auténtica formación religiosa tiene graves consecuencias, en la vida humana, como la carencia de una formación humanística, científica o artística, incluso probablemente más graves.

El socialista francés, Jean Jaurès, en una carta a su hijo que le pedía que le eximiera de cursar la religión, le contesta: “Cuando tengas la edad suficiente para juzgar, serás completamente libre, pero tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, y no lo serían sin un estudio serio de la religión”. Sin duda, Jaurès pensaba en la enseñanza del hecho religioso en la humanidad, no de una religión en exclusiva. Y el psicólogo y filósofo americano, Williams James, en su obra “Variedades de la experiencia religiosa”, ha tratado el hecho religioso en profundidad y con un gran respeto y admiración. En ella dice que la religión, sea lo que sea, es una reacción total del hombre ante la vida.

Otra cosa es responder a la segunda pregunta, donde ya no se conseguiría la respuesta unánime de toda persona de bien, pues se trataría, entonces, de una religión privilegiada, lo que es contrario a todo principio de independencia de poderes, y a los principios mismos que inspiraron el Concilio Vaticano II. Todo poder (eclesiástico, político, económico, etc.) utiliza siempre la argucia de llevar el agua a su molino: “En la materia de religión, enseñamos valores, actitudes y comportamientos éticos y humanos”, dirán algunos defensores de la enseñanza de la religión católica en la escuela pública. A lo que hay responder: Evidentemente, como debe ser en toda materia educativa, pero ese hecho, en sí mismo, no justifica su implantación en la escuela.

Otros afirmarán: “La religión católica es la religión de la mayoría del pueblo español”.  Ante afirmaciones como éstas, me duele utilizar la palabra “hipocresía”, pero no encuentro otra para expresar la pura y evidente realidad: Todo eso es una disculpa para adoctrinar en la religión católica, para disponer de poder, desvirtuando el verdadero contenido religioso.  W. James dice a este respecto: “De las bajezas que comúnmente se atribuyen a la religión, casi ninguna de ellas es atribuible, en absoluto, a la propia religión, sino más bien al perverso compañero práctico de la religión, el espíritu de dominio dogmático”. Se refiere, evidentemente, al espíritu clerical, el de las iglesias institucionalizadas, convertidas en auténticos poderes fácticos.

Ese espíritu, y sólo ese, está detrás de la jerarquía católica en su defensa de la implantación de la “religión católica” en la escuela pública. ¿Qué necesidad tiene, si nadie le niega el derecho y la posibilidad de llevarlo a cabo en sus iglesias y sus centros? Por otra parte, en esa posible materia de la historia de las religiones, los alumnos recibirían las enseñanzas elementales de la religión católica; pero una religión dogmática y autoritaria no admite ser tratada como una religión más, sino en exclusiva.

Toda religión institucionalizada, es decir, que defiende y persigue el poder temporal y material, como la jerarquía y la iglesia católica, queda automáticamente vaciada de su verdadero contenido interno: la religión del amor. Es un hecho bien conocido, al ser evidente. Recurrimos a diversos textos de eminentes personalidades. Jung, ese gran conocedor del hombre, afirma: “Allí donde reina el poder, no hay amor, y allí donde reina el amor, no se necesita poder”. Por su parte, Thomas Paine, un promotor del liberalismo y de la democracia, lo deja claro, en los “Derechos del hombre”, al tratar de la iglesia establecida por la ley. Así, afirma: “Suprimid la implantación de las leyes y todas las religiones recuperan su original benignidad… Si consideramos también este asunto desde un punto de vista temporal, observaremos los perniciosos efectos que ha tenido en la prosperidad de las naciones. La unión de la Iglesia y del Estado ha empobrecido a España”. Y el físico Paul Davies afirma: “Desde que la religión se institucionalizó, se ha preocupado más del poder y la política que del bien y del mal”.