miércoles, 21 de noviembre de 2012
martes, 20 de noviembre de 2012
A. N. Whitehead, filósofo de la educación
A. N. WHITEHEAD
(Ramsgate, Inglaterra,
1861 - Cambridge, Massachusetts, 1947). Filósofo y matemático inglés. Fue profesor en la University
College de Londres, en el Imperial College of Science and Technology de
Kensington y en el Trinity College de Cambridge. Desempeñó también importantes
cargos administrativos y pedagógicos, cuya experiencia recogió en la obra Los fines de la educación y
otros ensayos (1924).
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Alfred North Whitehead, educador y pedagogo
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Su mente lúcida, rica y
disciplinada por severos principios aunada con una actitud crítica, mostró
interés por grandes problemas humanos, como el de la educación. En su obra Los fines de la educación y otros ensayos,
reúne siete trabajos sobre aspectos teóricos y prácticos de la educación y tres
de materia científica especial.
En sus concepciones educativas manifiesta la idea fundamental de que los estudiantes son seres vivientes, de una activa plasticidad que debe ser estimulada y orientada en el curso de su autodesenvolvimiento. También los educadores lo son, y ambos conceptos convierten el pensamiento educativo del filósofo inglés en una enérgica reacción con las ideas muertas y la educación estática.
Atribuye grandes estragos a las ideas inertes en la evolución de la humanidad, y contra el estancamiento mental que provocan, el sistema de educación debe precaverse mediante la tenaz aplicación de dos principios: “No enseñar demasiadas materias” y “Lo que se enseña, enseñarlo a fondo”. Whitehead tiende hacia una educación vital que se proponga incorporar al espíritu en formación, pocas e importantes ideas, susceptibles de ser combinadas y aplicadas a las situaciones de la vida real.
Sostiene que nadie puede creerse dotado de un genio especial para la enseñanza si sólo posee conocimiento de alguna rama de la ciencia o de la literatura, cuando Whitehead expone ideas educativas, junto a un espíritu teórico deja traslucir una rica experiencia.
Para Whitehead el fin de la educación no es introducir en la mente cierta cantidad de conocimientos inertes, sino desenvolver y utilizar a la misma en cuanto ella “es actividad perpetua, delicada, receptora, que responde a estímulos”.
La reforma de los programas educativos debe mirar, más que al conocimiento en sí, a los atributos humanos que se propone despertar y desenvolver.
Whitehead afirma que se presenta un decaimiento de los ideales educativos, pues en las escuelas de la antigüedad los filósofos aspiraban a impartir sabiduría, en cambio en los modernos colegios nuestro propósito es más humilde: enseñar materias; un tránsito de lo vivo a lo inerte. Con palabras sencillas dice al respecto: “La educación debe despedir al alumno con algo que sabe bien y algo que puede hacer bien”, lo que equivale a asegurar la unidad entre la teoría y la práctica, el conocimiento y la aplicación.
En sus concepciones educativas manifiesta la idea fundamental de que los estudiantes son seres vivientes, de una activa plasticidad que debe ser estimulada y orientada en el curso de su autodesenvolvimiento. También los educadores lo son, y ambos conceptos convierten el pensamiento educativo del filósofo inglés en una enérgica reacción con las ideas muertas y la educación estática.
Atribuye grandes estragos a las ideas inertes en la evolución de la humanidad, y contra el estancamiento mental que provocan, el sistema de educación debe precaverse mediante la tenaz aplicación de dos principios: “No enseñar demasiadas materias” y “Lo que se enseña, enseñarlo a fondo”. Whitehead tiende hacia una educación vital que se proponga incorporar al espíritu en formación, pocas e importantes ideas, susceptibles de ser combinadas y aplicadas a las situaciones de la vida real.
Sostiene que nadie puede creerse dotado de un genio especial para la enseñanza si sólo posee conocimiento de alguna rama de la ciencia o de la literatura, cuando Whitehead expone ideas educativas, junto a un espíritu teórico deja traslucir una rica experiencia.
Para Whitehead el fin de la educación no es introducir en la mente cierta cantidad de conocimientos inertes, sino desenvolver y utilizar a la misma en cuanto ella “es actividad perpetua, delicada, receptora, que responde a estímulos”.
La reforma de los programas educativos debe mirar, más que al conocimiento en sí, a los atributos humanos que se propone despertar y desenvolver.
