martes, 20 de noviembre de 2012

A. N. Whitehead, filósofo de la educación


A. N. WHITEHEAD
(Ramsgate, Inglaterra, 1861 - Cambridge, Massachusetts, 1947). Filósofo y matemático inglés. Fue profesor en la University College de Londres, en el Imperial College of Science and Technology de Kensington y en el Trinity College de Cambridge. Desempeñó también importantes cargos administrativos y pedagógicos, cuya experiencia recogió en la obra Los fines de la educación y otros ensayos (1924).

Alfred North Whitehead, educador y pedagogo
Jueves 10 de Febrero de 2011
Su mente lúcida, rica y disciplinada por severos principios aunada con una actitud crítica, mostró interés por grandes problemas humanos, como el de la educación. En su obra Los fines de la educación y otros ensayos, reúne siete trabajos sobre aspectos teóricos y prácticos de la educación y tres de materia científica especial.

En sus concepciones educativas manifiesta la idea fundamental de que los estudiantes son seres vivientes, de una activa plasticidad que debe ser estimulada y orientada en el curso de su autodesenvolvimiento. También los educadores lo son, y ambos conceptos convierten el pensamiento educativo del filósofo inglés en una enérgica reacción con las ideas muertas y la educación estática.

Atribuye grandes estragos a las ideas inertes en la evolución de la humanidad, y contra el estancamiento mental que provocan, el sistema de educación debe precaverse mediante la tenaz aplicación de dos principios: “No enseñar demasiadas materias” y “Lo que se enseña, enseñarlo a fondo”. Whitehead tiende hacia una educación vital que se proponga incorporar al espíritu en formación, pocas e importantes ideas, susceptibles de ser combinadas y aplicadas a las situaciones de la vida real.

Sostiene que nadie puede creerse dotado de un genio especial para la enseñanza si sólo posee conocimiento de alguna rama de la ciencia o de la literatura, cuando Whitehead expone ideas educativas, junto a un espíritu teórico deja traslucir una rica experiencia.

Para Whitehead el fin de la educación no es introducir en la mente cierta cantidad de conocimientos inertes, sino desenvolver y utilizar a la misma en cuanto ella “es actividad perpetua, delicada, receptora, que responde a estímulos”.

La reforma de los programas educativos debe mirar, más que al conocimiento en sí, a los atributos humanos que se propone despertar y desenvolver.

Whitehead afirma que se presenta un decaimiento de los ideales educativos, pues en las escuelas de la antigüedad los filósofos aspiraban a impartir sabiduría, en cambio en los modernos colegios nuestro propósito es más humilde: enseñar materias; un tránsito de lo vivo a lo inerte. Con palabras sencillas dice al respecto: “La educación debe despedir al alumno con algo que sabe bien y algo que puede hacer bien”, lo que equivale a asegurar la unidad entre la teoría y la práctica, el conocimiento y la aplicación.


Los fines de la educación.
Educar para la sabiduría: propuesta de Alfred North Withehead

Introducción

Consideramos que la tesis de Alfred North Whitehead (1861-1947) sobre los fines de la educación (educar para la sabiduría) es pertinente y relevante en nuestros días. Sin embargo, regularmente se piensa que si un artículo o investigación pueden ser interesantes deben referirse a los grandes “estudiosos o corrientes en moda”, nos empeñamos en suscribir ideas de filósofos de renombre o analizar temáticas desde las perspectivas predominantes y es un infortunio acercarnos a las reflexiones educativas sólo por los nombres o porque están en boga y no por los argumentos. Esta es una de las razones por las que nos permitimos escribir el presente artículo y, en cierta forma, compensar esa limitación en nuestro estudio.

El objetivo de este artículo es presentar las ideas más destacadas del filósofo y científico inglés en su obra Los fines de la Educación (1929) precisando tres aspectos:

1. Los ideales educativos,
2. El proceso educativo y
3. La misión de la universidad. 


Igualmente es interesante el artículo

LOS FINES DE LA EDUCACIÓN. EDUCAR PARA LA SABIDURÍA: PROPUESTA DE ALFRED NORTH WHITEHEAD

Flor Alejandrina Hernández Carballido
florhernandez@psi.net.mx
Licenciada y Maestra en Filosofia. UNAM
                          Profesora de la ENP (5) y de la UAM Iztapalap



Russell y Whitehead, filósofos de la educación


Russell y Whitehead


Ambos fueron grandes científicos, matemáticos y filósofos de la educación. Whitehead escribió, junto a Bertrand Russell, el famosísimo Principia Mathematica, uno de los libros de filosofía matemática más importantes de toda la historia. Pero aquí nos interesa resaltar su Principia Educativa, pues ambos son considerados filósofos de la Educación.

