viernes, 28 de febrero de 2020

Una vida para el piano, Daniel Levy


Una vida para el piano, Daniel Levy  (Revista RITMO, marzo 2020)

Tras un solo minuto de conversación, uno no tarda en reconocer a un señor tras el interlocutor. Daniel Levy habla pausado pero claro, con timbre baritonal, de su emisión fluye un vocabulario florido y exuberante, pero nunca pomposo, fruto de su esmerada educación bonaerense. El afamado pianista, afincado desde hace escaso tiempo en España, alaba el buen tiempo para una estación tan fría como el invierno, mientras se detecta todo el bagaje cultural que atesora un músico que ha grabado multitud de discos, todos en vivo…, ya que, como el maestro afirma, “siempre es en vivo, aunque no haya público en el estudio de grabación”. Entre estos discos destacan dos como solista, dirigidos por Dietrich Fischer-Dieskau, nada menos que con la Philharmonia Orchestra, en el Primer Concierto de Brahms y dos obras concertantes de Schumann, el Concierto Op. 54 y la Introducción y Allegro Appassionato Op. 92. Pero Daniel Levy ha sido también un trabajador incansable, escritor y pedagogo, sin olvidar sus grabaciones para piano solo (especialmente en Edelweiss Emission) y sus continuos conciertos, bien a solo, con orquesta o haciendo música de cámara, “que es donde descubro que su naturaleza es para establecer relaciones”. A la respuesta sobre hallar la inspiración, surge como un leitmotiv sus palabras “a la inspiración se la halla en el silencio de la mente y en las maravillas de la naturaleza, que ha sido fuente de las más excelsas obras de arte”. En su búsqueda de la belleza hay mucha espiritualidad y de ella ha hecho quasi una filosofía de vida, de una vida que no entiende sin el blanco y negro del piano siempre a su lado, ese piano de sus imprescindibles Bach, Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert, Mendelssohn, Schumann, Chopin, Liszt, Brahms, Grieg, Franck, Debussy o Scriabin.

Maestro, tras una importante carrera internacional de conciertos y discos, recala en cierto modo en nuestro país… ¿Qué le une a España? ¿Qué finalidad tiene su estancia en nuestro país?
España ha estado siempre viva en mi familia, a través de mis abuelos maternos, evocando en mí variados aspectos, ya desde pequeño de la gran literatura y poesía que me apasionaba escuchar y, más tarde, al tener la experiencia de afrontarla como materia predilecta de mis estudios juveniles. Su rica música me acompañó gracias a esta familia, sea en su aspecto popular y posteriormente en la riqueza de Albéniz, Granados y Manuel de Falla, algunas de cuyas obras pianísticas estudié en mis años de formación. Por lo que me une una profunda simpatía, en su sentido más profundo, y admiración por sus grandes artistas y pensadores, tan múltiples como multifacéticos. Creo que un sinfín de circunstancias de la vida, además de constantes y frecuentes estadías durante mis viajes y giras, me condujeron a elegir este hermoso país para vivir en él y desarrollar aquello que siento como importante y esencial en la Música como en la Educación y Filosofía. Diría que más que una finalidad, basada en proyecciones o ideas, se trata de un espacio apto, que me aparece fértil para llevar a cabo mi posible aporte y existencia. De algún modo, es un regreso a mis orígenes.
¿Qué le lleva a dedicarse en cuerpo y alma a una nueva obra, a estudiarla?
Verdaderamente se genera primero una consonancia, que no aparece porque haya planeado estudiar esa nueva obra. Una forma de atracción magnética, que distingue entre aquello que deseo escuchar y lo que afronto para hacerla mía de algún modo. A veces aparecen sin ser buscadas obras que no habría pensado antes de trabajar. También hay muchas otras, en el vastísimo repertorio pianístico, que son las que ensanchan los horizontes y elevan, al punto de ser como hitos que un artista debe atravesar. Cuando llega el momento de estudiar, lo misterioso es cómo ir penetrando en lo que el compositor dejó en signos y, más allá de ellos, entre las líneas. Creo firmemente que las que llamamos obras, son seres vivos y orgánicos, y se nos manifiestan en formas impensadas. En síntesis, para dedicar el alma y cuerpo debe existir, en mi caso, una fascinación, que vaya más allá de una mera curiosidad.
Dentro del vasto repertorio del que habla, ¿qué o quiénes forman parte sí o sí de su repertorio, y qué otros los ha desechado?
Esta es una pregunta muy interesante. No puedo estimar en el repertorio categorías ligadas a prioridades de unos compositores sobre otros, y pormenorizando con selecciones entre sus propias obras, dado el caudal inmenso existente para piano. Aclaro esto, porque además del repertorio como solista, soy un apasionado de la música de cámara y del Lied, lo que hace estas elecciones y afinidades mucho más amplias. Pero nada me deja indiferente, y de ahí que Bach, Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert, Mendelssohn, Schumann, Chopin, Liszt, Brahms, Grieg, Franck, Debussy y Scriabin estén entre los infaltables, también Rachmaninov; y en diversa medida otros como Guastavino, Granados, Falla y Albéniz. Me encanta Dvorák, aún siendo su obra para piano relativamente escasa; y Gabriel Fauré me parece muy profundo. En cuanto a lo desechado, puedo decir que no se trata de dejar de lado, sino que hay muchas obras que prefiero escucharlas por otros músicos, como por ejemplo las de Prokofiev o Bartók. No hay suficiente tiempo para todo lo maravilloso del repertorio y siempre es necesario tener el discernimiento de decidir cuáles son las obras que acompañan el propio camino. Por otra parte, el músico debe ciertamente conocer y abordar estilos y lenguajes dispares, pero no es obligatorio que deba abarcar todo lo escrito. No habría modo de profundizar nada si así fuese.
Ha hablado del Lied y de “decidir cuáles son las obras que acompañan el propio camino”, cito textualmente. Esto nos lleva directamente al Winterreise
Así lo siento, el Viaje de Invierno es una especie de ápice, una búsqueda filosófica de Schubert, de su propia vida y de un trayecto casi iniciático. Busca el sentido de la vida, y al mismo tiempo un objetivo que termina en el silencio. Lo siento como toda la travesía de un ser humano hasta llegar a una especie de realización, que a mi entender, como he dicho, termina en el silencio.