Whitehead afirma que se presenta un decaimiento de los ideales educativos, pues en las escuelas de la antigüedad los filósofos aspiraban a impartir sabiduría, en cambio en los modernos colegios nuestro propósito es más humilde: enseñar materias; un tránsito de lo vivo a lo inerte. Con palabras sencillas dice al respecto: “La educación debe despedir al alumno con algo que sabe bien y algo que puede hacer bien”, lo que equivale a asegurar la unidad entre la teoría y la práctica, el conocimiento y la aplicación.
(Véase artículo completo)
Los fines de la educación.
Educar para la sabiduría: propuesta de Alfred
North Withehead
Introducción
Consideramos que la tesis de
Alfred North Whitehead (1861-1947) sobre los fines de la educación (educar para
la sabiduría) es
pertinente y relevante en nuestros días. Sin embargo, regularmente
se piensa que si un artículo o investigación pueden ser interesantes deben
referirse a los grandes “estudiosos o corrientes en moda”, nos empeñamos en
suscribir ideas de filósofos de renombre o analizar temáticas desde las
perspectivas predominantes y es un infortunio acercarnos a las reflexiones
educativas sólo por los nombres o porque están en boga y no por los argumentos.
Esta es una de las razones por las que nos permitimos escribir el presente
artículo y, en cierta forma, compensar esa limitación en nuestro estudio.
El objetivo de este artículo es presentar las ideas
más destacadas del filósofo y científico inglés en su obra Los fines de la Educación (1929) precisando tres aspectos:
1. Los ideales educativos,
2. El proceso educativo y
3. La misión de la
universidad.
(Véase
artículo completo)
Igualmente es interesante el artículo
LOS FINES DE LA EDUCACIÓN. EDUCAR PARA
LA SABIDURÍA: PROPUESTA DE ALFRED NORTH WHITEHEAD
Flor Alejandrina
Hernández Carballido
florhernandez@psi.net.mx
Licenciada y Maestra
en Filosofia. UNAM
Profesora de la ENP (5) y de la
UAM Iztapalap
Russell y Whitehead, filósofos de la educación
Russell y Whitehead
Ambos
fueron grandes científicos, matemáticos y filósofos de la educación. Whitehead escribió,
junto a Bertrand Russell, el famosísimo Principia Mathematica,
uno de los libros de filosofía matemática más importantes de toda la historia. Pero
aquí nos interesa resaltar su Principia Educativa,
pues ambos son considerados filósofos de la Educación.
RUSSELL Y
WHITEHEAD: PRINCIPIA EDUCATIVA
Alejandro Herrera Ibáñez
Instituto de Investigaciones
Filosóficas
Universidad Nacional Autónoma
de México
Después
de la publicación de Principia Mathematica,
escrita entre 1910 y 1913, Whitehead y Russell se van por caminos divergentes.
Mientras el primero se embarca en un proyecto filosófico de carácter
especulativo -y, por consiguiente, poco popular en esa época en el mundo filosófico
anglosajón-, el segundo se erige como una de las mayores figuras de la filosofía
analítica contemporánea, aunque no pueda catalogarse estrictamente como
filósofo analítico. Es posible, sin embargo, encontrar algunos puntos de coincidencia
entre ambos en sus reflexiones sobre educación. Aproximadamente por los mismos
años -en 1926 y 1929- cada uno publica una serie de ensayos, en forma de libro,
que ofrecen estimulantes ideas poco conocidas entre pedagogos. Dichas ideas
-basadas más en intuiciones y experiencias propias que en trabajo experimental
o estadístico- giran en torno a la educación en general, desde la niñez hasta
la etapa universitaria. En cuanto a esta última, cada uno manifiesta su
concepción de la universidad y de la enseñanza universitaria y ofrecen
reflexiones que me parecen de gran actualidad.
Aquí me propongo reunir
algunas de las ideas fundamentales que pudieron servir de punto de partida para
lo que podría haber sido su segundo trabajo filosófico conjunto y añadiré
algunas reflexiones personales. Me concentraré, además, en su concepción de la educación
en general…
Russell
piensa que la educación es de dos tipos: educación del carácter y educación de
la inteligencia. Esta última se llama propiamente "instrucción" (p.