RUSSELL Y WHITEHEAD: PRINCIPIA EDUCATIVA
Alejandro Herrera Ibáñez
Instituto de Investigaciones Filosóficas
Universidad Nacional Autónoma de México


Después de la publicación de Principia Mathematica, escrita entre 1910 y 1913, Whitehead y Russell se van por caminos divergentes. Mientras el primero se embarca en un proyecto filosófico de carácter especulativo -y, por consiguiente, poco popular en esa época en el mundo filosófico anglosajón-, el segundo se erige como una de las mayores figuras de la filosofía analítica contemporánea, aunque no pueda catalogarse estrictamente como filósofo analítico. Es posible, sin embargo, encontrar algunos puntos de coincidencia entre ambos en sus reflexiones sobre educación. Aproximadamente por los mismos años -en 1926 y 1929- cada uno publica una serie de ensayos, en forma de libro, que ofrecen estimulantes ideas poco conocidas entre pedagogos. Dichas ideas -basadas más en intuiciones y experiencias propias que en trabajo experimental o estadístico- giran en torno a la educación en general, desde la niñez hasta la etapa universitaria. En cuanto a esta última, cada uno manifiesta su concepción de la universidad y de la enseñanza universitaria y ofrecen reflexiones que me parecen de gran actualidad.

Aquí me propongo reunir algunas de las ideas fundamentales que pudieron servir de punto de partida para lo que podría haber sido su segundo trabajo filosófico conjunto y añadiré algunas reflexiones personales. Me concentraré, además, en su concepción de la educación en general…

Russell piensa que la educación es de dos tipos: educación del carácter y educación de la inteligencia. Esta última se llama propiamente "instrucción" (p. 11). Tal división corresponde a la distinción -a mi parecer, más nítida- entre educación y enseñanza. Mientras que esta última corresponde a la instrucción o adiestramiento intelectual, la primera corresponde a la educación propiamente dicha, que para Whitehead consiste en una formación de segundo nivel. En efecto, para él, la educación consiste en "la adquisición del arte de la utilización del conocimiento" (p. 16). En este sentido, se trata también de una enseñanza, pero de un orden superior que presupone la adquisición de conocimientos previos. Mientras que la enseñanza puede ser teórica o práctica, la educación tiene siempre un carácter práctico, puesto que se trata de llegar a un saber cómo, más que a un saber que... De manera que podemos afirmar que mientras para Russell la enseñanza proporciona instrucción, para Whitehead la educación proporciona sabiduría (p. 41).

Esta sabiduría se logra, para Russell, mediante la formación del carácter, y para formar éste hay que inculcar en el educando, según él, cuatro características universalmente deseables, que son: la vitalidad, el valor, la sensibilidad y la inteligencia (pp. 43-44). Es por la vitalidad que sentimos placer por la vida e interés por todas las cosas, especialmente por el mundo exterior. Gracias a ella rompemos nuestro aislamiento saliendo de nosotros mismos. Su base es fisiológica. En cuanto al valor, Russell piensa en el que nos lleva a controlar miedos irracionales. Según él, el miedo ha sido causa de atraso y desgracias para la humanidad, y piensa que es de gran importancia formar generaciones que carezcan de él. La sensibilidad es también de gran importancia, pues consiste en la capacidad de vernos afectados por cosas buenas y -aunque Russell no lo dice- supongo que también por cosas malas. Supongo también que la afectación producida tiene siempre algún efecto positivo, es decir, constructivo, en nuestra conducta, si es que ha de ser una característica acorde con la primera, es decir, con la vitalidad, que refleja el optimismo russelliano. Esta sensibilidad puede ser estética o cognoscitiva, y en este último caso consiste en la posesión del hábito de observación. Éste se encuentra, naturalmente, muy conectado con la cuarta característica, la inteligencia. Para Russell, ésta consiste en la aptitud para adquirir conocimientos y resultará fundamental en el periodo de la formación universitaria. Para él, el cultivo de la inteligencia encuentra su fundamento en la curiosidad, entendida ésta como un "genuino afán de conocimiento". Cuando la curiosidad muere, la actividad de la inteligencia cesa.

Si bien el enfoque de Russell es más intelectualista, no es difícil ver que las características enumeradas son compatibles con la concepción whiteheadiana de la educación. Es por medio de la inteligencia, la sensibilidad, el valor y la vitalidad que podremos hacer un mejor uso de nuestros conocimientos. El enfoque de Whitehead, sin embargo, pone más énfasis en aspectos no estrictamente intelectualistas. Para él, el arte de utilizar bien nuestros conocimientos se traduce en la posesión de un sentido de los valores que nos lleva a la comprensión del arte de la vida, es decir, "de una actividad variada que expresa las potencialidades del individuo frente a su entorno" (p. 50). Puede afirmarse con seguridad que, en cualquier caso, tanto Russell como Whitehead ven en la educación algo más que la impartición de conocimientos. Para Whitehead se trata de inculcar un arte de vivir y un sentido de valores. Para Russell, de formar un carácter que en última instancia convergerá con las metas del primero.