¿Cómo ve Daniel Levy todo este tipo de obras finales, tipoWinterreise, las últimas Sonatas de Beethoven o las piezas finales de Brahms, cuando usted se está acercando a una etapa vital similar?
Salvo en el caso de Schubert, claro, que compuso el Winterreise a final de su joven vida. Estas obras “últimas” para mí me merecen tal respeto, que a veces pienso que no deberían hacerse en concierto. Son obras para la intimidad, para uno mismo. Reflejan un mundo tan íntimo, que quizá no se deberían tocar en público. De hecho, no sabemos si a Beethoven le hubiera gustado.

Finales y enigmáticas…
Cierto, son todas obras impregnadas de misterio. Otra obra que se adapta a este enigmático periodo final de muchos creadores, es El Arte de la Fugade Bach, compuesta además para una sociedad pitagórica y para tal, tiene su propia simbología y relación numérica, lo que la traslada a un nivel de pensamiento superior, quizá único en la historia del arte. Como sabe, no pudo completarla, está supuestamente inacabada, y hasta este aspecto le aporta su naturaleza enigmática por encima de cualquier otra obra. Su significado, por decirlo de alguna manera, aún no ha sido resuelto.
Qué tiene el piano para el pianista que lo distingue de otros instrumentistas, ¿quizá su capacidad de abarcarlo todo, de tocar en instrumentos siempre distintos?
Me siento muy identificado con lo que Liszt dice de forma tan clara sobre lo que es el piano; para él, el piano era “como el caballo para el árabe”. He encontrado que es el amigo más fiel, una maravillosa extensión de las propias emociones, pensamientos e intuiciones. Alguien en quien confiar los propios anhelos e ideales, y claramente un ser vivo. No siempre me agrada notar lo que lo distingue de otros instrumentos, que es esa idiosincrasia del solista que, porque abarca todos los registros, cree equivocadamente que puede aislarse y aparecer como uno que se basta a sí mismo para hacer música. En vez de esto, me fascina hasta lo más profundo cuando puede asumir el color noble de un violonchelo, o el timbre de un clarinete y cuando parece una voz junto a otra humana. Allí es donde descubro que su naturaleza es para establecer relaciones. El hecho de hallar pianos distintos en cada sala, cuando no es posible llevar el propio, ese en donde se ha trabajado y buscado consagrando el tiempo, es parte de un entrenamiento psicológico y también atlético, donde es posible encontrarse con sorpresas. Quizás este sea el aspecto menos gratificante, de acuerdo a cómo hayan sido cuidados los instrumentos en las salas. De todos modos, cada uno tiene una voz distinta y es necesario ser flexibles para hacerla propia en pocas horas. En pocas palabras, prefiero lo que lo une a la música más que lo que lo distingue de maravillosos instrumentos de otra índole.