11). Tal división corresponde a la distinción -a mi parecer, más nítida- entre
educación y enseñanza. Mientras que esta última corresponde a la instrucción o
adiestramiento intelectual, la primera corresponde a la educación propiamente
dicha, que para Whitehead consiste en una formación de segundo nivel. En efecto,
para él, la educación consiste en "la adquisición del arte de la utilización
del conocimiento" (p. 16). En este sentido, se trata también de una enseñanza,
pero de un orden superior que presupone la adquisición de conocimientos
previos. Mientras que la enseñanza puede ser teórica o práctica, la educación
tiene siempre un carácter práctico, puesto que se trata de llegar a un saber cómo, más que a un saber que... De manera que podemos afirmar
que mientras para Russell la enseñanza proporciona instrucción, para Whitehead
la educación proporciona sabiduría (p. 41).
Esta
sabiduría se logra, para Russell, mediante la formación del carácter, y para formar
éste hay que inculcar en el educando, según él, cuatro características
universalmente deseables, que son: la vitalidad, el valor, la sensibilidad y la
inteligencia (pp. 43-44). Es por la vitalidad
que sentimos placer por la vida e interés por todas las cosas, especialmente
por el mundo exterior. Gracias a ella rompemos nuestro aislamiento saliendo de
nosotros mismos. Su base es fisiológica. En cuanto al valor, Russell piensa en el que nos lleva a controlar miedos
irracionales. Según él, el miedo ha sido causa de atraso y desgracias para la
humanidad, y piensa que es de gran importancia formar generaciones que carezcan
de él. La sensibilidad es también de
gran importancia, pues consiste en la capacidad de vernos afectados por cosas
buenas y -aunque Russell no lo dice- supongo que también por cosas malas.
Supongo también que la afectación producida tiene siempre algún efecto
positivo, es decir, constructivo, en nuestra conducta, si es que ha de ser una
característica acorde con la primera, es decir, con la vitalidad, que refleja
el optimismo russelliano. Esta sensibilidad puede ser estética o cognoscitiva,
y en este último caso consiste en la posesión del hábito de observación. Éste
se encuentra, naturalmente, muy conectado con la cuarta característica, la inteligencia. Para Russell, ésta
consiste en la aptitud para adquirir conocimientos y resultará fundamental en
el periodo de la formación universitaria. Para él, el cultivo de la inteligencia
encuentra su fundamento en la curiosidad, entendida ésta como un "genuino
afán de conocimiento". Cuando la curiosidad muere, la actividad de la
inteligencia cesa.
Si
bien el enfoque de Russell es más intelectualista, no es difícil ver que las
características enumeradas son compatibles con la concepción whiteheadiana de
la educación. Es por medio de la inteligencia, la sensibilidad, el valor y la
vitalidad que podremos hacer un mejor uso de nuestros conocimientos. El enfoque
de Whitehead, sin embargo, pone más énfasis en aspectos no estrictamente
intelectualistas. Para él, el arte de utilizar bien nuestros conocimientos se
traduce en la posesión de un sentido de los valores que nos lleva a la
comprensión del arte de la vida, es decir, "de una actividad variada que
expresa las potencialidades del individuo frente a su entorno" (p. 50).
Puede afirmarse con seguridad que, en cualquier caso, tanto Russell como
Whitehead ven en la educación algo más que la impartición de conocimientos.
Para Whitehead se trata de inculcar un arte de vivir y un sentido de valores.
Para Russell, de formar un carácter que en última instancia convergerá con las
metas del primero.
lunes, 19 de noviembre de 2012
MÚSICA, EDUCACIÓN Y VIDA
MÚSICA,
EDUCACIÓN Y VIDA
(Julio Ferreras)
Con este título
pretendo presentar, en este blog, estos tres conceptos: música, educación y
vida, insuficientemente considerados en los estamentos de la cultura
programática oficial. Las tres están estrechamente unidas entre sí y
constituyen tres aspectos fundamentales en el devenir de todo ser humano
individual y de la propia humanidad en su conjunto. Basta analizar los niveles
de estos tres conceptos, en cuanto a su conocimiento y desarrollo en una
sociedad determinada, para conocer el verdadero nivel de progreso y bienestar
social y humano de esa sociedad.