lunes, 19 de noviembre de 2012

MÚSICA, EDUCACIÓN Y VIDA



MÚSICA, EDUCACIÓN Y VIDA
(Julio Ferreras)

Con este título pretendo presentar, en este blog, estos tres conceptos: música, educación y vida, insuficientemente considerados en los estamentos de la cultura programática oficial. Las tres están estrechamente unidas entre sí y constituyen tres aspectos fundamentales en el devenir de todo ser humano individual y de la propia humanidad en su conjunto. Basta analizar los niveles de estos tres conceptos, en cuanto a su conocimiento y desarrollo en una sociedad determinada, para conocer el verdadero nivel de progreso y bienestar social y humano de esa sociedad.

Es preciso reconocer que las tres -música, educación y vida- sufren muchas incomprensiones y conceptos erróneos, en nuestro mundo occidental. ¿Cuántos han recibido una educación musical?, y lo que es aún más simple, ¿quién ha recibido una verdadera educación? Y finalmente, ¿quién ha sido educado en el respeto y el amor a la vida? Quitemos de la existencia humana estos tres hechos. ¿Con qué nos quedamos? Con un ser humano sordo, insensible y ciego. ¿Qué puede ser de él? ¿Qué sentido tiene la existencia humana sin el conocimiento y el disfrute de la belleza de los sonidos, sin la educación que lleva al conocimiento y la realización de sí mismo, y sin la conciencia del hecho más fascinante de la existencia, la vida?

Por eso están tan ligadas las tres: música, educación y vida. En cuanto a la música y la educación, recordemos que los filósofos pitagóricos daban una gran importancia a la educación, cuyo objeto era conseguir la moderación y el dominio de uno mismo, imitando el orden y la armonía del universo, y la mejor forma de conseguirlo era a través de la música. Goethe daba una gran importancia pedagógica a la música, al considerarla como la base de la enseñanza. Y el pedagogo y filósofo R. Steiner, hablando de la educación del niño en los siete primeros años, decía: “El niño privado en esta época del cultivo beneficioso del sentido musical, se verá empobrecido para toda su vida ulterior”.

Respecto a la música y la vida, baste recordar que la buena música sólo puede surgir cuando existe, en el compositor, una fe y un entusiasmo por la vida. Algo así expresa el poeta y crítico musical, W. J. Turner, en su libro “La música y la vida”. Nietzsche decía que sin música la vida sería un error, y Liszt afirmó: “La música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor; sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso”. Se puede decir que una vida sin música es como un jardín sin flores. Esa fe y ese entusiasmo por la vida es lo que lleva al músico a su gran desarrollo mental y espiritual, a superar los recursos puramente técnicos e intelectuales, a ser sensible a los sonidos más que a las emociones. Por eso, Turner afirma que la música es grande cuando expresa alguna idea profunda del universo, alguna verdad inmortal o algún estado sobrenatural de la conciencia. Todo ello es sinónimo de vida, de ahí que la mejor calificación que podemos hacer de una obra musical o de un intérprete, es que está lleno de vida. El pianista nómada Marc Vella y su "Caravana amorosa" son, hoy, uno de los mejores ejemplos de lo que es la música y la vida.

En cuanto a la educación y la vida, decía el matemático y filósofo inglés, A. N. Whitehead: “Sólo hay una materia de estudio en la educación, y ésta es la vida en todas sus manifestaciones”. Por su parte, Krishnamurti, como educador, tenía siempre presente la importancia de la educación y la vida, de las que hablaba constantemente y a las que consideraba siempre unidas. Se dice de la educación que es no sólo una preparación para la vida, sino la vida misma. En efecto, la educación es el hecho principal de la vida humana, ya que influye directamente en todos los aspectos de la vida diaria. Cada ser humano es lo que la educación ha hecho de él. De ahí la importancia de que todo un pueblo, un municipio, un barrio, una familia, se impliquen en la educación de sus ciudadanos, debido a su incidencia directa en la vida de ese pueblo, ese municipio o ese barrio. Y por eso, precisamente, el fracaso escolar es un fracaso de todos: alumnos, padres, familia, municipio, etc.

Así pues, estos tres conceptos están totalmente aunados y se complementan de tal forma que resulta siempre grato alternarlos. Por eso, pretendo que la música acompañe, con frecuencia, las entradas de este blog. Me refiero, aquí siempre, a la música que armoniza nuestro ser, aquella que nos eleva sobre las miserias humanas, como dijo Beethoven, y aquella otra que, por muy simple que sea, aporta siempre algún valor humano.

Por ejemplo, esta hermosa melodía de Reynaldo Hahn, La Barchetacon la bella voz del tenor Anthony Rolfe Johnson.