¿Hasta qué punto condiciona a un intérprete los estados de ánimo, la vida y sus hechos, sus varapalos?
La palabra intérprete, que es la que más comúnmente se usa para los músicos que tocan composiciones no propias, es el primer condicionante. No es ni debe ser un pobre traductor, o un mero ejecutor de todas las notas e indicaciones escritas, pero sí debiera convertirse en lo posible en un intermediario entre la intención del compositor y su forma audible, que es cuando la música suena, primero venida del silencio. Y el intermediario es siempre susceptible a los propios estados de ánimo, hechos de la vida, contextos y situaciones locales o planetarias, desde el momento que es un ser humano que participa de la vida global. Pero creo que estos condicionamientos deben poder ser experiencias que hacen comprender lo que los creadores vivieron, sintieron e intuyeron. De ese modo lo que vibra en la música es algo que procede de la experiencia, y esto se traslada al sonido, al respiro y a la emoción. De otro modo, asistiríamos a modalidades robóticas que pueden repetir lo que leen sin entenderlo absolutamente. Cuando se entra en el reino de la música, a su vez, hay como una trascendencia, que hace que todo lo pasajero tenga su lugar, pero también que lo universal y atemporal de obras que tienen siglos, puedan tener hoy una escucha que nos conmueve más allá de la época en que vivimos.
¿Nos puede relatar alguna experiencia vivida de manera inolvidable en alguno de sus conciertos?
He tenido varias experiencias en concierto, que son inolvidables por razones muy distintas, principalmente por estados psicológicos a los que la música me conducía, pero se trata de hechos que son atribuibles a mí mismo, en relación a una orquesta o a la sala especial. Esta vez, en el caso que cito, hay un componente que para mí representa un signo claro, un ejemplo de lo que puede obrar y transformar la música en quienes escuchan. Para mí se ha hecho habitual, hace años, el realizar los que llamo “Conciertos Diálogo”, en donde busco poner al público en sintonía con los pensamientos e intuiciones declarados por los compositores, a través de la palabra y sus obras, generándose de este modo una atmósfera de intimidad y de relación individual con cada oyente, algo que considero superador de la forma tradicional del concierto.
Como una guía para el oyente…
Cierto, es como una guía, es como poner al escuchante en una situación más cercana a la interpretación inmediata, prepararles para que no teman lo que van a escuchar. No son lecciones de musicología, sino un modo de indagar en el espacio interior del creador, con sus sentimientos expresados antes o después de componer, en su inspiración y en su vida como consecuencia. Así, en uno de estos conciertos, vino un joven que nunca había escuchado música clásica, traído por su madre para acompañarla. Por lo que escuchó, por lo que dije y por lo que interpreté de músicas que no eran en absoluto fáciles, como los Intermezzi y las Baladas de Brahms, que no son precisamente las que se suelen escuchar para introducirse al repertorio, al terminar se acercó fuertemente conmovido e impactado por la experiencia vivida, manifestándome que desde ese momento en adelante dedicaría su tiempo a escuchar música clásica y a conocer la vida de los grandes genios creadores, porque en un instante había descubierto un mundo nuevo, importante y fascinante. Allí pude notar con más claridad y estupor, la inmensa necesidad que es el contacto y la cercanía que hace ver que hubo jóvenes que podían dar al mundo obras maestras, y que muchos otros jóvenes, aparentemente lejanos a ese mundo, podían descubrir el bien que trae esa escucha a la vida. La considero una experiencia inolvidable, que se ha ido multiplicando en el modo de acercar a otros a obras de gran envergadura, que pueden ser apreciadas como puertas a un paisaje desconocido, por jóvenes que han solo oído rock, pop y otras. Sin duda, algo magnífico que se conecta con una verdadera educación musical para hacer crecer nuevos amantes de la música.

Esta necesidad de explicar la música le ha llevado también a la publicación de varios libros…
Cierto, para la Accademia Internazionale di Eufonia (Locarno, Suiza) he publicado Eufonía, El Sonido de la Vida, sobre los efectos del sonido sobre el ser humano; Pitágoras y la Eufonía, que revela la íntima relación entre Pitágoras y la Eufonía como una realidad aplicable a las relaciones humanas; Ecos del Viento, viaje interior hacia la experiencia de la esencia del Sonido; y Belleza Eterna, relatos, máximas y reflexiones sobre los arquetipos de Belleza.

¿Diría que el siglo XIX y el Romanticismo, como Schumann, son los pilares de su repertorio?
Realmente mi pilar fundamental es Bach, de donde todo lo que le ha seguido deriva. Todo lo que escuchamos tiene en Bach, para la música clásica occidental de los últimos 300 años, a su fuente, sin excepción alguna. También Mozart, Beethoven y Schubert lo son, en cuanto a cauces enormes. El Romanticismo supo entender esta fuente inagotable, y Schumann entre ellos representa para mí a quien ha sabido dar lenguaje a lo íntimo y profundo, dicho al oído. Es un punto de inflexión en la música del siglo XIX, y tiene en su imaginación e intuiciones una magia que emana estados del alma humana como pocos otros. En mi repertorio, considero a Scriabin un punto focal que, a mi entender, es el verdadero precursor de los cambios en la música del siglo XX, y que el mismo Stravinsky no lograba identificar de donde había surgido y cómo sería seguido en su inspiración. 
Pero usted tendrá sus días de Eusebius y días de Florestan…
Unos días de Eusebius y otros de Florestan, pero a veces debo invocar a Maestro Raro, que era el unificador y sintetizador del justo equilibrio entre estas tendencias del ánimo.
Y Bach… Sus Variaciones Goldberg, Partitas, Clave bien temperado
El Clave Bien Temperado está para templar el alma. Grabé ya hace un tiempo el Libro I, registrado en la maravillosa acústica de una sala barroca en Austria que me brindó una paz consonante con esa música excelsa. El Arte de la Fuga es seguramente la obra más misteriosa de Bach y siempre la trabajo como unificadora de todas las voces. Las Partitas son obras portentosas y he tenido el privilegio de estudiarlas con Maria Tipo en Florencia. Debo en gran parte a ella la afinidad con Bach por la seria devoción que transmitía enseñando, de la cual he hecho tesoro cada vez que me dispongo frente a estas obras monumentales. Las Variaciones Goldberg las visito y me esperan para integrarse a mi repertorio. Las grandes y vívidas versiones insuperables, como las de Rosalynd Tureck y de Peter Serkin, son arquetipos de sencillez y elocuencia.