Es preciso reconocer
que las tres -música, educación y vida- sufren muchas incomprensiones y
conceptos erróneos, en nuestro mundo occidental. ¿Cuántos han recibido una
educación musical?, y lo que es aún más simple, ¿quién ha recibido una
verdadera educación? Y finalmente, ¿quién ha sido educado en el respeto y el amor
a la vida? Quitemos de la existencia humana estos tres hechos. ¿Con qué nos quedamos?
Con un ser humano sordo, insensible y ciego. ¿Qué puede ser de él? ¿Qué sentido
tiene la existencia humana sin el conocimiento y el disfrute de la belleza de
los sonidos, sin la educación que lleva al conocimiento y la realización de sí
mismo, y sin la conciencia del hecho más fascinante de la existencia, la vida?
Por eso están tan
ligadas las tres: música, educación y vida. En cuanto a la música y la
educación, recordemos que los filósofos pitagóricos
daban una gran importancia a la educación, cuyo objeto era conseguir la
moderación y el dominio de uno mismo, imitando el orden y la armonía del
universo, y la mejor forma de conseguirlo era a través de la música. Goethe
daba una gran importancia pedagógica a la música, al considerarla como la base
de la enseñanza. Y el pedagogo y filósofo R. Steiner, hablando
de la educación del niño en los siete primeros años, decía: “El niño privado en esta época del cultivo beneficioso del
sentido musical, se verá empobrecido para toda su vida ulterior”.
Respecto a la música y la vida, baste recordar
que la buena música sólo puede surgir cuando existe, en el compositor, una fe y
un entusiasmo por la vida. Algo así expresa el poeta y crítico musical, W. J. Turner,
en su libro “La música y la vida”. Nietzsche decía que sin música la vida sería un error, y Liszt afirmó: “La música es el
corazón de la vida. Por ella habla el amor; sin ella no hay bien posible y con
ella todo es hermoso”. Se puede decir que una vida sin música es como un jardín sin flores. Esa fe y ese
entusiasmo por la vida es lo que lleva al músico a su gran desarrollo mental y
espiritual, a superar los recursos puramente técnicos e intelectuales, a ser
sensible a los sonidos más que a las emociones. Por eso, Turner afirma que la
música es grande cuando expresa alguna idea profunda del universo, alguna
verdad inmortal o algún estado sobrenatural de la conciencia. Todo ello es
sinónimo de vida, de ahí que la mejor calificación que podemos hacer de una
obra musical o de un intérprete, es que está lleno de vida. El pianista nómada Marc Vella y su "Caravana amorosa" son, hoy, uno de los mejores ejemplos de lo que es la música y la vida.
En cuanto a la educación y la vida, decía el matemático y
filósofo inglés, A. N. Whitehead: “Sólo hay una materia de estudio en la
educación, y ésta es la vida en todas sus manifestaciones”. Por su parte, Krishnamurti,
como educador, tenía siempre presente la importancia de la educación y la vida,
de las que hablaba constantemente y a las que consideraba siempre unidas. Se
dice de la educación que es no sólo una preparación para la vida, sino la vida
misma. En efecto, la educación es el hecho principal de la vida humana, ya que
influye directamente en todos los aspectos de la vida diaria. Cada ser humano
es lo que la educación ha hecho de él. De ahí la importancia de que todo un
pueblo, un municipio, un barrio, una familia, se impliquen en la educación de
sus ciudadanos, debido a su incidencia directa en la vida de ese pueblo, ese
municipio o ese barrio. Y por eso, precisamente, el fracaso escolar es un
fracaso de todos: alumnos, padres, familia, municipio, etc.
Así pues, estos tres conceptos están totalmente aunados y se
complementan de tal forma que resulta siempre grato alternarlos. Por eso,
pretendo que la música acompañe, con frecuencia, las entradas de este blog. Me refiero, aquí siempre, a la música que armoniza nuestro ser, aquella que nos eleva sobre las miserias humanas, como dijo Beethoven, y aquella otra que, por muy simple que sea, aporta siempre algún valor humano.
Por ejemplo, esta hermosa melodía de Reynaldo Hahn, La Barcheta, con la bella voz del tenor Anthony Rolfe Johnson.
Por ejemplo, esta hermosa melodía de Reynaldo Hahn, La Barcheta, con la bella voz del tenor Anthony Rolfe Johnson.
jueves, 15 de noviembre de 2012
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