De una interpretación, ¿cuánto debe el resultado final a la inspiración y al trabajo?
Como decía Brahms cuando le preguntaron acerca de su inspiración, decía que el sudor y el trabajo eran una base sólida sobre la que la inspiración podía posarse. En mi experiencia, el trabajo exterior e interior sobre una obra, conduce a tener atisbos acerca de la inspiración que la hizo ser creada. También este es un término que ha perdido su sentido y que se aplica a cualquier pequeña cosa, mientras que en la creación artística y ciencias se debe a algo que poseemos pero no frecuentamos, una especie de pisos superiores donde nuestro ascensor vital y nosotros mismos preferimos no visitar. Cuando lo hacemos, la sorpresa es grande, porque concienciamos de poseer un tesoro inaudito que debe todavía abrirse. 
Y hablando de inspiración, ¿se encuentra fácilmente?
Es más difícil y arduo hallarla en medio de los ruidos y superficialidad que encontramos a diario en el estilo de vida que nos han inculcado, completamente enfocado hacia lo exterior. Nuestra aparente “velocidad” para todas las cosas importantes, nos hace creer que hemos llegado al fondo de un tema y en verdad no hemos comprendido más que parcialmente la cáscara. A la inspiración se la halla en el silencio de la mente y en las maravillas de la naturaleza, que ha sido fuente de las más excelsas obras de arte. Justamente esta ausencia es la que hace que los modos consuetos que tenemos de escuchar sean obsoletos y que debamos aproximarnos a formas renovadas de hacer, estudiar y escuchar música clásica, muy diferentes a esa distracción constante, a la falta de concentración y la admiración por el glamour pasajero, que deja en el olvido la sustancia y los efectos transformadores del sonido musical.

¿Se escucha a usted mismo? ¿Escucha a otros pianistas?
Me escucho intensamente mientras trabajo y estudio, no solo con el afán de autocrítica que modifique o corrija, sino como verificación de una escucha interna que se produce solo al leer la partitura, sin el instrumento, y también en el momento previo a la producción del sonido. En general, esta práctica ayuda a descubrir intenciones y colores que de otro modo no podrían tener cabida. De poco vale escuchar solo después. Es la escucha que prepara la audibilidad. Y extrañamente es aquello que menos se enseña en los conservatorios y academias: a escuchar sin el instrumento, a escucharse, y sobre todo a escuchar para comprender lo que el compositor escuchó en él antes de escribir los signos que forman la partitura. Escucho a pianistas que iluminan lo que tocan y que han tenido la suerte de escuchar a sus maestros y hallaron por sí mismos, sin copiar oyendo grabaciones que moldean. Es decir, aquellos que nacieron de su propia intuición con el legado de una enseñanza recibida. Schnabel, Backhaus, Arrau o Kempff resultan fuentes inagotables de esplendor, de real humildad, como también Ingrid Haebler y Clara Haskil. Creo que después de ellos nace el “ego” pianístico y los fuegos artificiales que, son interesantes, pero no llegan a conmover, haciendo notar y valer más al intermediario que al creador y su Música.
¿Qué le pide al público?
Antes que al público pido a los músicos esa responsabilidad de investigar las intuiciones y razones profundas de la Música, su rol en el mundo y sus cualidades  no solo estéticas sino transformadoras, educativas y curativas. Solo los músicos pueden cambiar y hacer superar la crisis que viven muchos jóvenes con gran talento que no hallan actualmente ejemplos a seguir. Estimo que ha sido superado el tiempo de los divos, de los domadores de pianos y de espectáculos de acrobacia,  que siempre atraen el asombro, pero que están lejanos de las intenciones y esperanzas nutridas por ese reducido número de creadores, de cuyas obras se sirven a raudales en todo el mundo musical. Beethoven, hoy celebrado por los 250 años de su nacimiento, decía: “No he compuesto estas obras para distraeros sino para hacer nacer al hombre nuevo”. El público entonces debiera ser puesto en condiciones de reclamar esta actitud a los músicos. Creo que es una entre las razones por la que el público en los conciertos haya disminuido llamativamente. La forma del concierto tradicional se revela hoy como caduca. Y el cambio radica no solo en la forma, sino en su esencia.
Ha tardado en salir, como el “gordo” de la lotería de Navidad, pero ya se ha citado en esta entrevista, Beethoven…
Lo considero como el verdadero Héroe de la Música. Me permito de citar una carta que siempre me ha impresionado, que él escribió cuando tenía solo 11 años y que lo dice todo, acerca de este “sordo” que pudo escuchar el corazón humano y elevarlo tan alto: “A partir de los cuatro años, la música comenzó a ser la más importante de mis ocupaciones juveniles. Adquirida tan rápidamente familiaridad con la dulce Musa que disponía mi alma a las puras armonías, aprendí a amarla y también ella, así me pareció a menudo, comenzó a amarme. Ahora tengo 11 años. Desde tal momento, en las sagradas horas de inspiración, mi Musa me ha susurrado insistentemente: ‘Prueba a escribir sobre el papel las armonías de tu alma’. Once años -pensaba-. ¿Qué figura haré como compositor? ¿Qué me dirían los adultos expertos en el arte? Pero mi Musa insistía. Y así obedecí y compuse”. Han pasado 239 años de esta carta y huelgan otros comentarios…
Hablemos de sus registros discográficos, que son muchos y muy buenos…
Con mis grabaciones tengo una especial relación, probablemente porque he tenido siempre la fortuna de poder elegir el repertorio que deseaba afrontar y por la respuesta acústica de espacios especiales seleccionados que dieran vida natural al sonido, fuera de los estudios de grabación. También algunos de estos registros han sido hechos en concierto. Es divertido el hecho que cuando es así se diga “en vivo”, dado que siempre es en vivo, aunque no haya público. Privilegiando la inmediatez, todos ellos son experiencias iguales o mayores que las de un concierto. Para mi entendimiento, no son fotografías de un instante tan solo, sino formas vivas, debidas a los espacios plenos de arte, cuya atmósfera puede ser captada por los micrófonos. He podido realizar una buena cantidad, a solo, en cámara con músicos notables como Nicolas Chumachenco, Wolfgang Holzmair o Franco Maggio Ormezowski, entre otros, o  haciendo Lieder y con orquesta. En este caso, recuerdo especialmente la colaboración habida con el gran Dietrich Fischer-Dieskau, en su calidad de director de orquesta y de recitador de los únicos tres Lieder para voz recitada de Schumann, colaboración que quedó plasmada en dos discos con el Concierto para piano n. 1 de Brahms y, en otro CD, el citado Schumann, con el Concierto en la menor Op. 54 y la Introducción y Allegro Appassionato Op. 92, con la Philharmonia Orchestra, ambas obras, como digo, dirigidas por Fischer-Dieskau, que permanecerá siempre en mi memoria por su potente transmisión de hacer cantar a la orquesta. También los registros con Sonatas de Schubert y las Piezas Líricascompletas de Grieg, Sonatas de Mozart y Beethoven, están entre otras grabaciones. Otros nuevos serán publicados este año, y me espera en breve una serie de sesiones con obras de Rachmaninov y Scriabin.

¿Quién es Daniel Levy hoy? ¿Cómo podría definirse?
Realmente, como un estudiante. Siempre tengo presente lo que decía Backhaus cuando le preguntaban acerca de lo que le gustaría escuchar cuando lo recibiera Beethoven en el más allá, tras la muerte. Él decía: “Bien, pequeño Wilhelm, has hecho algo”. Soy un estudiante en el sentido de un buscador, que persigue buscando algo, más allá del tiempo y la edad.
No ha perdido la curiosidad…
Por supuesto, pero todavía más, siento estupor, estupor ante las mismas obras que he trabajado durante tanto tiempo, que se me siguen revelando con nuevos detalles y pliegues que me asombran continuamente.
¿Cómo era Daniel Levy en sus primeros años como músico?
Siento un gran respeto por los maestros que tuve, a los cuales agradezco lo que cada día puedo realizar. En particular, a Vicente Scaramuzza, que continuamente nos decía: “no enseño para el piano, enseño para la vida”. Y esto, cuando uno tiene diecisiete años, te deja pensando ante un teclado… Recuerdo todo tipo de conciertos, de aprendizaje, de aprender a escuchar con el paso del tiempo, sin limitarme al piano como tal.
Es más un pianista de finales en pianissimo que en fortissimo
Los aplausos que motivan los fortissimi no tiene la reflexión que genera el pianissimo, a pesar de que aquel es un método muy sugestivo y altamente productivo y favorable. Tuve la experiencia de escuchar en vivo, junto con mi familia, una Novena de Mahler en Londres de las que Claudio Abbado dirigió al final de su vida, y aquellos minutos interminables tras la última nota moribunda y el silencio que tras ésta se produjo, que podía cortarse con un cuchillo, es de las experiencias musicales más intensas que he vivido. La idea del aplauso es importante, pero en muchos casos quiebra la atmósfera creada; sin el aplauso, la música se queda más dentro, te la llevas contigo; el aplauso gratifica al músico, por supuesto, pero libera la tensión del espectador.

¿Qué espera de la vida?
Saber que mi propósito ha servido para algo, especialmente en los jóvenes. Poder dejar alguna semilla.
¿Le ha sido justa la vida con sus esfuerzos? 
Cuando un esfuerzo ha dado un fruto, se puede considerar como más importante que el “todo sigue bien”. Por otra parte, siento que cada esfuerzo sincero tiene su recompensa y que muchos de ellos germinan cuando la vida los considera útiles.
Entramos en la coda, y no puedo dejar de preguntarle por sus futuros proyectos…
Obviamente voy a celebrar a Beethoven en un festival en Suiza, con mucha de su música de cámara con piano, en encuentros con grandes músicos. Tras esto, tengo una gira en Italia, gira en Italia, Masterclasses y preparo proyectos en España, seguramente para 2021. Respecto a las grabaciones, me esperan sesiones con obras de Rachmaninov y Scriabin, de los que ya he hecho cosas, pero ahora voy a registrar la Primera Sonata de Rachmaninov combinada con las Variaciones Corelli, es decir, dos Re menor, pero dentro de un arco temporal de una de sus primeras obras con una de las últimas. Y de Scriabin todo lo que tiene que ver con piezas breves; ya hice los Preludios Op. 11, pero voy a ampliar a otros opus y otros géneros de forma breve. Con Scriabin ocurre lo que dice Stravinsky de él: “Se sabe que vino de Chopin, pero no quien puede seguir su estela…”.

por Gonzalo Pérez Chamorro

www.daniellevypiano.com
Foto portada © Noah Shaye


domingo, 4 de agosto de 2019

¿La tecnología mejora la educación? | Fran García | Virtual Educa Puerto Rico 2016



- ¿La tecnología mejora la educación? 

| Fran García | Virtual Educa Puerto Rico 2016

(Publicado el 12 ago. 2016)


¿Es cierto que la tecnología de por sí es buena para la educación? ¿Cambiar a un formato tecnológico mejora los aprendizajes?

Fran García, ingeniero de soluciones de Google for Education, reflexiona sobre las dudas y las soluciones que nos presenta la tecnología aplicada a la educación. La tecnología no es un fin, sino un medio. ¿Cuál es el fin de la educación? ¿Cómo podemos preparar a los estudiantes para que puedan realizar su trabajo futuro de la mejor manera posible? La presentación “¿Es realmente verdad que la tecnología mejora la educación?” forma parte de la sesión plenaria sobre “Investigación, Desarrollo e Innovación en Educación”, del XVII Encuentro Internacional Virtual Educa Puerto Rico 2016 #VE2016PR. Grabado el 23 de junio de 2016 en el Centro de Convenciones de Puerto Rico. Virtual Educa es una iniciativa de la Organización de Estados Americanos que promueve el diálogo multisectorial para la transformación social de los pueblos de América Latina y el Caribe a partir de la innovación educativa.



Tendencias internacionales en Innovación Educativa (Francesc Pedró)



Tendencias internacionales en Innovación Educativa
(Francesc Pedró)

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En el T+ '¿Qué sabemos de los nuevos paradigmas en educación?' se debate sobre el nuevo contexto tecnológico, verdaderamente revolucionario, el replanteamiento de los paradigmas educativos supone un reto fundamental. Que las nuevas tecnologías supongan un aporte cualitativo o no depende de cómo se administren y de las investigaciones, en curso, sobre su eficiencia. Hay muchas preguntas en el aire sobre este reto complejo pero fundamental para formar a las nuevas generaciones para un escenario incierto.

Francesc Pedró
Trabaja en el sector de educación de la UNESCO en París (Francia) desde 2010, donde lidera el servicio de asesoramiento en políticas educativas, incluyendo las revisiones de las políticas nacionales así como estudios comparativos internacionales. Con anterioridad, trabajó en el Centro de Investigación e Innovación Educativas (CERI) de la OCDE donde, como analista político senior, fue responsable de proyectos como Teaching and Learning International Survey (TALIS) y New Millennium Learners Project. También dirigió las revisiones de la investigación educativa en los países de la OCDE y el proyecto sobre Innovación Sistémica en Educación. Se licenció en educación en la Universitat Autònoma de Barcelona y obtuvo un doctorado con una tesis sobre educación comparada en la UNED (Madrid). Posteriormente, realizó estudios postdoctorales en Políticas Públicas Comparadas en el Instituto de Educación de la Universidad de Londres (Reino Unido). Francesc es catedrático de políticas comparadas de educación en el departamento de ciencias políticas de la Universitat Pompeu Fabra (Barcelona) donde se ocupó de la dirección de su programa de calidad. Previamente fue vicerrector de investigación educativa e innovación de la Universitat Oberta de Catalunya (Barcelona), la primera universidad pública europea que ofreció sus cursos únicamente por internet.
Temas (T+) de la Casa de América
Cada sesión de Temas (T+) consiste en tres intervenciones de 20 minutos cada una a cargo de reconocidos especialistas que, de una manera didáctica y divulgativa, ofrecen su punto de vista sobre un asunto de interés para el público general. Durante una hora los ponentes, de preferencia americanos, suscitan preguntas y proponen respuestas a algunas de las grandes cuestiones del mundo contemporáneo.
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martes, 5 de marzo de 2019

La inteligencia espiritual ( Francesc Torralba)


La inteligencia espiritual
(Entrevista a Francesc Torralba, autor del libro “Inteligencia espiritual”)

Que no existe un único tipo de inteligencia lo sabemos desde hace mucho. Sabemos que hay personas con una gran habilidad lógico-matemática y una reducida inteligencia lingüística, y otras con una inteligencia espacial muy desarrollada y una notable falta de habilidad emocional. ¿Y la inteligencia espiritual? Es la que nos permite transcender, crear y, en última instancia, ser felices de una manera profunda y duradera. Recientemente, Francesc Torralba, autor de Inteligencia Espiritual, entre otras obras concedió a Plataforma Editorial la entrevista que transcribimos por cortesía de Espiritualidad Progresista Blogspot




Francesc Torralba: Es una modalidad de inteligencia que también se denomina existencial o trascendente. Completa el mapa de las inteligencias múltiples que desarrolló, hace más de dos decenios, Howard Gardner. Nos referimos a una inteligencia que nos faculta para preguntar por el sentido de la existencia, para tomar distancia de la realidad, para elaborar proyectos de vida, para trascender la materialidad, para interpretar símbolos y comprender sabidurías de vida. El ser humano es capaz de un conjunto de actividades que se no explican sin referirse a este tipo de inteligencia. Es especialmente cultivada en los grandes maestros espirituales, en los filósofos y artistas, también en los creadores.



lunes, 24 de diciembre de 2018

NIÑOS CON 13 AÑOS, ¿MADUROS PARA USAR SOLOS LAS REDES SOCIALES?


NIÑOS CON 13 AÑOS, ¿MADUROS PARA USAR SOLOS LAS REDES SOCIALES?
Catherine L’Ecuyer,

(publicado en El País el 11/06/18)

UN PROYECTO DE LEY EN ESPAÑA BAJA LA EDAD PARA DARSE DE ALTA SIN CONTROL PARENTAL EN ESTOS SITIOS WEB
Francia acaba de anunciar que cumplirá con su promesa electoral de prohibir el móvil en las escuelas. Resulta curioso que una promesa así pueda llevar a un político al poder en los tiempos que corren. Spain is different, desde luego. Aquí, acaba de proponerse un proyecto de ley que baja de 14 a 13 años la edad para consentir al tratamiento de los datos —y por lo tanto para darse de alta a una red social—, a pesar de que el marco legislativo europeo recomendaba 16 años a sus Estados miembros. Unos hablan de “una generación pérdida”, mientras que otros aseguran que “la tecnología es neutra y que el impacto dependerá del uso que se haga de ella”.
¿Es neutra la tecnología? Veamos el caso de una tecnología “neutra”: una nevera. Supongamos que cada vez que abrimos la nevera, se enciende la luz. ¿Volveríamos a abrirla varias veces para ver si se ilumina? No hacemos eso, porque nos resulta previsible que ocurra -mientras la bombilla no se funda-. La luz no provoca fascinación, ni adicción, porque no hay descarga de dopamina en el cerebro cuando abrimos neveras. Ahora bien, imaginémonos que cada vez que abrimos una nevera “inteligente”, nos da noticias en directo de la erupción de un volcán en una ciudad cercana, estadísticas de las personas que han pensado en nosotros en tiempo real, nos dice si esos pensamientos fueron positivos o no, y además nos enseña comidas distintas de las que podemos escoger para comérnoslas inmediatamente con una presentación impecable. ¿Cuántas veces abriríamos la nevera cada día? ¿Creemos que el uso de esa nevera no impactaría en nuestros hábitos alimenticios? ¿En nuestro peso? ¿En la cantidad de tiempo que pasamos en la cocina? ¿En el tiempo que dejamos de dedicar a otras actividades?
Decía Marshall McLuhan que “la postura según la cual la tecnología es neutra es la del adormecido idiota tecnológico”. Frase dura, pero de una curiosa vigencia, después de que Mark Zuckerberg haya confesado en uno de los eventos más destacados de su interminable gira del perdón, su comparecencia ante los representantes del Congreso de los Estados Unidos: “hemos creado una herramienta neutra, pero no hemos pensado en como podía ser usada para hacer el mal”. ¿Solución? La contratación de 20.000 personas que revisarán nuestros muros al peine fino y eliminarán los contenidos considerados “no seguros para la comunidad”. Y muy recientemente, Facebook sorprendió una vez más con el anuncio de la contratación de “especialistas en credibilidad de las noticias”, eufemismo divertido por “editor de noticias de medios de comunicación”. Un duro golpe para un medio que siempre se posicionó como “neutro”. ¿Cómo se decide si un contenido es seguro, o no? ¿Cuál es el criterio? El de la neutralidad. La neutralidad todo poderosa de una empresa que se atribuyó a sí misma la infalibilidad para emitir el sello del nihil obstat sobre el contenido emitido y consumido por sus 2.200 millones de usuarios, nada menos que una tercera parte de la población mundial. Ninguna religión, ninguna organización en el mundo tiene actualmente tantos adeptos susceptibles de ser influidos por el incuestionable dogma de la “neutralidad”. Un dogma con tantas fisuras, que se está empezando a convertir en una pesadilla recurrente para Zuckerberg.
Si pensábamos que el impacto que tiene la tecnología depende del uso que se hace de ella, es que nos olvidamos de que, en la vida, no hay nada gratuito. Cuando usamos una herramienta, tenemos que pagar un precio por ella. Otra cosa es que no seamos conscientes de ello, por mucho consentimiento y acuerdo de uso con letra pequeña que hayamos firmado con el dedo. En el caso de las redes, lo que entregas, no es dinero, eres tu mismo. No solo por las horas y por la preciada atención que le dedicas. Va mucho más allá de eso. Las plataformas que ofrecen contenidos en las redes, o que permiten a los usuarios compartirlos, no están en el negocio de entregar contenidos a cambio de nada. Están en el negocio de entregar usuarios a los que patrocinan sus plataformas y esos contenidos, o incluso a terceros. Por lo tanto, la moneda de cambio por el uso de las redes, es el usuario. Eres tú, o es tu hija o tu hijo. Y pronto podrá hacerlo sin tu consentimiento con tan solo 13 años.
Y si pensamos que el impacto no se aprecia, recordemos que 30 segundos de una publicidad en la Super Bowl valen más de dos millones de dólares. Las empresas no gastarían ese dinero si ello no tuviera un impacto directo e inmediato en el consumo o la apreciación de sus productos o de sus marcas. La atención del usuario y su información privada es un bien preciado que nunca había sido objeto de tanto poder económico y político. Tanto es así, que sabemos que una empresa de consultoría política —Cambridge Analytica—, se hizo indebidamente con la información de más de 50 millones de usuarios de Facebook, consiguió influir en el resultado de las elecciones americanas y cambiar el curso de la historia de la democracia.
Hace unos días, Facebook confesó el intercambio de datos de usuarios con al menos 60 empresas, entre ellas Apple, Amazon, Samsung y Microsoft. ¿Quizás sea esa la explicación por la que el joven fundador de Facebook tiene las entradas del audio y de la cámara de su dispositivo tapadas con un celo oscuro? ¿Podemos, entonces, razonablemente asumir que un menor de 13 años tiene la madurez suficiente para dar su consentimiento a una actividad que tiene tantas implicaciones?
Algunos dicen que, si les quitamos el Internet a los jóvenes, es como si les quitáramos la sangre. ¿Es posible defender la neutralidad de una tecnología de la que hablamos en esos términos? La tecnología en una mente no preparada para usarla, difícilmente será neutra. Y menos si está diseñada para la adicción. Nuestros hijos son hijos de su tiempo, y es cierto que su tiempo no es el nuestro. Pero si deseamos lo mejor para ellos, no podemos dejar que sean esclavos de su tiempo; para ello, necesitamos leyes que no dejen a los padres fuera de juego.

Educar en el asombro


Educar en el asombro

Año de publicación: 2012
¿Cómo educar en un mundo frenético e hiperexigente?
¿Cómo conseguir que un niño, y luego un adolescente, actúe con ilusión, sea capaz de estar quieto observando con calma lo que le rodea, piense antes de actuar y esté motivado para aprender sin miedo al esfuerzo? Los niños de los últimos veinte años viven en un entorno cada vez más frenético y exigente, que por un lado ha hecho la tarea de educar más compleja, y por otro, los ha alejado de lo esencial. Vemos necesario para su futuro éxito programarlos para un sinfín de actividades que, poco a poco, les están apartando del ocio de siempre, del juego libre, de la naturaleza, del silencio, de la belleza. Su vida se ha convertido en una verdadera carrera para quemar etapas, lo que les aleja cada vez más de su propia naturaleza, de su inocencia, de sus ritmos, de su sentido del misterio. Muchos niños se están perdiendo lo mejor de la vida: descubrir el mundo, adentrarse en la realidad. Un ruido ensordecedor acalla sus preguntas, las estridentes pantallas interrumpen el aprendizaje lento de todo lo maravilloso que hay que descubrir por primera vez.








miércoles, 28 de febrero de 2018

Educar es mucho más que enseñar Matemáticas, Historia, Lengua, etc.


Educación y cambio ecosocial.
Entrevista a Rafael Díaz-Salazar

«Aprender a ser, aprender a vivir juntos, aprender a conocer y aprender a hacer son los cuatro grandes objetivos de la educación»

Nuestro entrevistado es profesor de Sociología y Relaciones Internacionales en la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense. Realizó con Francisco Fernández Buey su tesis doctoral sobre Antonio Gramsci. Ha publicado libros sobre la persistencia de la clase obrera, los trabajadores precarios, el pensamiento político de Gramsci, la izquierda y el cristianismo, los movimientos sociales altermundistas, la laicidad o las desigualdades internacionales. En los últimos años está investigando sobre ciudadanía democrática y educación

Salvador López Arnal (SLA): Mi felicitación más sincera por tu nuevo libro Educación y cambio Ecosocial (PPC, 2016). Está lleno de sugerencias, excelentes argumentaciones y sentimientos admirables. ¿Qué es para ti la educación?

Rafael Díaz-Salazar (RDS): La enseñanza y el autoaprendizaje de una vida con sentido, lo que requiere una formación de todas las dimensiones de la personalidad: mente, sentimientos, deseos, comportamientos, etc. La educación socrática que propugno ha de llevar al descubrimiento de nuestra identidad personal y de nuestra misión social en el mundo. Aprender a ser, aprender a vivir juntos, aprender a conocer y aprender a hacer son los cuatro grandes objetivos de la educación.

SLA: ¿No te gusta el término enseñanza? ¿Por qué hablas de transformar los centros de enseñanza en centros de educación?

RDS: Me opongo a la reducción de la educación a instrucción escolar sobre unos contenidos distribuidos en asignaturas. Educar es mucho más que enseñar Matemáticas, Historia, Lengua etc. No basta con innovar la didáctica, pues lo fundamental es cambiar los contenidos curriculares y relacionarlos con el desarrollo psicológico y con los problemas sociales. La denominada “excelencia educativa” puede estar al servicio de la reproducción de la sociedad capitalista o de la transformación ecosocial.
Hoy existen tres tipos de centros escolares en las escuelas públicas, concertadas y privadas: neoliberales, humanistas liberales y ecosociales. Defiendo una transición a un modelo de centros escolares en los que la ecología crítica configure toda la acción
educativa.